
Celebrada el 06 abr 2017
Coincidiendo con la muestra Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica y con el ochenta aniversario de la creación de Guernica, el Museo Reina Sofía presenta una velada en torno a Deep Song, de Martha Graham (1894-1991), interpretada en esta ocasión por Blakeley White-McGuire, bailarina principal de la Compañía Martha Graham.
Deep Song es una pieza coreográfica breve (4’48’’) inspirada en el conflicto bélico español y concebida el mismo año en el que Picasso pintó Guernica. La coreografía estará precedida por una presentación, e irá seguida de un diálogo con la bailarina, que ofrecerá una breve aproximación a la Técnica Graham.
Durante la introducción, a cargo de Isabel de Naverán, se proyectará material documental para contextualizar la creación de la pieza y ponerla en diálogo con otros coreógrafos, como Ted Shawn o José Limón en Estados Unidos, pero también Vicente Escudero o Antonia Mercé “La Argentina”, en España, cuyo baile se vio igualmente influido por el momento histórico que vivieron. Delfín Colomé, que estudió la influencia de la Guerra Civil Española en la creación de la Danza Moderna americana, sugiere que el título Deep Song pudo ser elegido por Graham en referencia a Federico García Lorca y su Poema del Cante Jondo, traducido al inglés como Poem of Deep Song.
La pieza se estrenó en el Guild Theatre de Nueva York el 19 de diciembre de 1937 con música de Henry Cowell, que experimentó percutiendo las cuerdas del piano para remitir al sonido de una guitarra. Cinco meses antes de su creación, Graham estrenó otra pieza también inspirada en el conflicto español del 1937. Graham bailó esta segunda coreografía --titulada Immediate Tragedy- junto a Deep Song en el Guild Theatre, pero no volvió a presentarla nunca más. Deep Song se convirtió en la pieza emblemática de Graham en torno a las consecuencias de la violencia bélica, que la coreógrafa abordó de dos maneras: por un lado, posicionándose frente al conflicto al crear una obra de referencia directa, y por otro, explorando un lenguaje corporal a base de contracciones y estiramientos que, amplificados por el efecto del vestido pesado y rayado, evocaban la angustia y el miedo ante un mundo arrasado por la inhumanidad del individuo.
Las formas de la danza (giros, gateos por el suelo, contracciones y caídas) se percibieron entonces como experiencias cinéticas propias de la vivencia humana en una situación de guerra, como si se tratara de una anatomía de la angustia en los momentos trágicos. La coreógrafa diseñó tanto el banco alargado, único elemento escenográfico, como el vestido, cuyos dibujos estuvieron directamente inspirados en el Guernica de Picasso.
De alguna manera, la tragedia que vivió España durante la Guerra Civil quedó así universalizada a través de la coreografía. En los programas de mano de la época se decía que, en su movimiento limpio y exaltado, Deep Song no retrataba solamente España, sino “la tragedia del mundo entero”. Graham bailó esta coreografía desde su estreno hasta mediados de los años cuarenta. En 1989, junto a Terese Capucilli, la reconstruyó a partir de los recuerdos de antiguas bailarinas de su compañía y a las fotografías tomadas por Barbara Morgan, ya que la coreografía original se había perdido. Desde entonces, Deep Song forma parte del repertorio de la Compañía Martha Graham.
Comisariado
Isabel de Naverán
En el marco de
La exposición "Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica"
Organiza
Museo Reina Sofía
Participantes
La bailarina y coreógrafa Martha Graham (Pittsburgh, 1894 – Nueva York, 1991) es considerada un muy alto exponente de la danza moderna americana. El desarrollo de una técnica austera y precisa, basada en la tensión y relajación, en la armonización del movimiento y en la respiración, caracterizó su manera entender y transmitir la danza a generaciones más jóvenes.
Graham se formó en la escuela Denishawn (fundada por Ruth St. Denis y Ted Shawn), y en 1926 creó su propia compañía y comenzó su carrera como artista. Esta carrera, que se desarrolló durante más de treinta años, dio lugar a más de ciento sesenta coreografías, algunas de las cuales forman actualmente parte del repertorio de la compañía. Entre ellas se pueden destacar Herectic (1929), Lamentation (1930), Frontier (1935), Letter to the World (1940), Dark Meadow (1946), Seraphic Dialogue (1955), Clytemnestra (1958) y Legend of Judith (1962).
Blakeley White-Mcguire forma parte de la Compañía Martha Graham desde el año 2002. Interpreta la mayor parte de los papeles del icónico repertorio de Graham, incluyendo Appalachian Spring, Cave of the Heart, Chronicle, Deep Song y Frontier, y ha recibido el reconocimiento internacional de la crítica por la profundidad y destreza en su trabajo. White-Mcguire ha bailado en los escenarios más importantes del mundo, como el Carnegie Hall y la Ópera Metropolitana de Nueva York, la Ópera de Pekín, el Teatro de Chatelet de París o el Heriodon de Atenas. Máster en Bellas Artes por la Goddard College, imparte habitualmente clases magistrales y participa en residencias en numerosas universidades, conservatorios y festivales de todo el mundo.
Isabel de Naverán es investigadora y asesora de danza para el Museo Reina Sofía.
Ficha técnica
Presentación: Isabel de Naverán
Coreografía y vestuario: Martha Graham
Música: Henry Cowell
Iluminación para la reposición: David Finley
Intérprete: Blakeley White-McGuire
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Cuando un día le preguntaron a Stanley Kubrick quién era Peter Sellers, este respondió: «No existe tal persona como Peter Sellers». El guateque es una de las comedias más reconocidas de la historia del cine. Su director Blake Edwards y el actor inglés realizaron una divertida crítica a una sociedad conservadora que desaparecía. Las revoluciones culturales de los años sesenta cabían en el contenedor de una piscina revuelta: gente de la alta sociedad, un elefante, un ballet ruso, los camareros, unos jóvenes beatniks..., de igual forma que la propia identidad de Sellers —un recipiente vacío que podías rellenar—. Edwards utilizó la innata improvisación del genial actor y la piscina como continente para hacer la revolución.

Lucrecia Martel. La ciénaga
Viernes 21 de agosto, 2026
Un par de familias pasa los días de verano en una casa de campo. La relación entre ellas deja ver una profunda crisis. El alcoholismo de Mecha (Graciela Borges) y Gregorio (Martín Adjemián) se hace evidente, afectando a la deriva en la educación de sus descendientes y su impacto en las relaciones de respeto y afecto. El hastío se denota en la propia dejadez del entorno.
Lucrecia Martel aborda en La ciénaga la decadencia de una familia de clase media argentina. La pileta con el agua estancada y sucia es el reflejo del colapso económico y social de todo un país. Pero no solo es el reflejo de la crisis económica, también se convierte en un pozo oscuro que se va alimentando por el propio dolor de quienes habitan la casa. Antiguo espacio de alegrías, la piscina se transforma en el reflejo de la propia depresión de los adultos, cuya consecuencia es la apatía. Y los hijos, pero sobre todo las hijas, parecen ser las únicas personas despiertas en esta deriva. Exceptuando algún conato de inconsciencia, la juventud se moja en el agua de la lluvia o el río, agua que fluye, pero se cuida de acercarse demasiado a la piscina.
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Sábado 22 de agosto, 2026
Un matrimonio con tres hijos adultos vive en una moderna casa de campo. Una gran piscina preside el lugar central de un amplio jardín. La propiedad está rodeada por una extensa valla que no permite ver lo que hay fuera. El padre ha educado a sus hijos sin contacto con el exterior, manteniéndolos en la creencia de un mundo falso: los aviones caen al jardín como si fueran juguetes y deben comportarse como perros para defenderse de la ferocidad de los gatos que rodean la casa. La promesa de salir al mundo cuando pierdan el diente canino es su prueba de madurez.
Lanthimos construye un mundo surrealista, cómico y atroz. La piscina es el elemento central de la casa, un espacio limitado y controlado que se asimila al propio mar, pero bajo la supervisión del padre. Es un espacio de imaginación, pero con objetivos funestos: los hijos son adoctrinados bajo las aguas en la creencia de un mundo mejor, ajeno a la realidad. Los límites de la piscina son los propios límites de su libertad, un falso estado de bienestar que se expresa en sus cuerpos ingrávidos dentro del agua. El líquido elemento es un magma analgésico donde poder educar a la prole bajo el miedo latente de la dentellada de un tiburón.
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Binka Zheliazkova, la gran enfant terrible del cine de Europa del Este, crítica con el sistema comunista y cineasta enormemente reconocida fuera de sus fronteras, llevó a cabo en La piscina una magistral metáfora de un país en decadencia. La piscina pública simboliza un coto cerrado e inmóvil donde la sociedad está estancada. Desde la altura de un trampolín visualiza, a modo de panóptico, a las distintas generaciones que viven bajo un espacio limitado. Por un lado, las personas mayores intentan conservar el antiguo espíritu revolucionario con constantes ejercicios natatorios colectivos, mientras que, por otro, las jóvenes no ocultan un deseo de libertad que no es satisfecho. Existe un choque ideológico en cómo actúan y se mueven en el recinto, dejando ver la enorme hipocresía de los ideales perdidos del socialismo, que se refleja en la apatía total de la juventud. Así, La piscina es para Zheliazkova un reflejo del desencanto y del vacío existencial de todo un país y de un sistema.
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Si hubiera una definición del luminoso estanque azul de este thriller sexual, ser ía el paraíso de Adán y Eva, representado por los instantes de felicidad de Romy Schneider y Alain Delon en esa piscina de la Costa Azul francesa. La aparición de esas dos hermosas criaturas besándose semidesnudas en el límite del agua es una de las imágenes más plenas del cine. Ese paraíso no podía ser quebrado de ninguna manera, ni siquiera por la muerte. Al igual que en el cruce del Tigris y el Éufrates, donde los dos primeros amantes de la humanidad se bañaban desnudos en el agua, inocentes ante el final que les acontecería, el reflejo de las aguas cristalinas de La piscina muestra ese juego, pero también los profundos traumas que bajo ese manto esconden las relaciones amorosas y los límites que solo el amor es capaz de romper para salvarlo.
En esta sesión se proyectan los dos finales de esta película: la versión original, abierta y simbólica, y la versión española, motivada por la censura del franquismo, con una nueva secuencia para estrenar en España con una visión tópica y reduccionista que reflejaba la condición sociológica del país.




