
Celebrada el 07 mar 2019
Sarah Davachi presenta en el Museo Reina Sofía un concierto para sintetizador que incluye aproximaciones de su nuevo trabajo, Gave in Rest, una invitación al descanso. Grabado en el verano de 2017 en Vancouver, se centra fundamentalmente en la exploración del timbre y el espacio.
La cualidad del timbre permite distinguir un sonido por la fuente que lo emite: un piano, un coche o una gota de agua. Su enorme variedad puede ser profusamente investigada en los sonidos que crean los sintetizadores analógicos o digitales. Sin embargo, Davachi desarrolla su música indistintamente con instrumentos analógicos como el sintetizador modular, con programas digitales para la grabación y edición, y también con instrumentos acústicos como el órgano. De hecho, cuando comenzó a interesarse por la música, trabajó con varios instrumentos de teclado a la vez, y en su último disco ha utilizado un laúd, un Mellotron, órganos, piano, sintetizador y voz, además de intérpretes de contrabajo y violín.
Su fascinación por la exploración tímbrica la ha llevado a interesarse por grandes compositores de la tradición norteamericana y europea que han indagado en las cualidades espaciales del sonido, como Alvin Curran, La Monte Young, Èliane Radigue o Alvin Lucier. Además, ha colaborado con Donald Buchla, Morton Subotnick, Aki Onda, Oren Ambarchi o Ellen Arkbro, entre otros.
A raíz de estas colaboraciones, es de suponer que su estudio del timbre es de un carácter abstracto, interesado por la manera en que la vibración resuena con, o más bien en, quien escucha. Este concentrarse en los aspectos aparentemente fenomenológicos del sonido recuerda a la capacidad introspectiva, casi intrínseca y necesaria, de la escucha contemplativa. Su disco Gave in Rest propone compartir una meditación solitaria, una manera de percibir el espacio en su dimensión histórica. No por casualidad, Davachi concibió su obra en momentos en los que se refugiaba en iglesias europeas para escuchar órganos y campanas; si bien es cierto que, en el contexto actual, es difícil asociar el timbre de estos dos instrumentos monumentales con la calma y el descanso. Las campanas y los órganos, en su viaje hasta el norte del continente americano, hace más de 350 años, protagonizaron una lucha contra los demoníacos ruidos del bosque. Hoy, sin embargo, tanto han cambiado los lugares que rodean los santuarios a ambos lados del océano, que bosques y templos, como dos destinos poco asequibles, son codiciados por su aislamiento, por su cercanía a la naturaleza y a lo espiritual.
El concierto de Sarah Davachi se propone como una solicitud de asilo, una estrategia para combatir el desasosiego de la soledad que impone el ritmo de producción, sobreexposición y sobreinformación que, poco a poco, se va se va adueñando de la sociedad actual.
Comisariado
José Luis Espejo
Con el apoyo técnico de
Laboratorio de Informática y Electrónica Musical-LIEM, Centro de Tecnología del Espectáculo-CTE, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música-INAEM
Documentos relacionados
Jordan Reyes, “On Gave in Rest, Sarah Davachi Explores Cathedral Music Through An Atheistic Lens”, en Bandcamp Daily, 14 de septiembre de 2018
Stewart Smith, “Sarah Davachi: The Canadian synthesist needs a little space”, en The Wire, núm. 408, febrero de 2018
Cris Cole, entrevista a Sarah Davachi, en Personal Best Fanzine for Noise, Music and Arctic Cod, núm. 7, agosto de 2017
David Hendy, "Colonist", Noise, BBC, 2015 (sobre campanas y órganos en Norteamérica)
Organiza
Museo Reina Sofía
Más actividades
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Jueves 20 de agosto, 2026
En El guateque el actor extra hindú Hrundi V. Bakshi (Peter Sellers) es invitado por error a una lujosa fiesta en Hollywood. Su curiosidad y torpeza desencadenan constantes y divertidos desastres. Durante la velada consuela a Michèle, una joven actriz que ha sido despedida por su productor. El caos se intensifica cuando Bakshi abre accidentalmente el suelo móvil, haciendo que los invitados caigan a la piscina. Un pequeño elefante pintado a la moda hippie irrumpe en la fiesta traído por un grupo de jóvenes, al que Bakshi pide que laven por ser un animal sagrado en su país. La casa se inunda de pompas de jabón, culminando la velada en un hilarante caos.
Cuando un día le preguntaron a Stanley Kubrick quién era Peter Sellers, este respondió: «No existe tal persona como Peter Sellers». El guateque es una de las comedias más reconocidas de la historia del cine. Su director Blake Edwards y el actor inglés realizaron una divertida crítica a una sociedad conservadora que desaparecía. Las revoluciones culturales de los años sesenta cabían en el contenedor de una piscina revuelta: gente de la alta sociedad, un elefante, un ballet ruso, los camareros, unos jóvenes beatniks..., de igual forma que la propia identidad de Sellers —un recipiente vacío que podías rellenar—. Edwards utilizó la innata improvisación del genial actor y la piscina como continente para hacer la revolución.

Lucrecia Martel. La ciénaga
Viernes 21 de agosto, 2026
Un par de familias pasa los días de verano en una casa de campo. La relación entre ellas deja ver una profunda crisis. El alcoholismo de Mecha (Graciela Borges) y Gregorio (Martín Adjemián) se hace evidente, afectando a la deriva en la educación de sus descendientes y su impacto en las relaciones de respeto y afecto. El hastío se denota en la propia dejadez del entorno.
Lucrecia Martel aborda en La ciénaga la decadencia de una familia de clase media argentina. La pileta con el agua estancada y sucia es el reflejo del colapso económico y social de todo un país. Pero no solo es el reflejo de la crisis económica, también se convierte en un pozo oscuro que se va alimentando por el propio dolor de quienes habitan la casa. Antiguo espacio de alegrías, la piscina se transforma en el reflejo de la propia depresión de los adultos, cuya consecuencia es la apatía. Y los hijos, pero sobre todo las hijas, parecen ser las únicas personas despiertas en esta deriva. Exceptuando algún conato de inconsciencia, la juventud se moja en el agua de la lluvia o el río, agua que fluye, pero se cuida de acercarse demasiado a la piscina.
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Sábado 22 de agosto, 2026
Un matrimonio con tres hijos adultos vive en una moderna casa de campo. Una gran piscina preside el lugar central de un amplio jardín. La propiedad está rodeada por una extensa valla que no permite ver lo que hay fuera. El padre ha educado a sus hijos sin contacto con el exterior, manteniéndolos en la creencia de un mundo falso: los aviones caen al jardín como si fueran juguetes y deben comportarse como perros para defenderse de la ferocidad de los gatos que rodean la casa. La promesa de salir al mundo cuando pierdan el diente canino es su prueba de madurez.
Lanthimos construye un mundo surrealista, cómico y atroz. La piscina es el elemento central de la casa, un espacio limitado y controlado que se asimila al propio mar, pero bajo la supervisión del padre. Es un espacio de imaginación, pero con objetivos funestos: los hijos son adoctrinados bajo las aguas en la creencia de un mundo mejor, ajeno a la realidad. Los límites de la piscina son los propios límites de su libertad, un falso estado de bienestar que se expresa en sus cuerpos ingrávidos dentro del agua. El líquido elemento es un magma analgésico donde poder educar a la prole bajo el miedo latente de la dentellada de un tiburón.
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Viernes 28 de agosto, 2026
La joven e inteligente Bella (Yanina Kasheva), tras un inesperado desengaño amoroso en su fiesta de graduación, conoce a Apostol (Kosta Tsonev), un arquitecto reservado, y a Boyan (Kliment Denchev), un actor cómico descreído con el país. Los tres personajes se encaraman en lo alto del trampolín de una piscina pública y entablan una extraña relación de amistad, amor y desesperanza que refleja el choque entre generaciones.
Binka Zheliazkova, la gran enfant terrible del cine de Europa del Este, crítica con el sistema comunista y cineasta enormemente reconocida fuera de sus fronteras, llevó a cabo en La piscina una magistral metáfora de un país en decadencia. La piscina pública simboliza un coto cerrado e inmóvil donde la sociedad está estancada. Desde la altura de un trampolín visualiza, a modo de panóptico, a las distintas generaciones que viven bajo un espacio limitado. Por un lado, las personas mayores intentan conservar el antiguo espíritu revolucionario con constantes ejercicios natatorios colectivos, mientras que, por otro, las jóvenes no ocultan un deseo de libertad que no es satisfecho. Existe un choque ideológico en cómo actúan y se mueven en el recinto, dejando ver la enorme hipocresía de los ideales perdidos del socialismo, que se refleja en la apatía total de la juventud. Así, La piscina es para Zheliazkova un reflejo del desencanto y del vacío existencial de todo un país y de un sistema.
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Sábado 29 de agosto, 2026
Los personajes interpretados por Alain Delon (Jean-Paul) y Romy Schneider (Marianne) viven su amor en un aparente esplendor. Una casa bañada por el sol, una exultante piscina, cuerpos bellos, una sexualidad rebosante. La visita de Harry (Maurice Ronet), músico de éxito, amigo de Jean-Paul y antiguo amante de Marianne, acompañado por su joven y hermosa hija Penélope (Jane Birkin), hace tambalear la relación, sacando a la luz los celos e inseguridades de cada uno en un oscuro juego de posesión y rivalidad masculina.
Si hubiera una definición del luminoso estanque azul de este thriller sexual, ser ía el paraíso de Adán y Eva, representado por los instantes de felicidad de Romy Schneider y Alain Delon en esa piscina de la Costa Azul francesa. La aparición de esas dos hermosas criaturas besándose semidesnudas en el límite del agua es una de las imágenes más plenas del cine. Ese paraíso no podía ser quebrado de ninguna manera, ni siquiera por la muerte. Al igual que en el cruce del Tigris y el Éufrates, donde los dos primeros amantes de la humanidad se bañaban desnudos en el agua, inocentes ante el final que les acontecería, el reflejo de las aguas cristalinas de La piscina muestra ese juego, pero también los profundos traumas que bajo ese manto esconden las relaciones amorosas y los límites que solo el amor es capaz de romper para salvarlo.
En esta sesión se proyectan los dos finales de esta película: la versión original, abierta y simbólica, y la versión española, motivada por la censura del franquismo, con una nueva secuencia para estrenar en España con una visión tópica y reduccionista que reflejaba la condición sociológica del país.
