Sala 7

Pandemia y lenguaje

La pandemia del sida irrumpe a mediados de los años ochenta, con una incidencia global máxima a mediados de los noventa. Su devastación coincidió con un enfriamiento de las prácticas artísticas de raíz expresionista y, aunque mucho arte tradicional abordaría el tema, fue el conceptualismo crítico el que produjo las estéticas del sida, particularmente destacadas en su machacona constatación de una falta indeterminada. Las filosofías del lenguaje que dieron lugar al arte conceptual, desde la lingüística estructural de Saussure hasta el pensamiento alegórico de Craig Owens, otorgaron centralidad a la relación fantasmal entre representación y realidad. Cualquier ejercicio de lenguaje se entendía como la constatación de una falta: decir una cosa no significa manifestarla, sino precisamente señalar su ausencia. 

El lenguaje polisémico al tiempo que opaco del arte contemporáneo y lo elusivo de la huida, tanto de la representación realista como de la comunicación directa, lo hacen especialmente dotado para ocupar el espacio emocional en el que se sitúa la producción cultural en medio de una crisis humanitaria. Esa condición postrimera de un lenguaje que se pone en crisis a sí mismo dio lugar a un tono emocional singular, donde el proceso de interpretación pasa por una intimidad sin precedentes en las décadas anteriores. Esa intimidad y esos afectos no están en las obras; como en un objeto psicoanalítico, deben ser investidos por cada espectador, situado en el territorio moral del compromiso.

7 obras

3 artistas

Vista de la Sala 7 «Pandemia y lenguaje». Luis Fernando Zapata, Objeto Ritual, 1989/ Sarcófago Nº. 4, 1992-1994. Fotografía: Roberto Ruiz
Vista de la Sala 7 «Pandemia y lenguaje». A la izquierda: Félix Centurión, Medusas, 1994. Depósito indefinido de la Fundación Museo Reina Sofía, 2020 (Donación de Patricia Phelps de Cisneros en honor a Gustavo Bruzzone). A la derecha: Yeguas del Apocalipsis, Las dos Fridas, 1989 / 2015. Depósito indefinido de la Fundación Museo Reina Sofía, 2015 (adquirido con fondos donados por Juan Carlos Verme). Fotografía: Roberto Ruiz
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