—Lo que vas a escuchar es un anacronismo.
—Anacronismo: error consistente en confundir épocas o situar algo fuera de su momento histórico.
—La primera emisión de radio en España tuvo lugar en 1924. Esta anacronía sonora sucede casi 30 años antes, a finales del siglo XIX. Por entonces, las grabaciones sonoras ya existían y sonaban más o menos así.
[Suena música de violín]
—Estimada audiencia, reciba el cálido pero hoy sombrío saludo de esta República Independiente de la Radio. Le hablan las voces de Javier Gallego…
—…y Violeta Muñoz.
—En estas amargas horas de la noche del 3 de mayo del año 1897. Desde estos micrófonos libertarios le damos la bienvenida a esta emisión extraordinaria en la que, si nadie lo impide, seremos testigos de una atroz injusticia.
—La ejecución de cinco anarquistas condenados por el atentado de la procesión del Corpus Christi en Barcelona, cuya culpabilidad, sin embargo, no ha sido debidamente probada.
—Pero antes de abordar esta trágica circunstancia, hemos de referir los antecedentes que la explican.
—A este fin no es posible soslayar la opresión ejercida por la clase propietaria sobre la clase obrera, a la que hace padecer mezquinas condiciones de trabajo.
—Jornadas que exceden doce horas a cambio de un salario mísero: dos peseta y media en el mejor de los casos.
—Menys hores, més drets!
—Y, sin embargo, el gobierno del reaccionario Antonio Cánovas del Castillo no solo se muestra indiferente a las quejas de su pueblo, sino que las reprime con crudeza, lo que ha empujado a algunos anarquistas a tomar el camino tortuoso de las armas.
[Sonido de explosión y voces gritando]
—Tal es el caso del intento de magnicidio perpetrado hace cuatro años por Paulino Pallás contra Martínez-Campos, capitán general de Cataluña, en venganza por la ejecución de los cuatro de Jerez, mártires de la lucha obrera, muertos por el infame garrote vil.
—En el apellido lleva inscrita su vileza.
—La tentativa de homicidio, que fue fallida no obstante, hirió a miembros de la comitiva y la concurrencia causándole muerte a un guardia civil. El autor fue ajusticiado como aquellos a los que vengó y en su fusilamiento prometió nueva venganza, antes de despedirse con vivas a la libertad.
[Se oye de fondo ¡Viva la anarquía! y disparos]
—Su promesa fue cumplida al punto por Salvador Santiago unas semanas más tarde, con el estallido de un artefacto en el Gran Teatro del Liceu de Barcelona, que cobrose la vida de veinte personas e hirió a otras cincuenta.
—Luego de ejecutar también a este anarquista, la autoridad desplegó la mayor operación represiva jamás conocida, en la que debemos enmarcar las masivas detenciones, torturas y condenas por el atentado del Corpus que hoy nos ocupa.
[Voces cantando]
—En aquella fatídica fecha del 7 de junio de 1896, doce personas fallecieron y treinta y cinco resultaron heridas de gravedad, entre jornaleros, obreros, mujeres y hasta niños. Un perfil de víctimas que hacen muy dudosa la presunta autoría anarquista.
—Más aún cuando ninguna de las autoridades se vio afectada por la detonación que tuvo lugar, hay que recordarlo, en la intersección de la calle Cambios Nuevos con la calle Arenas del Cambio.
—Antes bien pudieran haber sido las fuerzas del orden que convenientemente habrían dejado pasar a las clases dirigentes para después mandar un sanguinario mensaje en ese enclave de tan simbólico nombre a las fuerzas del cambio, a las que intentaría responsabilizar de la masacre.
—El cambio que a toda costa quiere impedir el Gobierno de la nación, el cual, siguiendo su habitual proceder, tiene suspendidas las garantías constitucionales, lo que ha dado pie a la detención arbitraria de más de medio millar de anarquistas, librepensadores, republicanos y hasta masones.
—No habiendo encontrado pruebas que la justifiquen, la Guardia Civil, comandada por el abyecto teniente Narciso Portas, ha recurrido a la tortura para forzar confesiones a partir de las cuales un tribunal militar imparcial ha dictado condenas de reclusión de diez a veinte años y la pena capital para cinco hombres.
—Tomás Ascheri, Lluís Mas, Joan Alsina, Josep Molas y Antoni Nogués, que serán ajusticiado esta noche en el castillo de Montjuic si las autoridades no atienden a las peticiones de clemencia que reposan sobre su mesa.
[Suenan violines]
—Bienvenido a Carne Cruda. Únase a nosotros para disfrutar del peligro, la emoción, la innovación.
—Hechas las consideraciones previas, estimada audiencia, nos complace anunciarle que obra en nuestro poder un escrito que podría cambiar el rumbo de los acontecimientos.
—Las indagaciones de esta redacción han dado su fruto y hemos podido incautarnos de un informe elaborado por la Capitanía General de Cataluña hace apenas unos meses que demostraría la naturaleza viciada del proceso.
—Expliquemos que contiene compañera.
—Órdenes a los efectivos policiales, entre las que figura la siguiente: «Se impuso como indispensable la detención de numerosos individuos que, si bien no ofrecían méritos suficientes para hacer recaer sobre ellos sospecha alguna de participación en el mismo, eran conocidos como de idea anarquista y encubiertamente propagandista de su doctrina».
—Estamos ante otra flagrante irregularidad en estos procesos de Montjuic acerca de los cuales queremos preguntar a dos insignes profesores, eminencias en el ámbito libertario, que están siguiendo al detalle estos eventos. La señora Dolors Marín, doctora en Geografía e Historia, es una de las voces más autorizadas en el estudio del pensamiento y acción anarquistas en Cataluña y el resto del Estado.
—Profesora, bona nit!
—¡Hola, buenas noches!
—¿Qué opinión le merecen estas revelaciones? ¿Muestran que el Estado trata de fabricar un caso contra la anarquía?
—Creemos que sí. O sea, porque no tenemos evidencias que nos muestren lo contrario. Están deteniendo a muchísimas personas, pero realmente no encontramos ninguna evidencia de que diga ha sido esta persona, ha sido esta otra persona, sino que vemos que están dando realmente muchos palos de ciego y motivando demasiadas detenciones para un hecho como este. O sea, que realmente no hay indicios claros de quién pueden ser los autores de este atentado.
—Llama poderosamente la atención que la bomba detone no al paso de las autoridades, sino cuando éstas están resguardadas en la iglesia de Santa María del Mar, haciendo daño al pueblo y provocando su lógica indignación. ¿Podría tratarse de un atentado de falsa bandera? ¿De una operación policial para inculpar y desacreditar al movimiento libertario? ¿Qué sabemos de la autoría?
—Seguramente que se trate de un atentado de falsa bandera, porque muchos anarquistas, lógicamente, no iban a atentar contra el propio pueblo del que forman parte y sí contra las autoridades, porque estamos en los grandes años de los magnicidios. Intentan sobre todo llamar la atención a partir de, digamos, atentar contra personalidades muy destacadas, ya sea de la clase patronal, de la Iglesia o del ejército, o la misma monarquía.
—Los procesos de Montjuic son los procesos de la vergüenza. Recordemos los datos de esta infamia.
—A consecuencia del atentado fueron practicadas 558 detenciones, en su mayoría profesores laicos de adscripción libertaria, de los que 305 fueron encerrados en Montjuic, donde era frecuente la tortura.
—Ochenta y siete fueron sometidos a proceso militar.
—Veinte condenados a penas de diez a veinte años.
—Sesenta y tres absueltos y, sin embargo, desterrados por el gobierno.
—Cinco están condenados a morir hoy.
—Este escandaloso recuento ha suscitado el interés de profesores como el señor Jorge Gaupp, estudioso del anarquismo allende los mares en la prestigiosa Universidad de Princeton en los Estados Unidos de América, pero que está en España siguiendo el caso. Profesor, bienvenido.
—Gracias.
—Díganos, a su juicio, ¿cuál es la importancia de estos procesos de Montjuic?
—Bueno, yo ahora mismo lo que veo es que esa represión que ustedes han comentado está causando mucha conmoción entre cualquiera que sepa algo. Esas personas se están moviendo mucho. Hay importantes intelectuales que están escribiendo cartas a autoridades pidiendo indultos y rebajas de condenas o que se revisen los procesos directamente. Y bueno, con la campaña que se está montando en Francia y en Inglaterra, dudo mucho que el Gobierno pueda seguir acallando la prensa disidente mucho más tiempo.
—No olvidemos que el Gobierno de Cánovas tiene suspendida la Constitución en Barcelona, valiéndose de la circunstancia de que el país está en guerra colonial contra Cuba. ¿De qué manera influye esta contienda no solo en la deriva autoritaria, sino en el descontento de las masas?
—Bueno, yo diría que la mayoría de las clases populares aquí viven ajenas a la guerra de Cuba salvo, claro, cuando sus familiares llegan muertos o heridos. Y eso sí que genera descontento, porque ustedes sabrán que en España los ricos pueden librarse de luchar. Pero la preocupación por ganar o no la guerra, por el honor de España, del Imperio… eso es algo que preocupa mucho más a los burgueses.
—Esas masas descontentas se concentran en estas intempestivas y tempestuosas horas a las puertas del Castell de Montjuic para reclamar que se detenga la barbarie.
[Se oye de fondo Fills de puta! Malparits!]
—Desde allí nos escucha la enviada especial de estas ondas libres: Irene Valiente. !Adelante, compañera!
[Se oye de fondo gritos de protesta]
—Situados al otro lado del puente y el foso que defienden esta fortaleza convertida en prisión y escenario del horror, se han congregado cientos de simpatizantes que no han cedido a las intimidaciones de la Guardia Montada que los acordona. Me encuentro con dos de ellos que prefieren preservar su anonimato por las posibles represalias. ¿Qué reclaman ustedes?
—Pedimos no solo la libertad de nuestros compañeros para que puedan asistir a un juicio justo. También que acabe esta caza al anarquista emprendida por este Gobierno criminal y sus inquisidores.
—¡Portas! ¡Portas! ¡Ese es el peor de todos! ¡Es un torturador, un Torquemada!
—¿De qué torturas habla?
—¡Barbaridades propias de salvajes! ¡Les dan de latigazos! ¡Les estrujan los testículos con cuerdas! ¡Les queman el miembro con cigarros! ¡Incluso les marcan las nalgas con hierros al fuego como si fueran reses!
—¡También fingen que los fusilan para matarlos de miedo! ¡Y les clavan objetos punzantes entre carne y uña!
—¡El Botxí de Montjuic! ¡El verdugo! Así le llaman al Portas, ¡el muy canalla!
—¡Me cuenta que durante días solo les da pan y bacalao seco sin nada de agua!
—¿Creen ustedes que hay una persecución contra el movimiento libertario y socialista?
—No lo decimos solo nosotros. El cónsul británico ha informado a Londres de que basta que un trabajador extranjero haya frecuentado determinadas tabernas, digamos anarquistas, para que sea arrestado e interrogado.
—Si hasta detuvieron a ese quiosquero de Gràcia, perque venia diaris mal vistos por la policía. Però com fara una bomba? ¡Si es ciego el pobre mío!
—¿Y justifican entonces los últimos atentados acaecidos en Barcelona como respuesta?
—Por supuesto que no. El ideal anarquista se funda en la razón, no en la violencia. Cuando se cometen otras atrocidades a nadie se le ocurre mirar el credo al que pertenece esa persona. ¡Es irresponsable acusar al anarquismo de actos abominables de los que no sabemos quién responde!
—Pues yo creo que lo irresponsables no responder con sus mismas armas. ¡Nos torturan y asesinan! ¡Y quieren que gastemos la cabeza! ¡Pues si quieren guerra, tendrán guerra! ¡Tendréis otro Paulino Pallás!
—¡Cuidado, señora!
[Se oye gritos de protesta]
—Compañeros, la atención aumenta. La Guardia Civil nos rodea.
[Se oye: De cada uno de nuestros caídos los vuestros serán de…]
—¡Señora! Compañeros, no sé si me escucháis…
[Los gritos aumentan]
—¡La Guardia Civil está…! ¡Pero oiga! ¿Qué hace? ¡Ah! ¡Que soy periodista! ¡Tenemos que…!
[Silencio]
—¿Irene? ¿¡Irene!? Compañeros, ¿podemos intentar…? Discúlpennos, estimados radioescuchas, pero me indican que de momento no es posible recuperar esa conexión, por lo que…
—Compañero Javier, creo que deberíamos volver con nuestros invitados para recobrar al menos la calma.
—Es difícil mantenerla con la tensión acumulada y la honda preocupación por la suerte que pueden haber corrido los manifestantes y nuestra compañera. Vuelvo con ustedes. Profesor Gaupp, la represión de la que acabamos de escuchar una terrible muestra, ¿busca disciplinar no solo anarquistas, también a cualquier elemento subversivo?
—Sí, bueno, es que resulta que ahora mismo Barcelona es un hervidero de grupos de librepensadores que están unidos al movimiento obrero, un movimiento obrero que no para de crecer y ambos están cuestionando los dogmas de la Iglesia en sus revistas, educan a sus hijos en las escuelas laicas, se casan por lo civil, reivindican derechos laborales, por supuesto… y esto preocupa mucho al clero y a los industriales que presionan constantemente al Estado para que persiga anarquistas y a laicos en general. Y claro, entonces los movimientos responden tratando de mejorar la difusión, la organización colectiva, las alianzas… Pero al mismo tiempo, algunos sujetos tratan de vengarse por su cuenta, intentando ajusticiar a los que ven como responsables de detenciones arbitrarias, las palizas y la censura.
—Profesora Marín, ¿a qué se debe que Barcelona se haya convertido en foco de los atentados anarquistas? ¿De dónde procede este profundo malestar de la masa obrera?
—Hoy en día Barcelona es ya la rosa de fuego. Se la conoce así en todo el mundo, porque hace más de treinta años que se está articulando un movimiento obrero imparable. Porque no solo se han organizado los obreros, sino que incluso las mujeres, las tejedoras de fábrica, las librepensadoras, las feministas… se han organizado en organizaciones específicas de mujeres que desde 1880 están saliendo a las calles pidiendo el fin de las guerras coloniales, que no haya embarques de soldados —ni a Cuba ni después a Marruecos— y, sobre todo, porque están defendiendo el derecho de sus hijos a poder estudiar. Porque es importantísima la autoeducación de las masas obreras y las clases trabajadoras.
—Señora Marín, ¿ha manifestado la prensa y la sociedad burguesas, si no la simpatía con los presos, al menos la antipatía hacia su ejecución?
—No mucho, la verdad. La prensa burguesa ha mostrado su simpatía para con las ejecuciones. La verdad es que los burgueses catalanes temen ir al Liceo porque saben que ahí pueden explotar bombas. Tienen sus lugares de encuentro de la clase privilegiada. Cada vez lo ven con más peligro y cada vez más explotan bombas en Barcelona en las Ramblas, en las escaleras, en los servicios públicos donde pueden acudir los hombres, los señores… O sea, que empiezan a aparecer bombas en muchos lugares de Barcelona. Y entonces, ellos lo que quieren es acabar con esta evidencia de las bombas, pero no con las causas que originan que hayan descontentos y descontentas, que estén colocando bombas, que estén editando sus propios periódicos prohibidos y que, sobre todo, estén intentando trastocar socialmente y económicamente a la sociedad a nivel político. Eso es lo que no consienten.
—Profesor Gaupp, ¿qué me dice de los artistas e intelectuales?
—Bueno, como sabe, la cuestión social es el tema de nuestro tiempo. Sabemos que ahora mismo hasta los escritores burgueses como Unamuno, Dicenta o Martínez Ruiz simpatizan a su manera con el anarquismo. De hecho, me comentan que incluso Blasco Ibáñez planea varias novelas con protagonistas libertarias.
—Es cierto, yo también lo he oído.
—Y que aparecen huelgas y motines en cuadros de pintores como Vicente Cutanda, Antonio Fillol, José Uría… Pero lo que más me fascinó al llegar aquí son los propios intelectuales obreros: Anselmo Lorenzo, Teresa Claramunt, José Prats… que trabajan de día y leen y escriben por la noche, o que son contratados por las sociedades obreras para leer en las fábricas mientras trabajan las cigarreras o los taponeros… El mayor interés lo despiertan los franceses: Zola, Mirbeau, Victor Hugo…
—¡Ah, bueno! ¡Y espere! ¡Los rusos! Tolstoi, Dostoievski, pero, sobre todo, Kropotkin.
—¡Bueno, bueno, bueno…!
—Es impresionante cómo circulan los libros de este intelectual. Sin duda tiradas de veinte mil, treinta mil ejemplares, que luego van de mano en mano. Piense usted que hasta ahora el anarquismo no contaba con un intelectual de la talla de Marx, pero Kropotkin tiene una formación exquisita, está debatiendo a cada rato en la revista The Nineteenth Century con los mejores intelectuales del momento y sabe mucho más que Marx sobre historia, etnología, geografía o ciencias naturales. Y también conoce mejor que él la vida práctica en los talleres y en los campos, no solo en Inglaterra, sino también en el resto de Europa y en Rusia. Esto, claro, es fascinante para el movimiento obrero español, que no para de traducirle.
—Sí, y por su parte otros artistas, los pintores, cronistas de este tiempo convulso, están recogiendo en sus obras la realidad de la lucha obrera y su represión.
—Así lo ha podido comprobar nuestra compañera, la reportera Ángela Sepúlveda, que ha visitado alguno de los salones de exposiciones donde cuelgan esta obras.
—Eso es, Violeta. Aquí estoy, compañeros, con doña Rosario. Doña Rosario, gracias por acompañarme en esta visita a este salón artístico.
—¡Gracias a ti por venir!
—Cuénteme, ¿cómo es la percepción de la burguesía ante este movimiento, ante estas revueltas?
—Bueno, pues como no puede ser de otra manera, la burguesía está muy preocupada, está muy preocupada por todo lo que está pasando en la calle. Y, sobre todo, pues estamos pensando mucho a ver cómo podemos ayudar al obrero a que tenga una vida mejor, asistiéndole ayudándole. Bueno, pues estamos intentando muchas cosas, como por ejemplo ayudar a que las casas sean un poquito más salubres, a que haya escuelas —religiosas, eso sí—, pero que haya escuelas a donde los hijos de los obreros puedan estudiar… Lo que sí que no vamos a hacer es pagar sueldos más altos, porque eso restaría nuestra competitividad, y tampoco vamos a quitar horas de trabajo porque hay que trabajar mucho, no hay que ser gandules.
—Doña Rosario, ya que estamos en este salón artístico, creo que deberíamos hablar de todo lo que estamos viendo aquí. Por ejemplo, veo este cuadro grande, muy grande, ¿qué está pasando aquí? ¿Me lo puede describir?
—Sí. Pues mira, este es un cuadro de un artista cordobés que se llama Julio Romero de Torres, que hace unas obras muy bonitas, siempre con gitanas y muy folclóricas que nos gustan a todos mucho. Pero este cuadro es un poco diferente. Se llama Conciencia tranquila y lo hizo el autor para un concurso para el pensionado de Roma, en el que se puso en un tema específico que era el tema del anarquismo. Y para que veas que realmente el mundo del arte está muy interesado en todo lo que está pasando en la calle. Y bueno, pues este cuadro habla de pues una revisión o un chequeo de la casa de un dirigente anarquista y como su familia ve con mucha pena como seguramente se irá detenido y va a dejar de traer dinero a casa. Por lo tanto yo creo que este cuadro de lo que habla es de los peligros de la militancia social, que a lo mejor habría que hacer estas cosas de otra manera.
—Veo a su lado también otro cuadro, un poco quizá más pequeño, y tiene además otra temática. ¿Me podría explicar que estamos viendo?
—Pues sí, este cuadro es mucho más pequeño. Se llama Garrote vil y es un cuadro de Ramón Casas, que es uno de los grandes pintores catalanes. Y bueno, pues aquí en este cuadro se puede ver la ejecución de un reo. Se ve perfectamente como es un espectáculo que atrae a mucha gente, a mucha gente de muchos estratos sociales, porque si puedes ver los sombreros que hay son muy diferentes, y estos sombreros hablan mucho de la clase social. Y luego, lo que a mí más me gusta de ese cuadro es esa visión elevada que da de la situación del momento histórico. Es un cuadro que intenta, desde un punto de vista histórico, hablar de una situación real y poner sobre la mesa los pros y los contras, y desde una manera digamos más moderna, muy relacionada con la fotografía y carente del sensibilismo que creo que caracteriza la obra anterior. Intenta hacer una pintura histórica un poco diferente a la que estamos viendo un poco más tempranamente en el siglo XIX, que es realmente un poco teatral y sensiblera. Y, además, con esos puntos de vista tan elevados, pues realmente está dando una visión desde arriba, que es una visión muy vanguardista. Mucha gente no entiende la pintura del señor Casas, sobre todo cuando cuando hace obras más de de cariz social.
—No sé si me puede dar una opinión de…
[Suena código morse]
—Disculpa Ángela, pero tenemos que interrumpir tu relato porque nos acaba de llegar un mensaje telegráfico.
—Por supuesto.
—¡Yo lo recojo! Podría ser la compañera Irene.
—Querida audiencia, tal vez sean noticias importantes. Estamos muy pendientes de lo que sucede en Montjuic, tanto dentro como fuera del muro. ¿Es nuestra compañera?
—Me temo que no.
—¿De qué se trata entonces?
—Noticias del exterior.
—Angela, lo lamento, pero la actualidad manda.
—Faltaría más.
—¿Qué noticias son esas?
—Bien. En París, cartas de presos han llegado a periódicos como Le Petit Journal, que comparan el caso con la Inquisición española. Y en Londres se están manifestando en Trafalgar Square, convocado por el Comité de Atrocidades Españolas, que, por cierto, se constituyó para denunciar las torturas a través de panfletos y asambleas.
—¡Bien! Quizá estas protestas internacionales surtan efecto, como ocurrió con anterioridad.
—Recordemos que los gobiernos de Alemania y Bélgica lograron la liberación de aquellos alemanes y belgas que habían sido encarcelados, pero finalmente no encausados.
—Es notorio el malestar del presidente Cánovas con esta reclamaciones que considera dañan su imagen y la de España.
—Razón no le falta. Sin embargo, es él y solo él quien se agravia y nos agravia con su indecencia y crueldad.
—¡Absolutamente! Le pregunto a usted, profesora ¿cree que la campaña internacional podría ayudar a estos cinco reos?
—Evidentemente. Uno de los detenidos en Barcelona, un ingeniero, Fernando Tarrida del Mármol, fue uno de los primeros detenidos por el proceso de Montjuic, porque era masón y anarquista y muy ilustrado. Y entonces él pudo librarse de la cárcel precisamente porque dos grandes artistas hablaron a favor de él. Cuando fue liberado Tarrida y establecido ya en Inglaterra, publicó un libro fundamental: Los inquisidores de España, que ha dado la vuelta a todo el mundo. Y a partir de todos estos testimonios se ha hecho una gran campaña a favor de los presos. Pero no solo esto, porque en Madrid el señor Lerroux, que ha acogido a otro de los detenidos a su vuelta de Inglaterra, que es el señor Joan Montseny —alias Federico Urales— y su compañera Teresa Mañé —alias Soledad Gustavo—, han empezado a divulgar en El País de Madrid todas las torturas de los presos de Montjuic. Y es tan importante todo esto que ahora el señor Montseny está planteándose hacer una gran revista anarquista que se llame La revista blanca, a imitación de La revista blanca francesa, que también ha difundido todo esto. Y todo esto está conmoviendo realmente la opinión pública librepensadora, liberal, incluso pequeño-burguesa, de todo el mundo. Hasta Rusia en se hace un poco eco de lo que está pasando en Montjuic.
—Esperanzadoras noticias que ojalá tengan eco en la atroz autoridad que nos gobierna.
—Profesor Gaupp, usted que está siguiendo el caso a través de testimonios de primera mano, ¿podría relatarnos en qué condiciones están los presos ahora mismo?
—Bueno, sobre los presos torturados, ustedes ya saben lo que ha pasado, lo han estado contando. Pero algo que se conoce menos es que a muchos los encerraron en otras cárceles de Barcelona. Y ahí, según me cuenta por carta el abogado Pere Corominas, que está encerrado con ellos allí, se reúnen cada día para leer a Shakespeare, a Tolstoi, a Ibsen… ¡Fíjese usted qué ironía! Que con las garantías suspendidas nadie se puede reunir fuera de las cárceles, pero ahí dentro no hacen más que asambleas, que leer, que conspirar e incluso publicar en el exterior. ¡Incluso han montado un coro! Después de esto, estoy seguro de que los líderes y las líderes —¡Ojo, porque también las hay!— del movimiento anarquista librepensador estarán más unidos, mejor formados y contarán con nuevas alianzas.
—Y aunque nos acercamos cada vez más a la hora fijada para la ejecución, tampoco perdemos la esperanza de…
[Suena el timbre de un teléfono]
—Discúlpenme otra vez, pero como escuchan, está sonando el teléfono en este estudio. Podría ser…
—¿Sí? ¿Ajá? ¡Estábamos preocupados! Entiendo, entiendo…
—Compañera, ¿quién es?
—¡Disculpa! ¡Es Irene!
—¿Se encuentra bien?
—Ha conseguido entrar en Montjuic con los familiares de los reos que iban a despedirlos.
—Pero eso quiere decir que…
—No lo sé, quizá todavía…
—Acerca el auricular al micrófono, por favor, para que pueda oírla la audiencia. Irene, ¿me escuchas?
—Te escucho, te escucho.
—¡Cuéntanos! ¿Qué ha pasado?
—Han entrado tres mujeres a acompañar a Molas, Nogués y Alsina en su última hora. También un sacerdote, un jesuita, pero se han negado a recibirle.
—¡Eso les honra! ¿Y el resto?
—Tomás Ascheri y Lluís Mas se han visto obligados a tratar con él para las nupcias.
—¿Qué nupcias?
—Las que han tenido que contraer con sus parejas, Francesca Saperas y la hija de esta, Salud Borràs, también presas, para que ellas recuperen la custodia de sus hijas cuando salgan de aquí.
—¡Canallas! ¡Solo querían hacerles pasar por el aro de la Iglesia para humillarles antes de darles el tiro de gracia!
—¡Es otra forma de torturarles!
—No olvidéis tampoco que aquí se suicidó hace tres años, incapaz de soportar más tormentos, el anterior compañero de Francisca y padre de Salud, Martí Borràs, acusado por el atentado contra Martínez-Campos, que confesó Paulino Pallás, y que…
—¿Compañera?
—Se los están llevando, se los están llevando…
—¿A dónde?
—No lo sé. Al patio, creo.
—Tengo que dejaros.
—¡Claro, claro! ¡Llámanos en cuanto puedas!
—Ahora sí que solo un milagro —y no soy creyente— puede salvarlos. Profesor Gaupp, profesora Marín, queremos agradecerles desde aquí que nos hayan acompañado en esta noche, que se antoja aciaga, aunque no perdemos la esperanza de que se produzca un vuelco en la decisión fatal.
—Muchas gracias. Ha sido un placer.
—Gracias y solidaridad con los presos.
—¡Eso es! Solidaridad con los presos, de los que seguimos sin tener noticia a esta hora incierta que supera por unos minutos la fijada para el fatal desenlace.
—Quizá eso quiera decir que…
[Suena el timbre de un teléfono]
—¿Y bien?
—Se ha cometido el crimen. Han muerto.
[Música de clarinete]
—Irene, cuéntanos. ¿Cómo ha sido? ¿cómo iban?
—Yo no he podido ver sus rostros, pero he hablado con Claramunt a la puerta de su celda, que sí se los ha cruzado.
—¿Qué te ha contado?
—Un momento, le he tomado nota. Me ha dicho: «Han salido los reos de la capilla y al pasar frente al cuerpo de guardia, que es cuando yo he podido verles, he notado que Ascheri iba como un autómata. Nogués, sin embargo, muy alentado. Molas también valiente, aunque vacilaba algo. Y Alsina pálido y bastante tembloroso. Lluís Mas se mostraba tranquilo, pero al acercársele el jesuita con el Cristo reveló asustarse y se puso nervioso hasta llegar al sitio designado para el fusilamiento. Pocos minutos después ha sonado una terrible descarga que me ha hecho llevar las manos a la cabeza porque creía que también en mi cráneo había penetrado el plomo asesino. Algunos tiros más han rematado a las inocentes víctimas del odio jesuítico burgués. El aire nos transmitió el eco de las montañas que repetían un muera la Inquisición y un viva el ideal por el que aquellos hombres se habían sacrificado valientemente.
[Se oye de fondo ¡Viva la anarquía! y disparos]
—Tres meses después del asesinato de los cinco hombres, un anarquista italiano, Michele Angiolillo, se presentó en el balneario guipuzcoano de Santa Águeda. Allí encontró al presidente Cánovas del Castillo y le quitó la vida de un disparo. A los pies del cadáver y sin inmutarse por los gritos de su mujer, Angiolillo sentenció: «Yo he cumplido con mi deber y estoy tranquilo. He vengado a mis hermanos de Montjuic».