Arte y Educación. Identidades y relaciones fronterizas. Seminario realizado el 9 de marzo de 2016. Edificio Nouvel, Sala de Protocolo.
Olga Ovejero Larson: Arte y Educación es una jornada pública que hemos convocado para la tarde de hoy pero su origen está en un proyecto de formación, planteado como residencias para artistas jóvenes. En virtud de este proyecto, estos artistas pasan a colaborar con nosotros, a desarrollar con nosotros un proyecto en colaboración con el departamento educativo del Museo y a su vez con otros agentes que pueden ser los destinatarios o los colectivos con los que cada uno de esos proyectos tiene lugar, que en concreto serán cuatro esta temporada.
En el marco de este proyecto al que hemos llamado proyecto Transforma pues planteamos una serie de acciones formativas que queremos que tengan como destinatarios a estos cuatro artistas pero que están planteadas también para el propio departamento del Museo como comunidad educativa y en el caso de la jornada de esta tarde se abre también al resto de la comunidad educativa en un sentido mucho más amplio, se abre al público interesado en estos temas.
Tanto la jornada, como el proyecto Transforma al que me he referido antes y en el marco del cual tiene lugar esta jornada forman parte de una colaboración con la Fundación Daniel y Nina Carasso que está financiando el conjunto del proyecto. La inquietud de la fundación no es simplemente financiar y apoyar el proyecto económicamente sino realmente se está buscando una implicación que tiene que ver con las propias líneas de trabajo de la fundación y con varios proyectos que desarrollan en el terreno del arte y la ciudadanía y las aplicaciones sociales o las implicaciones sociales del trabajo artístico.
Aida Sánchez de Serdio: la propuesta de la jornada parte del argumento, de la tesis inicial de que estamos en un momento en que ha habido una reconfiguración de las relaciones entre arte y educación. De alguna manera han empezado a interpelarse mutuamente. De forma que las prácticas educativas se reconocen como prácticas de producción cultural y de creatividad. Y por otro lado, las prácticas artísticas se comprenden también como espacios de producción de conocimiento, ya sea a través de la investigación pero también de las prácticas pedagógicas. Y a veces se han asumido estos paradigmas pedagógicos como paradigmas de la propia práctica artística. Y ahí es un poco donde emergería la cuestión del propio giro educativo, que es un término complejo porque se plantea ya desde su propio cuestionamiento. En inicio el primer texto es de 2008, el de Irit Rogoff que se títula Turning que es que el que más se cita aunque había un texto previo. Lo que surge a partir de aquí es una discusión problemática porque son propuestas que vienen de la esfera del arte y del comisariado. Cuando se pregunta que quién gira, quién está haciendo ese giro. Ese giro lo están haciendo artistas y comisarios por razones interesantes de buscar nuevos espacios de reflexión de que el arte adquiera una relevancia distinta en este mundo a partir de plantearse una interrogación de las realidades desde otro lugar. Yo lo plantearía en términos de que es un giro educativo que parte del descrédito de la educación y se produce entonces una paradoja. Se generan dos velocidades o dos cualidades educativas: las instituciones educativas y, entre ellas, los departamentos de educación en los museos, que tienen que hacer la educación del día a día, esa que es cuestionada... Se les sigue manteniendo en esta cajita y luego artistas y comisarios, están haciendo pedagogías realmente radicales, realmente cuestionadoras, realmente críticas y que tienen más circulación y valor en el circuito del arte. De manera que se genera una doble jerarquización de la valorización de lo que hace un departamento educativo y de lo que hacen artistas que se plantean el rol de pedagogos. No hay la misma agencia, no hay mismo reconocimiento, no hay el mismo discurso ni las mismas prácticas. Entonces, abre una fisura que es ciertamente problemática pero también es un punto de encuentro desde el conflicto, desde la tensión sin duda.
Oriol Fontdevila: me llamo Oriol Fontdevila y me dedico al comisariado de arte y estoy en el Reina Sofía, porque el año pasado se me concedió una de las becas de investigación, investigando sobre la cuestión de la mediación, que es una palabra que está muy de moda. "¿Qué es la mediación?" El tema de la mediación es significativo por distintas razones y podría decir que desde hace algún tiempo y no solo por lo que nos aproxima al campo educativo. La mediación es la parte del comisariado que normalmente los comisarios no queremos ver. Casi como el lado oscuro del comisariado. Donde luce el comisariado es articulando un buen discurso, entendiendo la exposición casi como su obra o el museo incluso como su producción singular y genuina. La mediación es el trabajo más estructural donde ocurre la intersección de distintos agentes y donde se definen y se redefinen los roles y la posición del arte mismo en la sociedad. Y todos esos aspectos más estructurales muchas veces quedan desatendidos por el mismo comisariado. El comisariado se fija en articular un buen discurso mientras que el espacio relacional normalmente sigue funcionando de manera convencional. Desde que empecé a trabajar han sucedido distintos giros, no solamente el educativo. Hemos visto el giro archivístico, el giro social, el giro colaborativo, el educativo, el giro discursivo, etc. Entonces lo que ves nuevamente es que los museos trabajan igual. ¿Cómo estamos redefiniendo una institución? ¿Cómo estamos redefiniendo la práctica artística misma o los modos de hacer o relacionarnos con el público? Pues un poco lo mismo, el peligro del giro educativo finalmente es que sea una moda discursiva o una moda artística más en el campo del arte más que cambiar modos de hacer o fundamentos. Y en eso nos encontramos que lo que se nos pide a comisarios y artistas son discursos que vayan a un sub-espacio de la representación o de la cuestión de la autonomía del arte, pero lo que vemos es que las representaciones tradicionales están absorbiendo los procesos más que procesos innovadores llevándose las representaciones tradicionales del arte. Somos más capaces de enmarcar el giro educativo según valores tradicionales y no a la inversa, y eso como comisario me parece más problemático. Con la investigación, cuando abordo el espacio de mediación, estoy intentando entenderlo es como posibilidad de espacio disruptivo o para la transformación.
Mónica Romero: intentando dialogar con la pregunta y con algunas cosas que planteaba Aida y Olga "¿Cómo el giro educativo afectaba la cotidianeidad de lo que significa tener una profesión de artista y ejercer a su vez como profesora?". Más allá de si se vuelve una moda discursiva o no, me remito al contexto colombiano, este discurso llega en el 2011 en el marco del MDE, un evento grande, una bienal, donde se planteaba modos de aprender y enseñar desde las artes. Ese momento fue importante porque tuvo un eco en las prácticas artísticas de quienes estábamos en ese momento, entonces veníamos trabajando varios artistas que teníamos preguntas sobre lo pedagógico tiempo atrás de ese 2011. Entonces la pregunta que en nuestro contexto nos hacíamos era: ¿Cómo nombramos lo que ya hacíamos antes de que llegara "giro pedagógico"? En la cotidianeidad tú ves hoy en día muchos colectivos de artistas que trabajan proyectos educativos que se acogen o no a este giro. Claro, ahí la pregunta es: ¿cómo artista de un contexto latinoamericano te apropias estos discursos? ¿Qué posición tienes? ¿Te distancias? Y si no es giro pedagógico o giro educativo, ¿Es necesario ponerle un nombre a aquello que haces? Eso afecta mucho porque muchas de las prácticas de colectivos que venimos trabajando en hacernos preguntas del orden pedagógico en la propia práctica artística tenemos que entrar a discutir y a conversar desde la práctica misma del arte eso que estamos llamando el giro. Entonces si esto viene de un contexto anglosajón que luego se instala en varias prácticas, ¿Eso qué tiene que ver con nosotros? Ahí hay varias perspectivas y en lo particular tratamos de reconocer las preguntas que nosotros como artistas nos hacemos en relación, y no solamente legitimarnos como artistas, sino también hay una serie de educadores artísticos, un grupo grande, en donde necesitamos trabajar juntos y ese trabajar juntos ha significado muchas fricciones. No es suficiente tener una formación de artista para generar procesos de creación. Hay educadores artísticos que generan muchas estrategias de creación, no sé si creación artística, pero de creación que te permite hacer este intercambio. Hay unas prácticas locales en las instituciones educativas y culturales que necesitan resignificarse. ¿Cómo las resignificamos? ¿Es necesario nombrarnos e inscribirnos dentro del giro educativo? ¿Si no es el giro educativo entonces cómo reconocemos esas prácticas? ¿Qué significa que nos denominemos como artistas comunitarios en un contexto como Colombia? Eso ha afectado en lo concreto, hay muchos ejemplos pero una tensión necesaria importante es cómo trabajar el artista que tiene su formación en artes, que trabaja desde todas las disciplinas artísticas, en relación con una institución educativa para que no se quede como el artista en paracaídas que llega a decir cómo hacer cosas, sino que se replantee su manera y sus modos de hacer del arte. Pero a su vez, también que se reconozca el ejercicio que educadores artísticos han hecho por mucho tiempo en las instituciones educativas.
Olga Ovejero Larson: de ahí el tratar esos terrenos fronterizos entre el arte y la educación porque si realmente los artistas y comisarios han dado ese paso, han llevado a cabo ese giro educativo, ¿Dónde quedan los educadores? ¿Sobre quién debe recaer la responsabilidad de ejercer la educación artística o la educación en general? Si los artistas van a asumir ese rol, ¿Qué pasa con los educadores de siempre? ¿En qué lugar quedan? ¿Qué tipo de valoración les corresponde? ¿Y hacia dónde vamos? ¿Hacia una confrontación o a una convivencia de modos de hacer?, una combinación de modos de hacer que también es posible.
Oriol Fontdevila: al respecto con lo que íbamos diciendo del giro educativo, una cosa que me ha parecido muy interesante trabajar desde la posición del comisariado, que es desde la que me sitúo, es ver cómo aquí se encuentran dos culturas que conviven dentro del museo, quizá de otros modos. Y es precisamente en las fricciones y en los choques que se producen ahí donde puede resultar algo interesante ya no solo para el educador ni para el comisario sino para la institución que puede cambiar los modos de lidiar con el arte y con los públicos, con las audiencias. Uno de los temas que más me interesa actualmente es la posibilidad de entender la audiencia misma como un mediador. Es del público de quien esperamos que se apropie de todo esto y también de cómo sus narraciones, traducciones particulares pasan a formar parte y cómo construyen o deconstruyen la institución. Y aquí es donde pienso que hay el potencial de la interacción ésta entre un responsable como sería el comisariado, de lidiar con la tradición artística, uno de gestionar o de trabajar con audiencias y como ese encuentro lo que estás produciendo otros modos de recibir la ley del arte, que es la institución. Y aquí es donde pienso que hay un potencial pero que pasa sobre todo por la colaboración entre profesionales y también entender el mismo museo, y esa es otra gran palabra de actualidad, como una comunidad de aprendizaje, que se pregunta sobre su mismo espacio.