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Yves Klein

23 mayo - 29 agosto, 1995
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Edificio Sabatini, Planta 1

Durante su corta carrera artística -iniciada como tal en 1955- Yves Klein (Niza, Francia 1928 - Paris, 1962) se entrega por completo a una práctica artística de marcado carácter experimental, abundando en la poesía de lo ilimitado y con un evidente trasfondo espiritual. Sus propuestas suponen un desafío constante a las nociones de valor en arte y una radical revisión del papel del artista y del espectador. Para Sidra Stisch, comisiaria de la exposición, el trabajo de Klein “no sólo avanzó el diálogo del arte desarrollando alternativas innovadoras, sino que pone de relieve sus vínculos con los debates filosóficos, los avances tecnológicos y las circunstancias culturales y socio-económicas de mediados del siglo XX, la época posterior a la Segunda Guerra Mundial”.

“Por el color. Contra la línea y el dibujo” constituye una de las principales divisas de Klein, que formula en 1956. Este artista erige una la teoría artística que se articula en torno a dos principios: el color absoluto, en especial el azul ultramar saturado, que patenta en mayo de 1960 con el nombre de Internacional Klein Bleu (IKB); y el vacío, que limita creando lo que él llama “zonas de sensibilidad pictórica inmaterial”. Además, se dejan traslucir en la teoría artística de Klein: su faceta de experto yudoca del método Kodokan, su conocimiento y práctica del pensamiento de la Orden Rosacruz y su rechazo a los formalismos académicos y contemporáneos (desde los expresionistas abstractos, hasta ciertas actitudes de los artistas del grupo Realités Nouvelles cuando apuestan por el ocasionalismo de la mirada).

La exposición, de carácter antológico, plantea un recorrido por la biografía artística de Klein. Las propuestas, acciones y proyectos que vertebran su trabajo (los monocromos, las esponjas, el silencio de una sola nota titulado Sinfonía monótona, las pinturas de fuego, el vacío en su relación con el espacio, el antropomorfismo y las cosmogonías) evidencian su firme voluntad de explorar conceptos creativos de diversas maneras, sin limitarse al campo de la pintura. También muestran de qué manera sus gestos poéticos (apelación constante a la sensibilidad) viran hacia una acción que tiene resultados de orden cosmológico. Así, por una parte desaparece la mano del artista pues éste queda convertido en maestro de ceremonias (Antropometrías). Para ello realiza los monocromos de color con rodillo, para eliminar la huella del pincel y su huella personal. Otra de las consecuencias es la desaparición del objeto de las percepciones. Un ejemplo de ello es Estado de materia prima de sensibilidad pictórica estabilizada. Zona de sensibilidad (El vacío) (1958), donde no hay propiamente obra, sino una estancia a la exploración de su ausencia; un cambio de lo visible por lo invisible porque, como expresa el crítico de arte Javier Arnaldo, “es la experiencia absoluta de la percepción la que abre a esa vida sensible por encima de toda dimensión”. Así, Klein señala que la meta tanto de la pintura monocolor, como del vacío, es la identificación de la sensibilidad con el cosmos; a lo que se añade la asunción de la sensibilidad como materia prima de la pintura.

Datos de la exposición

Organización: 
Museum Ludwig, Cologne y Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düsseldorf
Comisariado: 
Sidra Stich
Itinerancia: 

Museum Ludwig, Colonia y Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düssedorf (8 noviembre, 1994 - 8 enero, 1995); Hayward Gallery, Londres (9 febrero - 23 abril, 1995)

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