Thomas Stanford y Evangelina Arana, 1961

Escuchar un país

El archivo sonoro del INAH

26 feb 2026
2:17:29
América Latina
Archivo
Documento
Música

La Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México constituye uno de los acervos más significativos de documentación sonora de América Latina. Preserva grabaciones que datan de mediados del siglo XX y su colección integra cantos ceremoniales, plegarias, danzas, relatos orales y músicas comunitarias que abarcan gran variedad de lenguas indígenas y mestizas. Estos registros no solo documentan prácticas musicales, sino que ponen en diálogo la lengua con la memoria y el tiempo, y ofrecen una vista panorámica de la diversidad cultural del país. 

En el contexto internacional, la Fonoteca del INAH se inscribe en la genealogía de colecciones etnográficas de referencia, como las grabaciones de la UNESCO (Collection of Traditional Music of the World), la Smithsonian Folkways o el Musée de l’Homme de París. Al igual que estas instituciones, el INAH reconoce el sonido como parte del patrimonio cultural, pero —a diferencia de ellas— el resultado emerge desde dentro del propio paisaje que documenta. No busca fijar la diferencia como objeto de estudio, sino escuchar la pluralidad del país desde sus propios márgenes. 

Esta pieza radiofónica presenta una selección representativa del archivo, contextualizada a través de la narración de Benjamín Muratalla, subdirector de la institución desde 1997. Su testimonio proporciona información histórica sobre los procesos de registro, las investigaciones y las comunidades participantes, así como sobre los desafíos técnicos y metodológicos de la preservación sonora. 

Se entiende pues el archivo no solo como un depósito de sonidos, sino como un espacio activo de conocimiento, un territorio en el que voces, instrumentos y melodías contribuyen a la comprensión de la compleja trama cultural de México. Más que una retrospectiva, esta pieza invita a pensar el archivo como un espacio en movimiento, un lugar donde el pasado se escucha en presente. 

Realización

David Balasch

Agradecimientos

Benjamín Muratalla, subdirector de la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México

Licencia
Creative Commons by-nc-nd 4.0
Citas de audio

Pie de foto: Thomas Stanford y Evangelina Arana, 1961

Escuchar un país

El archivo sonoro del INAH

Escuchar un país: el archivo sonoro del INAH 

—David Balasch: Escuchar un país: el archivo sonoro del INAH es un trabajo de escucha e investigación que empezó el invierno de 2020 y fue desarrollándose hasta mediados de 2023. 

Dos años y medio en los cuales profundicé en la escucha de la colección de fonógrafos del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), seguramente la colección etnográfica más importante de América Latina y una de las más extensas registradas en el mundo durante el siglo XX. 

No es la intención de este programa hacer un análisis exhaustivo de los más de cincuenta años de grabaciones del INAH. Tampoco mostrar una representación equilibrada de cada uno de los más de setenta volúmenes que se han publicado hasta día de hoy. Se trata, pues, solo de ofrecer una pequeña selección del gigantesco archivo. 

Durante la escucha, el subdirector de la Fonoteca Benjamín Muratalla, al que agradezco su colaboración, aporta los contextos históricos que rodean a las grabaciones. Sin más, os dejo ya con el programa. Espero que os guste. 

—Benjamín Muratalla: Hola, soy Benjamín Muratalla y desde 1997 soy el subdirector de la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Este es uno de los lugares, dentro de esta gran institución, que se aboca a la investigación, a la recopilación de lo que ha dado en llamarse músicas tradicionales. 

México es un país abundante en diversidad cultural. Y la música, o las músicas, son ejemplo de ello. Bueno, además de recopilarlas, por supuesto, resguardamos sus acervos, es decir, los soportes en los que está se encuentran grabadas: cintas principalmente, discos compactos, pero también tenemos un gran acervo de vinilos, aproximadamente desde 1930-1040. 

La Fonoteca del INAH, que son las siglas de este instituto, se creó aproximadamente en 1964, a mediados del siglo XX. Esto, por una situación fortuita. Nunca hubo un plan claro y preciso para crear este reservorio, más bien fue un hecho venturoso el que fundamenta su creación. En 1964 se realizó un curso de Introducción al folclor dentro de un seminario internacional de Antropología en la Escuela Nacional de Antropología, que se encuentra en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Es una institución en un edificio histórico, en un edificio muy antiguo de la época colonial. Ahí estaba instalada la Escuela Nacional de Antropología y, pues, fue un grupo de aficionados al folclor, algunos de ellos especialistas y verdaderamente expertos en esta disciplina, el folclor, encabezados por uno de los máximos representantes de esta corriente disciplinaria en México, como lo fue el señor Vicente T. Mendoza. 

Bueno, pues cuando concluyó este curso de Introducción al folclor impartido para mucha gente que verdaderamente no se dedicaba a esta disciplina de manera formal. Más bien fue en el contexto de aquellos años en que estaban en boga las peñas o lugares donde se presentaba grupos de música latinoamericana, música llamada de protesta, canto nuevo… Y varias de estas personas, bueno, relacionaban o conjuntaban —más que relacionaban, conjuntaban— las músicas tradicionales en un solo concepto, aglutinaban todas estas músicas en músicas de resistencia, como diríamos ahora. Bueno, pues cuando concluyó este curso de Introducción al folclor, los integrantes decidieron realizar algún producto como memoria de este curso. Crearon, produjeron un disco que lo titularon Testimonio Musical de México, con grabaciones que ellos ya tenían exprofeso, ya tenían desde antes. Entonces bueno, pues ahí decidieron juntarlas, decidieron aportarlas y se produjo este disco con músicas campesinas, músicas indígenas —me parece, si no mal recuerdo, que son doce-trece piezas que están incluidas en este disco LP, un vinilo. Y se produjo con recursos aportados por los propios participantes en el curso. Se vendieron estos discos entre ellos mismos y entre otras personas. El tiraje fue bastante limitado, pero fue muy bien recibido porque curiosamente mucha gente desconocía que México tuviera este tipo de músicas. Esto es entendible en un contexto en donde los medios de comunicación hegemónicos lo que promovían, y promueven, son las músicas mediáticas, las músicas de corte mercantil. Entonces, estos repertorios de músicas indígenas, de músicas campesinas, con una raigambre muy muy antigua, con una estética bellísima, como parte de las diversas cosmovisiones de los pueblos originarios de México, curiosamente no eran conocidas por las grandes muchedumbres. De modo que este disco verdaderamente fue un parteaguas y una especie de pivote que detonó un gusto. Llamó la atención de mucha gente, de algunos otros estudiosos y, a partir de entonces, pues bueno, parece ser que este disco, ya legendario, fue el punto de partida para muchos proyectos. 

Para 1974, los promotores de este curso y productores de este disco, como fueron la maestra Irene Vázquez Valle y el antropólogo Arturo Warman, se acercaron a las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia para solicitar apoyo y reeditarlo, dado el gran éxito que tuvo en su momento. Pues bueno, la respuesta fue favorable y se otorgaron recursos para que este disco se reeditara ya con presupuesto del INAH, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y bueno, pues también esta segunda edición se agotó rápidamente. Lo cual llenó de ánimo, llenó de mucho entusiasmo a esta gente, a los promotores de este tipo de músicas. De modo que, al año siguiente, ofrecieron a una nueva producción discográfica, Alina [Records], un disco titulado Danzas de la Conquista, a partir de un encuentro de unos grupos dancístico-musicales que se denominan concheros. Esta tradición es una tradición que, según algunos especialistas, se vincula con el pasado prehispánico, pero también tiene su arraigo en la época de la colonia, producto de la evangelización. Entonces, estos grupos de concheros verdaderamente representan un sincretismo religioso y es una tradición —que se dice— se origina en una región del Bajío mexicano, una región denominada así, que se ubica en la intersección de los estados de Guanajuato, de Querétaro; y de allí se extendió a varias partes del país, principalmente hacia el centro. Y estos concheros se presentan en las fiestas patronales de diferentes iglesias de México. De modo que hubo una especie de congregación o reunión de grupos de concheros, que están organizados en unas figuras que se llaman mesas, mesas de concheros. Esto se llevó a cabo en un barrio legendario de la Ciudad de México, que es Tlatelolco, también de una historia muy muy interesante. 

Bueno, pues ahí algunos antropólogos del INAH acudieron a grabar —o a filmar, mejor dicho—, a filmar en cine, en película, esta reunión de concheros. Y a alguien se le ocurrió que con las pistas sonoras de estas danzas, de estas presentaciones, se produjera un disco al que se le denominó Danzas de conquista, porque los concheros representan también esta lucha entre el bien y el mal, una figura ideológica traída por la conquista, por los colonos hispanos. 

De este modo, pues presentaron un nuevo título —Alina—, Música huasteca. Fue el tercer vinilo que presentaron como propuesta y de plano pues las autoridades del instituto dijeron: «Bueno, dado que la música tradicional es muy importante, muy abundante en nuestro país, ¿por qué no creamos un sitio dentro de INAH para producir esta música?». Y fue así como se creó la Oficina de Edición de Discos. Cabe señalar que, previamente, el antropólogo Arturo Warman había sido contratado para sonorizar las salas de etnografía del recientemente inaugurado Museo Nacional de Antropología, el museo más importante de México y uno de los más importantes del mundo, por supuesto. Entonces, el antropólogo Arturo Warman se había dado a la tarea de recorrer varias regiones de México para grabar, para registrar música y pues tenía un acervo de grabaciones muy muy interesantes que vinieron a formar parte de los acervos de esta Oficina de Edición de Discos. El propósito principal de esta oficina era ir a grabar a las regiones todas estas músicas tradicionales, incluidas las músicas campesinas, las músicas indígenas, músicas populares, marginadas —insisto—, todos estos repertorios que no llaman la atención de los medios de comunicación dominantes, porque son músicas que en parte de esta ideología dominante, estaban relegadas. Músicas de poblaciones menospreciadas, subestimadas culturalmente y entonces, pues no eran atractivas para el ámbito de la industria del espectáculo mediático. 

La historia de la Oficina de Edición de Discos trascendió a la creación de una fonoteca, ya una fonoteca en forma, una fonoteca que aprovecharía una cantidad considerable de grabaciones ya realizadas, porque, bueno, no todo lo que se grababa se incluía en las producciones discográficas, sino que mucha de esta música pues se iba quedando, formando parte de los acervos. A la maestra Irene Vázquez Valle se le ocurrió que estos acervos deberían de atenderse de manera correcta, es decir, deberían de clasificarse y catalogarse, aplicarles técnicas de conservación…; tener un acervo en forma. Y fue así como presentaron el proyecto para la creación de la Fonoteca del INAH. En algún momento, esto sucedió por ahí a finales de los años setenta, principios de los ochenta del siglo pasado, alguien tuvo la buena ocurrencia de que esta fonoteca se convirtiera en la Fonoteca Nacional de México. Se presentó la propuesta, pero desafortunadamente no tuvo una respuesta entusiasta, decidida por autoridades, y el proyecto no fructificó. Sin embargo, esta fonoteca continuó con la producción de discos y, en algún momento de su historia, se decidió hacer énfasis en la investigación de estas músicas, no nada más en la recopilación, sino que, de estas músicas, se analizarán y se estudiarán los contextos en que se producen, en que se recrean como parte de tradiciones, como parte de un proceso cultural, como parte de un proceso tradicional. Se incorporaron otros investigadores, se invitó a investigadores de otras áreas del propio instituto, porque el instituto es muy muy grande, y también se invitaron a investigadores externos, de modo que en el transcurrir del tiempo ya los discos producidos tenían como un sustento sólido, una investigación en donde se exponía el contexto, el papel de estas músicas en la cultura de la diversidad de pueblos. 

Se le dio pues, la importancia debida a los intérpretes de esta música tradicional. Durante mucho tiempo, y por ciertas escuelas etnomusicológicas y antropológicas, se consideraba que las músicas —como parte de un folclor— eran músicas colectivas cuyos orígenes se perdían en la oscuridad de los tiempos y que no se sabía con exactitud quién las había creado. Se suponían músicas colectivas que se iban recreando, que se iban actualizando generación tras generación. De modo que a veces se olvidaba darles su lugar a los intérpretes o a los compositores, porque en realidad muchas de estas músicas también se componen en su momento. No solamente son músicas que se van renovando a través del tiempo, sino músicas que tienen nuevas composiciones dentro de los esquemas de las estructuras, de las formas musicales, de los estilos, de las corrientes… Hay compositores que se conocen, máxime, en la actualidad. En la actualidad, bueno, ya se conoce el nombre de la gente que compone sones, que compone jarabes, que compone corridos, gustos, etcétera. Valga decir que los géneros musicales de esta gran diversidad, este abundante universo de música es inmenso. Muchos de estos géneros cambian de denominación de un pueblo a otro, de una etnia a otra; aunque mantengan estructuras parecidas, siempre hay sus diferencias. A veces estas diferencias están vinculadas con las diferentes cosmogonías, pero también con las diferentes lenguas indígenas. 

Nosotros continuamos, a través de todos estos años, produciendo este tipo de fonogramas. Se considera a la Fonoteca del INAH como una fonoteca de investigación. En México hemos identificado diversos tipos de fonotecas: hay fonotecas de conservación, que se dedican exclusivamente a eso, a conservar los acervos; hay fonotecas de apoyo educativo; fonoteca de difusión, que también conservan, por supuesto, porque estos acervos reclaman una conservación permanente. Pero esta fonoteca en especial —y no es la única, por supuesto hay otras en México—, pero esta es una fonoteca pionera, precursora de la investigación. Es decir, que toda la música o la mayor parte de música que se registra obedece a proyectos de investigación, proyectos antropológicos, proyectos históricos, proyectos etnomusicológicos con diferentes enfoques. Es decir, cuando se desarrolla un proyecto, no se olvida la parte sonora de la cultura. Y la parte de la sonora de la cultura incluye no nada más las músicas, sino también las narrativas orales, cuentos, leyendas, giros idiomáticos, lenguas, etcétera, etcétera. 

Realmente los precursores de esta Fonoteca del INAH, sin lugar a duda son el antropólogo Arturo Warman y la maestra Irene Vázquez Valle. El maestro Arturo Warman trabajó durante poco tiempo, de hecho, no fue partícipe directamente ni de la Oficina de Edición de Discos ni de la Fonoteca. El antropólogo Warman aportó sus grabaciones para que fueran utilizadas en la Oficina de Edición de Discos. Pero quien siempre estuvo a la cabeza de esta oficina fue la maestra Irene Vázquez Valle, y a ella también se debe el mérito de haber propuesto, de haber organizado y de haber sentado las bases para la Fonoteca del INAH. 

Otro gran maestro que hoy colaboró y que impulsó las tareas de investigación fue el maestro Gabriel Moedano. Gabriel Moedano que fue jefe… Esta Fonoteca, en algún momento, se escindió, es decir, que se dividió una parte de acervos, estrictamente de atención a los acervos fotográficos, y otra parte de la investigación. El maestro Gabriel Moedano fue jefe de ese departamento o de esa rama de la investigación. Tiempo después decidieron volver a fusionar estas dos partes, es decir, que la investigación y la recopilación y atención a los acervos tendrían que ir de la mano. 

El maestro Elmer Thomas Stanford también tuvo un papel muy importante en la creación o en la organización de repositorios. Él tiene el mérito de haber llegado al Museo Nacional de Antropología a recopilar, a reunir, varias grabaciones que se habían hecho desde tiempo atrás, prácticamente desde inicios del siglo XX, pero que estaban dispersas, estaban desperdigadas en diferentes sitios del INAH. Entonces, él creó la primera fonoteca en el Museo Nacional de Antropología y participó, por supuesto, en aquel curso de Introducción al Folclor. Fue uno de los maestros, muy joven en aquellos años, pero ya con una formación muy interesante en el campo de la investigación de las músicas tradicionales de origen estadounidense. Hay otro personaje de gran renombre, como es el señor Raúl Hellmer, muy amigo de Thomas Stanford, que también se dio a la tarea de impulsar la investigación y la recopilación de las músicas tradicionales en México. De hecho, se dice que el acervo de Thomas Stanford respecto a músicas tradicionales es uno de los más importantes que existen en el país. Y en el caso de Raúl Hellmer, pues fue también un prolífico recopilador de músicas en varias partes de México.  

Los maestros precursores de la Fonoteca del INAH, principalmente la maestra Irene Vázquez Valle, también tienen el mérito de haber encontrado músicas que no se conocían, hallazgos verdaderamente interesantes. Uno de los más importantes fue el descubrimiento del canto cardenche en el norte del país, un canto hermosísimo que desgraciadamente está en proceso de extinción. Como ese hallazgo, tuvo muchos otros. Insisto, México es muy rico en músicas, muy rico en narrativas orales y verdaderamente es inabarcable, inacabable. Cada vez que nosotros acudimos nuevamente a un lugar al que ya se supone que hace años se ha trabajado, encontramos nuevas cosas, encontramos músicas transformadas, encontramos formas musicales desconocidas que nadie había dado con ellas. 

Esto es, grosso modo, la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia, que en la actualidad pues tiene muchos proyectos. La serie discográfica llega a este año al número 76. En más de cincuenta años, pues se puede pensar que es poca la producción, pero hay que considerar que el desarrollo de estos productos discográficos obedece a proyectos antropológicos, históricos y etnomusicológicos de larga duración. A nosotros no nos impulsa la cantidad de producciones, sino la calidad y la cobertura de este amplio universo musical. Tenemos seminarios de apoyo a la investigación, organizamos foros, organizamos congresos, damos servicio al público y colaboramos con otras instituciones para dar a conocer no solo los acervos logrados en esta Fonoteca, sino la riqueza musical de México y también estos vínculos que tiene con músicas de otras partes del mundo. Estamos convencidos de que las músicas, como las culturas, se comunican entre sí, y México no es una isla en el contexto de las músicas en el mundo. Es un crisol en donde convergen músicas, corrientes, estilos de diversas partes, como parte de la historia, como parte del intercambio de los pueblos. Muchas gracias.