Sala 18

Arte y realidad en las culturas fotográficas de los ochenta

La consecución de la semejanza, la imitación perfecta de lo real, fuedurante siglos la obsesión alrededor de la cual se desarrollaba cualquier práctica artística. La invención de su herramienta elemental, la perspectiva monofocal, satisfizo durante más de quinientos años las exigencias figurativas de la cultura occidental, de tal modo que parecía constituir un régimen de visualidad inmutable. El nacimiento de la fotografía, que coincide con la forma de captar la realidad del nervio óptico, vino a confirmar esa posibilidad, pero a lo largo de las últimas décadas se ha convertido, más que en el resultado de un proceso técnico de la imagen, en un objeto teórico: un artefacto comprometido que, una y otra vez, vuelve inestables los regímenes de representación, reordena el mundo y recompone subjetividades.  

Tras la brillante etapa humanista y social de la fotografía documental del grupo AFAL, a finales de los años setenta se produce una reacción congregada alrededor de la revista Nueva Lente. Las prácticas fotográficas se vuelven ejercicios de ficción, adoptando estéticas de las vanguardias como el collage o la poética surreal, recuperando técnicas del pictorialismo decimonónico o construyendo una fotografía teatralizada que tuvo la serie Peluquería de Ouka Leele como emblema. Otro tipo de mutaciones afectaron al documentalismo fotográfico, que desarrolló formas narrativas inéditas e incluso ensayos visuales para hacer frente a una realidad cada vez más llena de matices tras una dictadura en blanco y negro. La investigación antropológica de España oculta, de Cristina García Rodero, es un hito que recoge una antología de las costumbres españolas, de aquellas ancladas en un pasado inmóvil y de las que fraguaban la novedad en los setenta. 

2 obras

1 artista

Vista de la Sala 18 «Arte y realidad en las culturas fotográficas de los ochenta». Fotografía: Roberto Ruiz
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