Conversaciones
Theaster Gates y Glenn Ligon, en diálogo con Thelma Golden

Theaster Gates. The Black Monks of Mississippi. Performance, 2014
Celebrada el 17 feb 2015
Esta actividad inaugura una nueva serie de diálogos y conferencias denominada conversaciones. Las conversaciones se complementan con los encuentros y seminarios pero, a diferencia de estos, no están planteadas en torno a las líneas de investigación específicas del Museo, sino que buscan abrir un espacio complementario. Con una periodicidad bimensual, las conversaciones participan y recogen ecos de un debate más amplio, sirviendo de presentación a proyectos museísticos próximos o recientes, exposiciones de investigación o a ideas clave en otros contextos.
El debate en torno a la diferencia racial y a las llamadas políticas de representación en el arte contemporáneo producido en Estados Unidos en años recientes protagoniza esta primera conversación. Desplazado por la crítica conservadora ante las nociones de calidad y asimilación, el análisis de la identidad racial y su relato ha retornado sin embargo con nuevos planteamientos. Así, exposiciones como Radical Presence. Black Performance in Contemporary Art (Grey Art Gallery y Studio Museum, Harlem, 2013-2014) y Double Consciousness: Black Conceptual Art since 1970 (Contemporary Art Museum, Houston, 2005) no solo han reclamado otras genealogías espaciales y temporales, sino que incluso han obligado a museos centrales a repensar los hitos de una modernidad que ya no pasaría exclusivamente de París a Nueva York, sino también de Accra a Chicago o de Lagos a Harlem, en la que las migration series de Jacob Lawrence se confrontarían irremediablemente con los viajes africanos de Matisse.
En esta conferencia, Thelma Golden, directora del Studio Museum de Harlem, analiza con los artistas Glenn Ligon y Theaster Gates cómo este retorno asume y transforma prácticas críticas anteriores, tales como el arte conceptual de la década de 1970 o el trabajo artístico en comunidad de principios de 1990. A través de pinturas textuales, instalaciones de neón o cine de exposición, el trabajo de Glenn Ligon habita el vocabulario del legado conceptual norteamericano para desquiciarlo con un lenguaje, sujeto y contexto invisibilizados. Theaster Gates, por otro lado, se inserta en la tradición comprometida de Chicago, aquella que va desde Leon Golub hasta Kerry James Marshall, para incorporar a la performance los rastros de la cultura material negra. La banda de blues que el artista incorpora a sus acciones, los Black Monks de Mississippi, interpreta en fragmentos orales y musicales una historia vernacular y colectiva de la experiencia negra. Ambos, Ligon y Golden responden a la pregunta de cómo pensar un arte consciente tanto de su diferencia como de su centralidad.
En colaboración con
Departamento de Estado de Estados Unidos (Art in Embassies) y Embajada de Estados Unidos
Participantes
Theaster Gates (Chicago, 1973) es artista, músico y activista cultural. Autor de una amplia obra que abarca instalación, escultura y performance. Es miembro fundador del proyecto Rebuild Foundation y profesor en la Universidad de Chicago, donde dirige la iniciativa Arts and Public Life. Ha expuesto, entre otros espacios, en el Studio Museum de Harlem, el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago o en la Fundación Serralves de Oporto.
Thelma Golden (Nueva York, 1966) es directora y conservadora-jefe del Studio Museum de Harlem desde el año 2000. Ha comisariado un destacado número de exposiciones, entre las que pueden citarse Black Male: Representations of Masculinity in Contemporary Art (Whitney Museum, 1994) o harlemworld: Metropolis as Metaphor (Studio Museum de Harlem, 2004). Además, ha impartido clases y conferencias en instituciones como el Royal College of Art de Londres o las universidades de Yale y Columbia.
Glenn Ligon (Nueva York, 1960) es uno de los artistas norteamericanos más reconocidos de su generación. Es autor de una obra heterogénea que comprende vídeo, pintura o instalación. Ha expuesto individualmente, entre otros espacios, en Power Plant de Toronto (2005), Camden Arts Centre de Londres (2014) y este mismo año lo hará en Tate Liverpool y Nottingham Contemporary (junio-octubre, 2015). Su trabajo ha sido además incluido en muestras colectivas como la Documenta XI de Kassel en 2002 y las bienales del Whitney en 1991 y 1993.


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Viernes 31 de julio, 2026
Benjamin Braddock (Dustin Hoffman) es un joven graduado perteneciente a una familia burguesa de California. Tras retornar a casa, conoce a la señora Robinson (Anne Bancroft), quien lo seducirá en continuos encuentros y le enseñará aquello que no está en los libros. La hija de la señora Robinson, Elaine (Katharine Ross), entrará en su vida para cambiar por completo sus sentimientos.
El excelente papel de Anne Bancroft nos muestra esa necesidad de sentirse viva en un mundo caduco, y las armas que el sexo posee frente al amor romántico. Ese aprendizaje es el que transita el joven Ben, y son los momentos en los que habita la piscina los que provocan su paso del aturdimiento a la lucidez. Pasa de ser un bufón con escafandra, perdido en el fondo de la pileta, a dejarse mecer por las aguas del placer o a ver el manto de la piscina manchado de hojarasca por la llegada del amor. La piscina es el lugar que permite el cambio de estado: el despertar a las fuerzas de la vida.

Sol Iglesias. Los nadadores
Sábado 1 de agosto, 2026
El fin del mundo, provocado por la crisis climática, ha llegado y un grupo de amigos deambula de piscina en piscina en medio del verano eterno de Buenos Aires. De pileta en pileta, atraviesan la ciudad en una deriva placentera y ociosa. En ese tránsito, encuentran a distintos supervivientes que buscan desesperadamente el agua hasta su propio final.
A modo de réplica de la película El nadador (1968) de Frank Perry y Sydney Pollack, Los nadadores de Sol Iglesias es, de igual forma, un camino hacia el crepúsculo. Las piscinas simbolizan, en este escenario quemado por el sol, una metáfora de refugio, pero invariablemente también de muerte dulce. El calor extremo es lo que la convierte en un final fresco y placentero. La piscina representa, además, el letargo de una juventud cansada de luchar contra lo que cree «inevitable». Al colarse los jóvenes en piletas de vecindarios privados, en lugar de mostrar espacios públicos, la piscina termina siendo un reducto de intimidad que es necesario asaltar: el falso paraíso de una sociedad que ha colapsado. El filme acerca conceptualmente al espectador a otra película argentina también presente en este ciclo, La ciénaga (2001) de Lucrecia Martel, donde los cuerpos buscan recodos de agua estancada.

Jack Hazan. A Bigger Splash
Viernes 7 de agosto, 2026
La pintura dota de permanencia y estabilidad a un instante fugaz e irrepetible. Esa es la visión del recientemente fallecido David Hockney cuando, pincelada tras pincelada, regresa a la piscina de A Bigger Splash: la gran zambullida en una piscina californiana que congela una sensación de felicidad. Quien se zambulle no es otro que Peter Schlesinger, pareja del pintor con el que este acaba de romper.
En A Bigger Splash, Jack Hazan retrata el mundo de un artista de éxito, la presión del mercado y de los marchantes, la tensión entre el ego y la fragilidad personal o la obligación para continuar con un estilo y una iconografía que, pese a su sello inconfundible, generan dudas para el propio pintor. En medio de un Londres gris y lluvioso, un Hockney melancólico y víctima del mal de amor sigue retornando a la piscina californiana como promesa de felicidad, a modo de una arcadia homosexual en la que el pintor convive con su joven pareja y un grupo de amigos igualmente lozanos y atractivos. La piscina, después de todo, como recuerda Jack Hazan en este pionero documental de artista, es un símil de la misma pintura en su función primigenia: asir lo fugaz para, pese a que ya no exista, dotarlo de permanencia para el que mira. Hockney, como uno de los últimos grandes pintores, sabe que su medio apenas ha cambiado en cientos de años de historia.

Seis piscinas. Un salto al cine experimental
Sábado 8 de agosto, 2026
Por primera vez, el cine de verano incluye un programa de cine experimental, en el que predomina la experiencia y la sensación de los cuerpos bajo el agua de la piscina. Esta sesión se desliza desde las fastuosas arquitecturas acuáticas de Barbara Hammer y Barbara Klutinis hasta las fantasías, los roces y los cuerpos húmedos y sexualizados de Jakobois. Seis piscinas completamente diferentes. Piscinas privadas, públicas, transparentes o insondables, interiores o exteriores, pero todas concebidas para el ocio, la competición y el deseo. Un recorrido que pasa de la monumentalidad de la arquitectura a la intimidad de los cuerpos mojados.
Pools, de Barbara Hammer y Barbara Klutinis, convierte las piscinas diseñadas por la arquitecta pionera Julia Morgan para el castillo del magnate William Randolph Hearst —quien inspirara Ciudadano Kane— en un espacio de juego, exploración corporal y apropiación queer, una excusa para zambullirse en un escenario reservado al privilegio. En An Algorithm, Bette Gordon fragmenta una serie de saltos de cabeza y transforma el gesto deportivo en una partitura visual de repeticiones, variaciones y ritmos. Por su parte, Water Work, de Tony Hill, seduce con la perspectiva, los reflejos y la profundidad; la piscina como ilusión óptica, como superficie inestable que distorsiona y multiplica la mirada. Cheap Imitation “They Walk and I Walk”, de Rickard Eklund, sumerge la cámara para capturar una coreografía de cuerpos sincronizados, una danza suspendida bajo el agua. Cuerpos desnudos que se esquivan, se retuercen y se abrazan en un espacio donde parece no haber gravedad se reúnen en All Under, de Gunilla Leander. Finalmente, Passage du désir, de Jakobois, cierra el programa con un montaje donde el agua deja de ser un entorno para pasar a convertirse en territorio del deseo.

Dominga Sotomayor. Debajo y Thais Fujinaga. A Felicidade das Coisas
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Dos joyas procedentes de las nuevas voces del cine latinoamericano que basculan entre familias, piscinas, reencuentros y estatus. En Debajo, cortometraje de juventud de la chilena Dominga Sotomayor, conviven el abstracto y contundente plano cenital de una piscina con las relaciones que esta concita en una familia en crisis, reunida para contemplar un eclipse. Este cine de cuidados y afectos tan propio de Sotomayor se halla cercano al naturalismo cotidiano de Thais Fujinaga en A Felicidade das Coisas. En este primer largometraje de la autora, la piscina no es una pileta horizontal para la inmersión de bañistas, sino un gran monolito vertical, a modo de antimonumento, anclado en el jardín de una familia de clase media. La película cuenta el empeño y los desafíos de una madre con dos hijos por construir una piscina en su humilde casa de veraneo, sola frente a un mundo hipermasculinizado. Al mismo tempo, este filme habla del amor familiar, pero también de la búsqueda de estatus, con la piscina como tótem de la languideciente clase media brasileña durante los años del bolsonarismo.
