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Susana Solano

10 diciembre, 1992 - 17 febrero, 1993 /
Palacio de Velázquez, Parque del Retiro, Madrid

Protagonista destacada de la renovación de la escultura española en los años ochenta y con una reconocida proyección internacional (Documenta de Kasel, 1987 y 1992; Bienal de Venecia 1988), Susana Solano (Barcelona, 1946) presenta en Madrid una selección de sesenta y cinco obras que permite trazar una mirada retrospectiva a su trayectoria. Sus primeros trabajos escultóricos datan de 1979, entonces Solano aprende a conjugar las exigencias formales del Minimalismo -las lecciones plásticas de Carl André, Richard Serra y Donald Judd- con alusiones y temas autobiográficos y subjetivos, dando lugar a una escultura que reclama una lectura simbólica y “equívocamente monumental”, en palabras de Teresa Blanch, comisaria de la exposición. En este sentido, compara a Solano con Julio González, pues "comparte con el artista catalán la búsqueda de tensión expresiva entre el interior y el exterior y la creación abstracta de espacios simbólicos”.

La exposición se organiza en tres secciones, obviando el orden cronológico: “Fluidos”, “El sujeto” y “Suspensiones”, a las que se añade una cuarta: “Obra inicial”, piezas germinales en las que para la comisaria se advierten “actitudes creativas incipientes que le van a caracterizar ya para siempre”. Por ejemplo, el uso (combinación) inhabitual de materias, como hierro y yeso, como en la serie Dipósit d´ombra (1983) y luego en Colinas huecas (1984), la ambigüedad en la ideación y construcción espacial de las piezas, si desde el interior o desde el exterior que se aprecia en la serie Paisatge d´interior (1984) y la formulación de una noción particular del límite: Horizontal (1980), Pont (1981), Reclós (1982).

A lo largo de más de una década, a través de sus esculturas e instalaciones, Solano ha elaborado un minucioso discurso sobre el límite -mediante rituales de vacío-no con la intención de crear interrupciones en el espacio, sino para apropiarse física y simbólicamente de éste. Esto se pone de manifiesto en su recurso a la cúpula, pues encierra la posibilidad de la doble interpretación del espacio desde la concavidad o la convexidad, como muestra La luna (1985) o El puente (1986); y alcanza su cota máxima en Arcángel Gabriel, (1989). También lo aborda en obras en las que emplea la rejilla de hierro como perímetro y barrera que permite ver el interior: Bany Rus (1988), Objeto y causa (1988), Scene 1- Premier Tableau (1992); pero con las que en definitiva define un límite abierto y trata el espacio como ausencia. El conjunto de piezas ahora reunidas también demuestra el papel que la memoria personal y la percepción tienen en su trabajo, convirtiéndose éste en la traducción de sus emociones y de la acción de su cuerpo en el espacio y en el tiempo.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisariado: 
Teresa Blanch
Itinerancia: 

Whitechapel Art Gallery, Londres (12 marzo - 2 mayo, 1993); Malmö Konsthall, Malmö (29 mayo - 11 julio, 1993); Centre National d´Art Contemporain de Grenoble, Francia (11 septiembre - 31 octubre, 1993)

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