
Fernando Sánchez Castillo, Ciudad sin héroes: Bolívar, 2001. Taller del artista
Fotografía: Fátima Sanz
Fernando Sánchez Castillo (Madrid, 1970) sostiene que «el arte es una fuerza que hace temblar las narraciones del Estado». A partir de esta idea, interviene en las formas en las que el poder se representa, desmonta sus símbolos y revela la fragilidad de los relatos que lo sostienen. Principalmente a través de la escultura, aleja esta iconografía de su solemnidad, para mostrar su carácter construido, precario y profundamente cuestionado. Al analizar monumentos, imágenes, gestos y leyendas, pone de manifiesto que la historia no es una narración estable, sino un campo en conflicto permanente que también afecta al presente. Su obra, y su instalación en esta exposición, actúan como un dispositivo crítico que interviene en los imaginarios desde los que el poder construye su autoridad, invitando al público a cuestionar las razones de su orden y sus contradicciones.
El artista trabaja con los restos de la historia, a partir de la modificación de materiales, escalas y usos que subvierten la relación con ellos y activan nuevas capas de significado. Una escultura monumental se convierte en columpio; unos robots pasan a ser herramientas de abstracción; dos vehículos antidisturbios interpretan una danza pas de deux. Al alterar sus funciones originales, estas piezas cuestionan formas de normalidad asumidas y revelan hasta qué punto muchas expresiones de autoridad, obediencia y representación se presentan como naturales. Al mismo tiempo, dialogan con momentos clave de la historia del arte, desde el Barroco hasta las vanguardias, el minimalismo y el arte conceptual.
La exposición La Perla Peregrina toma su título de la célebre joya cuya historia condensa una estrecha relación entre singularidad, valor y autoridad. La Perla Peregrina fue hallada en Panamá en el siglo XVI. Algunas leyendas cuentan que el esclavo que la encuentra, compra con ella la libertad de su pareja y muere a causa del esfuerzo realizado. Su gran tamaño y su forma irregular, rara y excepcional, dan origen a su nombre. Poco después, llega a la corte de Felipe II y, desde entonces, permanece ligada a los círculos del poder, casi como un símbolo de la autoridad dinástica. Velázquez y su taller la representan en el sombrero de Felipe III y en la cintura de Isabel de Borbón, a veces junto al Estanque, un diamante de excepcional belleza. Tras casi tres siglos custodiada en la corte de Madrid, José Bonaparte la saca de España, iniciando un periplo tan convulso como la propia historia contemporánea. Pasa de mano en mano y se pierde su rastro hasta que, en 1969, Richard Burton adquiere en una subasta una perla considerada la Peregrina para regalársela a Elizabeth Taylor. Después de una nueva subasta en 2011, vuelve a desaparecer.
Las perlas nacen de una intrusión. Un cuerpo extraño, a menudo minúsculo, penetra en el interior de un molusco y altera su equilibrio. Como respuesta, el organismo lo recubre con sucesivas capas de nácar que transforman una agresión inicial en una forma única. Toda perla es, así, el resultado de una negociación entre daño y forma, entre violencia y belleza. La historia opera de un modo similar. Toda violencia fundacional genera capas de relatos, imágenes y ceremonias que permiten avanzar sin mirar directamente la herida. El arte, al igual que el trabajo de Sánchez Castillo y como las propias perlas, no elimina el trauma ni lo disuelve en la tradición, sino que lo aísla, lo transforma y lo devuelve bajo una forma inesperada y singular.
Artistas
Comisariado
Ferran Barenblit
Organiza
Museo Reina Sofía