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Julio González

10 marzo - 28 mayo, 2009
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Edificio Sabatini, Planta 3

Julio González (Barcelona, 1876 – Arcueil, Francia, 1942) está considerado el padre de la escultura en hierro y uno de los artistas fundamentales en el desarrollo de la vanguardia del siglo XX. Esta exposición retrospectiva da cuenta de su proceso de búsqueda de una nueva sintaxis escultórica a través de una gran diversidad de registros y se suma a las que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedicó en 1986 enfocada en Las Colecciones del IVAM y en 1995 centrada en sus dibujos.

González, de vocación pictórica se forma como artesano en el taller de metalistería artística de su padre en una Barcelona modernista, donde aprende la forja y la fundición del hierro. Su traslado a París marcará su producción artística. Allí aprende una técnica industrial, la soldadura autógena, decisiva para la posterior renovación de su lenguaje escultórico en hierro. El artista experimenta con sus relieves repujados la bidimensionalidad del plano y  la exploración del volumen hasta que en 1928 Picasso, habituado a trabajar con metal, solicita su colaboración para realizar el monumento funerario a su amigo Apollinaire con formas transparentes y vaciadas, con el fin de materializar la idea de "una sólida estatua de nada", inspirada en El Poeta asesinado escrita por Apollinaire en 1914. Gracias a esta colaboración los consejos de González permiten a Picasso comprobar la viabilidad de sus croquis, mientras Picasso da a su amigo el impulso necesario para desarrollar su obra, basada en la capacidad sintética del dibujo. Las esculturas de González, limitadas hasta entonces a hierros delicados de pequeñas dimensiones, se refuerzan hasta afirmarse en las figuras imponentes y complejas que le darán a conocer internacionalmente.

Con sus esculturas filiformes prioriza “el maridaje entre materia y espacio” y se aleja de los planteamientos tradicionales de simetría mediante lo que llama “dibujar en el espacio”. Son improvisaciones construidas directamente con varilla de hierro, con las que consolida un lenguaje “aparentemente abstracto”, obras de un gran esquematismo y complejidad formal. Paralelamente González utiliza planchas de hierro con las que crea una serie de esculturas que algunos autores han relacionado con el Cubismo, en las que descompone el volumen e incorpora el espacio vacío, logrando contrastados efectos lumínicos entre formas llenas y huecas. En 1937, González culmina su trabajo escultórico con dos obras excepcionales: La Montserrat, expuesta en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937, y Mujer ante el espejo, una síntesis audaz entre Cubismo, Surrealismo y Expresionismo.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Museu Nacional d´Art de Catalunya
Comisariado: 
Mercè Doñate
Itinerancia: 

Museu Nacional d'Art de Catalunya MNAC, Barcelona (28 octubre, 2008 - 25 enero, 2009)

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