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Wifredo Lam

29 septiembre - 14 diciembre, 1992
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Edificio Sabatini, Planta 1

Romper con los tópicos sobre los que se ha fundamentado la trayectoria del pintor Wifredo Lam (Sagua la Grande, Cuba, 1902-París, 1982) es uno de los propósitos de esta exposición. La reducción de la biografía artística de este pintor a su origen cubano, a su estancia en España, a la influencia directa de la obra de Picasso y a su amistad con el grupo surrealista en París y en Estados Unidos; han dejado fuera elementos relevantes que sirven para ofrecer una lectura de Lam más completa. Así pues, esta exposición pretende insertarlo en un debate, constante a lo largo de la primera mitad del siglo XX, en el que lo moderno se confronta con lo primitivo.

En palabras del crítico de arte Gerardo Mosquera esta muestra, compuesta de más de setenta obras, debe llevar a cabo una lectura del trabajo de Lam “en el contexto de las luchas anticolonialistas y de la emancipación de los pueblos del Tercer mundo”. Así, se quiere “romper los dualismos y reconocer las hibridaciones, complejidades e <<inautenticidades>> propias de la dinámica poscolonial”, añade.

La definitiva personalidad artística de Lam se pone de manifiesto en su regreso a La Habana hacia 1940-1941, al estallar en sus telas la conjunción de su formación en Madrid. Fue en España donde coincide con la vanguardia independiente (Exposición de Artistas Ibéricos, 1925) y al igual que Benjamín Palencia, se inicia en un incipiente surrealismo, ejemplificado Composición (1931); y de su estancia parisina, son entonces los ejes fundamentales de su trabajo el encuentro con Pablo Picasso y su vinculación con el grupo de André Breton. Entonces el tema de la maternidad se convierte en asunto dominante de sus pinturas, en las que desarrolla un lenguaje esquemático, como muestran Madre e Hija, (1939c) o El beso (1939). A partir de 1942, el valor de la pintura de Lam, según Mosquera, radica en haber dado “un giro cualitativo y fundamentar su arte en aquellos componentes de origen africano vivos en la cultura cubana”, convirtiendo su pintura en una especie de cosmogonía primitivo-moderna, una recreación del mundo centrada en el Caribe (La jungla, 1942-1944)

Mientras que desde el punto de vista formal la pintura de Lam continúa el modelo de Picasso, Julio González, Henri Matisse y el geometrismo sintético africano, es en los temas y la iconografía donde se advierten las más importantes y radicales novedades. En ellos se aprecian abundantes alusiones a un bestiario fantástico, místico y también vinculado con la práctica del vudú y con divinidades atávicas (reconocida es la referencia a la efigie de Elegguá), como evidencian Manzana-zombi (1945), El guerrero (1947), Natividad, (1947), Clarividencia (1950), Tótem para la Luna num. 1 (1958), Yo llego (1961), Perro con dos cabezas (1964). Estas últimas obras, realizadas en París -donde se instala de manera definitiva en 1952 - son prueba de la unión plástica y simbólica entre la vanguardia europea y las manifestaciones afrocubanas, que permiten relativizar jerarquías entre centro-periferia y articular otras historias del arte.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisariado: 
Lou Laurin Lam y Marta González Orbegozo
Itinerancia: 

Fundación Joan Miró, Barcelona (21 enero - 29 marzo, 1993); Museo de Arte Contemporáneo, Monterrey

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