-
Viernes 15 de marzo, 2019 – 19:00 h
Sesión 1
Con la presentación de Albert Serra
Shuji Terayama
Emperor Tomato Ketchup
Japón, 1971, b&n, VOSE, 35mm transferido a digital, 27’Koji Wakamatsu
El embrión es un cazador furtivo
Japón, 1966, b&n, VOSE, 35mm transferido a digital, 73’
-
Miércoles 20 de marzo, 2019 – 17:00 h
Sesión 2
Hans-Jürgen Syberberg
Las confesiones de Winifred Wagner
Alemania, 1977, b&n, VOSE, 35mm transferido a digital, 302’
-
Viernes 29 de marzo, 2019 – 19:00 h
Sesión 3
Carolee Schneemann
Meat Joy
Estados Unidos, 1964, color, VO, 16mm transferido a digital, 5’Paul Morrissey
Flesh
Estados Unidos, 1968, color, VOSE, 16mm transferido a digital, 89’
-
Viernes 5 de abril, 2019 – 19:00 h
Sesión 4
João Pedro Rodrigues
Morir como un hombre
Portugal y Francia, 2009, color, VOSE, 35mm, 134’
-
Viernes 12 de abril, 2019 – 19:00 h
Sesión 5
Ulrich Seidl
Models
Austria, 1999, color, VOSE, vídeo, 118’

Celebrada el 15, 20, 29 mar, 05, 12 abr 2019
Yo también. Deseo y delito es una invitación del Museo Reina Sofía a Albert Serra para comisariar, por primera vez en su trayectoria, un ciclo de proyecciones que discurre en paralelo a su nueva instalación fílmica, Personalien, producida para el programa Fisuras del Museo. Serra es una de las voces más originales en la reinvención del cine contemporáneo, ganador del Leopardo de Oro (Locarno, 2013), del Premio Jean Vigo (2016) o del Grand Prix del FID de Marsella (2018), entre otras distinciones.
Se proyectan, en cinco sesiones, películas que aluden a los referentes cinematográficos del autor y desarrollan un tema clave en sus últimos filmes e instalaciones audiovisuales: el de la pugna entre el deseo y la moral, entre la emancipación y la ética, entre el impulso y el deber o entre un mundo de libertinaje y otro de límites morales. Serra ha abordado esta controversia en un cine de historia que trasciende el género para constituirse en alegoría y emblema del presente, en imágenes de la contemporaneidad. Así ocurre con el tránsito de la Ilustración al Romanticismo en el encuentro entre Casanova y Drácula de Historia de mi muerte (2013), en el lento y espurio deceso del poder total de La muerte de Luis XIV (2016) y Roi soleil (2018) y, por último, en Personalien (2019), donde la utopía sexual en el crepúsculo del Antiguo Régimen, a fines del siglo XVIII, se contrapone al deseo contemporáneo, articulado como una cuestión de derechos.
Albert Serra ha seleccionado para el ciclo distintas manifestaciones del deseo en variados y oscuros episodios de la historia del cine, desde el underground japonés o la Factory de Warhol y su séquito a fines de 1968 hasta el cine posdramático y performativo de autores contemporáneos como João Pedro Rodrigues y Ulrich Seidl. Este viaje, construido como “un cruising entre imágenes y pulsiones”, en palabras del cineasta, aborda el deseo entendido como un poder totalitario, una liberación psicológica a través de los usos del cuerpo, una emancipación social durante la contracultura y una dictadura de la apariencia más fetichista y perversa.
El título hace referencia al movimiento Me Too y a la involucración moral de la mirada del espectador. El subtítulo, por su parte, alude a un manifiesto clave de la modernidad, Ornamento y delito (1908), en el que Adolf Loos identifica funcionalismo o estructura con virtud, mientras que la decoración, la carne de la arquitectura, es el elemento voluptuoso y por tanto, superfluo y criminal. Además, al elegir películas que buscan la transgresión, Serra rinde homenaje al libro de Amos Vogel que ha prologado en su reedición francesa (Capricci, 2016), Film as Subversive Art (1974), ensayo de culto sobre el cine de vanguardia.
Comisariado
Albert Serra
Organiza
Museo Reina Sofía
Más actividades

Dominga Sotomayor. Debajo y Thais Fujinaga. A Felicidade das Coisas
Viernes 14 de agosto, 2026
Dos joyas procedentes de las nuevas voces del cine latinoamericano que basculan entre familias, piscinas, reencuentros y estatus. En Debajo, cortometraje de juventud de la chilena Dominga Sotomayor, conviven el abstracto y contundente plano cenital de una piscina con las relaciones que esta concita en una familia en crisis, reunida para contemplar un eclipse. Este cine de cuidados y afectos tan propio de Sotomayor se halla cercano al naturalismo cotidiano de Thais Fujinaga en A Felicidade das Coisas. En este primer largometraje de la autora, la piscina no es una pileta horizontal para la inmersión de bañistas, sino un gran monolito vertical, a modo de antimonumento, anclado en el jardín de una familia de clase media. La película cuenta el empeño y los desafíos de una madre con dos hijos por construir una piscina en su humilde casa de veraneo, sola frente a un mundo hipermasculinizado. Al mismo tempo, este filme habla del amor familiar, pero también de la búsqueda de estatus, con la piscina como tótem de la languideciente clase media brasileña durante los años del bolsonarismo.
![Blake Edwards, The Party [El guateque], 1968, película](https://recursos.museoreinasofia.es/styles/small_landscape/public/Actividades/ciclocine-piscinas-14.jpg.webp)
Blake Edwards. El guateque
Sábado 15 de agosto, 2026
En El guateque el actor extra hindú Hrundi V. Bakshi (Peter Sellers) es invitado por error a una lujosa fiesta en Hollywood. Su curiosidad y torpeza desencadenan constantes y divertidos desastres. Durante la velada consuela a Michèle, una joven actriz que ha sido despedida por su productor. El caos se intensifica cuando Bakshi abre accidentalmente el suelo móvil, haciendo que los invitados caigan a la piscina. Un pequeño elefante pintado a la moda hippie irrumpe en la fiesta traído por un grupo de jóvenes, al que Bakshi pide que laven por ser un animal sagrado en su país. La casa se inunda de pompas de jabón, culminando la velada en un hilarante caos.
Cuando un día le preguntaron a Stanley Kubrick quién era Peter Sellers, este respondió: «No existe tal persona como Peter Sellers». El guateque es una de las comedias más reconocidas de la historia del cine. Su director Blake Edwards y el actor inglés realizaron una divertida crítica a una sociedad conservadora que desaparecía. Las revoluciones culturales de los años sesenta cabían en el contenedor de una piscina revuelta: gente de la alta sociedad, un elefante, un ballet ruso, los camareros, unos jóvenes beatniks..., de igual forma que la propia identidad de Sellers —un recipiente vacío que podías rellenar—. Edwards utilizó la innata improvisación del genial actor y la piscina como continente para hacer la revolución.

Lucrecia Martel. La ciénaga
Viernes 21 de agosto, 2026
Un par de familias pasa los días de verano en una casa de campo. La relación entre ellas deja ver una profunda crisis. El alcoholismo de Mecha (Graciela Borges) y Gregorio (Martín Adjemián) se hace evidente, afectando a la deriva en la educación de sus descendientes y su impacto en las relaciones de respeto y afecto. El hastío se denota en la propia dejadez del entorno.
Lucrecia Martel aborda en La ciénaga la decadencia de una familia de clase media argentina. La pileta con el agua estancada y sucia es el reflejo del colapso económico y social de todo un país. Pero no solo es el reflejo de la crisis económica, también se convierte en un pozo oscuro que se va alimentando por el propio dolor de quienes habitan la casa. Antiguo espacio de alegrías, la piscina se transforma en el reflejo de la propia depresión de los adultos, cuya consecuencia es la apatía. Y los hijos, pero sobre todo las hijas, parecen ser las únicas personas despiertas en esta deriva. Exceptuando algún conato de inconsciencia, la juventud se moja en el agua de la lluvia o el río, agua que fluye, pero se cuida de acercarse demasiado a la piscina.
![Yorgos Lanthimos, Kynodontas [Canino], 2009, película](https://recursos.museoreinasofia.es/styles/small_landscape/public/Actividades/ciclocine-piscinas-16_00.jpg.webp)
Yorgos Lanthimos. Canino
Sábado 22 de agosto, 2026
Un matrimonio con tres hijos adultos vive en una moderna casa de campo. Una gran piscina preside el lugar central de un amplio jardín. La propiedad está rodeada por una extensa valla que no permite ver lo que hay fuera. El padre ha educado a sus hijos sin contacto con el exterior, manteniéndolos en la creencia de un mundo falso: los aviones caen al jardín como si fueran juguetes y deben comportarse como perros para defenderse de la ferocidad de los gatos que rodean la casa. La promesa de salir al mundo cuando pierdan el diente canino es su prueba de madurez.
Lanthimos construye un mundo surrealista, cómico y atroz. La piscina es el elemento central de la casa, un espacio limitado y controlado que se asimila al propio mar, pero bajo la supervisión del padre. Es un espacio de imaginación, pero con objetivos funestos: los hijos son adoctrinados bajo las aguas en la creencia de un mundo mejor, ajeno a la realidad. Los límites de la piscina son los propios límites de su libertad, un falso estado de bienestar que se expresa en sus cuerpos ingrávidos dentro del agua. El líquido elemento es un magma analgésico donde poder educar a la prole bajo el miedo latente de la dentellada de un tiburón.
![Binka Zhelyazkova, Baseynat [La piscina], 1977, película](https://recursos.museoreinasofia.es/styles/small_landscape/public/Actividades/ciclocine-piscinas-17_00.png.webp)
Binka Zheliazkova. La piscina
Viernes 28 de agosto, 2026
La joven e inteligente Bella (Yanina Kasheva), tras un inesperado desengaño amoroso en su fiesta de graduación, conoce a Apostol (Kosta Tsonev), un arquitecto reservado, y a Boyan (Kliment Denchev), un actor cómico descreído con el país. Los tres personajes se encaraman en lo alto del trampolín de una piscina pública y entablan una extraña relación de amistad, amor y desesperanza que refleja el choque entre generaciones.
Binka Zheliazkova, la gran enfant terrible del cine de Europa del Este, crítica con el sistema comunista y cineasta enormemente reconocida fuera de sus fronteras, llevó a cabo en La piscina una magistral metáfora de un país en decadencia. La piscina pública simboliza un coto cerrado e inmóvil donde la sociedad está estancada. Desde la altura de un trampolín visualiza, a modo de panóptico, a las distintas generaciones que viven bajo un espacio limitado. Por un lado, las personas mayores intentan conservar el antiguo espíritu revolucionario con constantes ejercicios natatorios colectivos, mientras que, por otro, las jóvenes no ocultan un deseo de libertad que no es satisfecho. Existe un choque ideológico en cómo actúan y se mueven en el recinto, dejando ver la enorme hipocresía de los ideales perdidos del socialismo, que se refleja en la apatía total de la juventud. Así, La piscina es para Zheliazkova un reflejo del desencanto y del vacío existencial de todo un país y de un sistema.
