Binka Zheliazkova. La piscina

Sesión 17. La piscina: nadar o hundirse. Cine de verano

Binka Zhelyazkova, Baseynat [La piscina], 1977, película

Binka Zhelyazkova, Baseynat [La piscina], 1977, película

La joven e inteligente Bella (Yanina Kasheva), tras un inesperado desengaño amoroso en su fiesta de graduación, conoce a Apostol (Kosta Tsonev), un arquitecto reservado, y a Boyan (Kliment Denchev), un actor cómico descreído con el país. Los tres personajes se encaraman en lo alto del trampolín de una piscina pública y entablan una extraña relación de amistad, amor y desesperanza que refleja el choque entre generaciones. 

Binka Zheliazkova, la gran enfant terrible del cine de Europa del Este, crítica con el sistema comunista y cineasta enormemente reconocida fuera de sus fronteras, llevó a cabo en La piscina una magistral metáfora de un país en decadencia. La piscina pública simboliza un coto cerrado e inmóvil donde la sociedad está estancada. Desde la altura de un trampolín visualiza, a modo de panóptico, a las distintas generaciones que viven bajo un espacio limitado. Por un lado, las personas mayores intentan conservar el antiguo espíritu revolucionario con constantes ejercicios natatorios colectivos, mientras que, por otro, las jóvenes no ocultan un deseo de libertad que no es satisfecho. Existe un choque ideológico en cómo actúan y se mueven en el recinto, dejando ver la enorme hipocresía de los ideales perdidos del socialismo, que se refleja en la apatía total de la juventud. Así, La piscina es para Zheliazkova un reflejo del desencanto y del vacío existencial de todo un país y de un sistema.

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Organiza

Museo Reina Sofía

Comisariado

Chema González, Dídac Humà y Alberto Moreno

Patrocina

Estrella Damm

Actividad accesible
Esta actividad cuenta con plazas para personas con movilidad reducida

Agenda

viernes 28 ago 2026 a las 22:00

Binka Zheliazkova. Baseynat [La piscina]

Bulgaria, 1977, AD, color, sonido, versión original en búlgaro con subtítulos en español, 148’

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Binka Zhelyazkova, Baseynat [La piscina], 1977, película
Binka Zhelyazkova, Baseynat [La piscina], 1977, película
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La piscina: nadar o hundirse

Cine de verano

El Museo Reina Sofía dedica este año su ciclo de cine estival al imaginario existencial y simbólico de la piscina. El cine de verano celebra el acto de ver películas en comunidad en el jardín neoclásico del Edificio Sabatini, un oasis verde recién restaurado y habitado por esculturas de Dan Graham, Eduardo Chillida, Alejandra Riera y Alexander Calder, al que se suma la gran pantalla de cine como otra obra contemporánea más.  Un ciclo de acceso gratuito que transcurre durante todos los viernes y sábados de julio y agosto. 

Con el título La piscina: nadar o hundirse, el programa persigue desarrollar la ambigüedad existencial que caracteriza a la piscina a lo largo de la historia del cine en sus manifestaciones más diversas. La piscina permite explorar ideas próximas a la identidad misma del verano: el ocio, el tiempo libre, el hedonismo, el disfrute sensorial, el calor extremo o la sensualidad de los cuerpos. Pero también se asocia con el reverso de estas emociones, como la melancolía, la fugacidad del paso del tiempo o la búsqueda de aquello inalcanzable, ya sea el estatus social o el deseo irrealizable, y sus funestas consecuencias; así, no es de extrañar que la piscina, arquitectura del placer y del goce, sea también escenario del crimen y de hechos delictivos. En efecto, la piscina, aquella conquista de la clase media que rompe la solidez del jardín, es mucho más que un refugio de hedonismo estival: es un umbral simbólico entre la razón y el deseo. Bajo su superficie no solo hay agua controlada y un afán acuático para el relax, hay toda una geografía de los propios deseos en su lado más irrefrenable.  

El agua, sometida y transparente, actúa como un escaparate social que refleja la inocencia de la infancia, pero también los deseos más perturbadores de la madurez. Es el escenario teatral de la mirada ajena y la búsqueda del otro; también es el espejo de un falso sosiego bajo la imagen propia idealizada. El acto de sumergirse altera estas reglas: el ruido se apaga y la gravedad se suspende. Con el hundimiento regresa la metáfora de la introspección, a un espacio donde la mente retumba, se libera de estructuras externas y permite habitar la propia identidad. Ahí, muy adentro, asoma el abismo y la intriga. La piscina: nadar o hundirse, una invitación a gozar, o no.

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