
Celebrada el 24 may 2019
La artista y música japonesa Tomoko Sauvage presenta Hidromancia, un concierto en el que una serie de instrumentos fabricados por ella, el espacio oscuro de la Sala de Bóvedas del Museo y el uso del agua como material sonoro ofrecen una experiencia inmersiva en un sentido casi literal. No en vano, su último disco Musique Hydromantique, publicado por Shelter Press en 2017, está concebido para ser escuchado de noche o al amanecer, aprovechando los cambios en la percepción auditiva que se dan en estos momentos, cuando la celeridad mecánica de las personas cambia de intensidad y la actividad de otros animales se altera debido a las variaciones de temperatura.
Sauvage reconoce que el nombre de sus piezas es un proceso adicional que no necesariamente guarda relación con su experimentación sonora. Musique Hydromantique es, pues, un sencillo juego de palabras que mezcla varias referencias. Para dar con este título, primero se fijó en el nombre del segundo tema del álbum, fortune biscuit [galleta de la suerte], producto que se popularizó en los restaurantes chinos de la ciudad de Los Ángeles en Estados Unidos; de ahí pasó a la costumbre japonesa conocida como omikuji o rifa según la cual se escoge un papel a ciegas que dicta la fortuna, como también ocurre en los templos sintoístas. Por último, es clara la alusión a la hidromancia, el método de adivinación por agua en el que las burbujas, el color y las ondulaciones de este elemento se convierten en oráculo.
Para dar forma a este concierto, la artista ha desarrollado un instrumento al que llama waterbowl, literalmente cuenco con agua. Está compuesto de una serie de recipientes de porcelana china o cristal amplificados con hidrófonos, es decir micrófonos subacuáticos, que captan el movimiento y el goteo producidos durante el concierto. Este waterbowl es en parte una reinterpretación del Jalatharangam o Jal tarang, instrumento de percusión usado tradicionalmente en el sur de la India, formado por una serie de cuencos llenos de agua con distintas medidas, cuyos bordes se golpean con palos de madera. Sauvage lo conoció en un concierto del músico indio Aanayampatti Ganesan al que llegó guiada por sus intereses en la improvisación indú así como en las piezas de los compositores estadounidenses Terry Riley y Alice Coltrane.
A este referente se suma su fascinación creciente y declarada por el underwater feedback, término que describe el proceso según el cual las vibraciones del agua son captadas por hidrófonos y transmitidas al exterior y en tiempo real a través de unos altavoces. El sonido que sale por estos últimos produce, a su vez, vibraciones en el aire del entorno, que reverbera de manera particular según la acústica del espacio y hace vibrar también la superficie del agua. Esta energía vibratoria, al entrar de nuevo en contacto con el agua y los hidrófonos, retroalimenta el bucle ocupando el aire circundante. La audiencia queda así sumergida en estas vibraciones de agua y aire en una suerte de efecto de “retroalimentación subacuática”.
Con el apoyo técnico de
Laboratorio de Informática y Electrónica Musical-LIEM, Centro de Tecnología del Espectáculo-CTE, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música-INAEM
Comisariado
José Luis Espejo
Enlaces relacionados
Organiza
Museo Reina Sofía
Accesibilidad:
Edificio Sabatini, Sala de Bóvedas: espacio sin accesibilidad física adaptada
Participantes
Tomoko Sauvage, música y artista japonesa residente en Francia, investiga las capacidades escultóricas del sonido y la improvisación en relación con el medioambiente. Su trabajo en solitario sobre el agua se ha desarrollado en Amniotic Life (2009) y Musique Hydromantique (2017).
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El excelente papel de Anne Bancroft nos muestra esa necesidad de sentirse viva en un mundo caduco, y las armas que el sexo posee frente al amor romántico. Ese aprendizaje es el que transita el joven Ben, y son los momentos en los que habita la piscina los que provocan su paso del aturdimiento a la lucidez. Pasa de ser un bufón con escafandra, perdido en el fondo de la pileta, a dejarse mecer por las aguas del placer o a ver el manto de la piscina manchado de hojarasca por la llegada del amor. La piscina es el lugar que permite el cambio de estado: el despertar a las fuerzas de la vida.

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A modo de réplica de la película El nadador (1968) de Frank Perry y Sydney Pollack, Los nadadores de Sol Iglesias es, de igual forma, un camino hacia el crepúsculo. Las piscinas simbolizan, en este escenario quemado por el sol, una metáfora de refugio, pero invariablemente también de muerte dulce. El calor extremo es lo que la convierte en un final fresco y placentero. La piscina representa, además, el letargo de una juventud cansada de luchar contra lo que cree «inevitable». Al colarse los jóvenes en piletas de vecindarios privados, en lugar de mostrar espacios públicos, la piscina termina siendo un reducto de intimidad que es necesario asaltar: el falso paraíso de una sociedad que ha colapsado. El filme acerca conceptualmente al espectador a otra película argentina también presente en este ciclo, La ciénaga (2001) de Lucrecia Martel, donde los cuerpos buscan recodos de agua estancada.

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La pintura dota de permanencia y estabilidad a un instante fugaz e irrepetible. Esa es la visión del recientemente fallecido David Hockney cuando, pincelada tras pincelada, regresa a la piscina de A Bigger Splash: la gran zambullida en una piscina californiana que congela una sensación de felicidad. Quien se zambulle no es otro que Peter Schlesinger, pareja del pintor con el que este acaba de romper.
En A Bigger Splash, Jack Hazan retrata el mundo de un artista de éxito, la presión del mercado y de los marchantes, la tensión entre el ego y la fragilidad personal o la obligación para continuar con un estilo y una iconografía que, pese a su sello inconfundible, generan dudas para el propio pintor. En medio de un Londres gris y lluvioso, un Hockney melancólico y víctima del mal de amor sigue retornando a la piscina californiana como promesa de felicidad, a modo de una arcadia homosexual en la que el pintor convive con su joven pareja y un grupo de amigos igualmente lozanos y atractivos. La piscina, después de todo, como recuerda Jack Hazan en este pionero documental de artista, es un símil de la misma pintura en su función primigenia: asir lo fugaz para, pese a que ya no exista, dotarlo de permanencia para el que mira. Hockney, como uno de los últimos grandes pintores, sabe que su medio apenas ha cambiado en cientos de años de historia.

Seis piscinas. Un salto al cine experimental
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Por primera vez, el cine de verano incluye un programa de cine experimental, en el que predomina la experiencia y la sensación de los cuerpos bajo el agua de la piscina. Esta sesión se desliza desde las fastuosas arquitecturas acuáticas de Barbara Hammer y Barbara Klutinis hasta las fantasías, los roces y los cuerpos húmedos y sexualizados de Jakobois. Seis piscinas completamente diferentes. Piscinas privadas, públicas, transparentes o insondables, interiores o exteriores, pero todas concebidas para el ocio, la competición y el deseo. Un recorrido que pasa de la monumentalidad de la arquitectura a la intimidad de los cuerpos mojados.
Pools, de Barbara Hammer y Barbara Klutinis, convierte las piscinas diseñadas por la arquitecta pionera Julia Morgan para el castillo del magnate William Randolph Hearst —quien inspirara Ciudadano Kane— en un espacio de juego, exploración corporal y apropiación queer, una excusa para zambullirse en un escenario reservado al privilegio. En An Algorithm, Bette Gordon fragmenta una serie de saltos de cabeza y transforma el gesto deportivo en una partitura visual de repeticiones, variaciones y ritmos. Por su parte, Water Work, de Tony Hill, seduce con la perspectiva, los reflejos y la profundidad; la piscina como ilusión óptica, como superficie inestable que distorsiona y multiplica la mirada. Cheap Imitation “They Walk and I Walk”, de Rickard Eklund, sumerge la cámara para capturar una coreografía de cuerpos sincronizados, una danza suspendida bajo el agua. Cuerpos desnudos que se esquivan, se retuercen y se abrazan en un espacio donde parece no haber gravedad se reúnen en All Under, de Gunilla Leander. Finalmente, Passage du désir, de Jakobois, cierra el programa con un montaje donde el agua deja de ser un entorno para pasar a convertirse en territorio del deseo.

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