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Tony Cragg

21 marzo - 22 mayo, 1995
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Edificio Sabatini, Planta 3

La escultura contemporánea se caracteriza por un radical proceso renovador que se inicia a finales de los años cincuenta. Dicha renovación se lleva a cabo fundamentalmente a través de tres vías: la reconsideración de los materiales tradicionales y la inclusión de otros tomados de la vida cotidiana, la desfetichización del objeto escultórico y la entrada en juego de otros valores espaciales, de escala y de ocupación. Tony Cragg (Liverpool, 1949) participa en la renovación de la escultura desde las mencionadas tres vías y toma como referencia a los artistas Minimal, las manifestaciones del Arte Povera y el trabajo de Richard Long; puesto que en su opinión “en lugar de remitirse a formas previas, han creado un nuevo lenguaje de las formas, han logrado una reflexión motivada por los aspectos formales mismos”.

Cragg reconoce que ha sido la aceptación e incorporación de nuevos materiales lo que genera la formulación de una nueva teoría, concepción y práctica de la escultura. Así, el trabajo que presenta en esta exposición -una selección de treinta y cuatro obras realizadas entre 1989 y 1994, excepto Spectrum (1979)- revela esa insistencia en la materia, en la creación de realidades con nuevos significados y en la modificación de escalas, tanto espaciales como de valores, al colocar al mismo nivel objetos naturales y artificiales.

El crítico de arte y comisario de la muestra, Fernando Castro Flórez, cita a los artistas Marcel Duchamp y Joseph Beuys como ejes de la genealogía artística de Cragg: del primero aprende a utilizar nuevos materiales y del segundo el modo de escapar de la trivialidad, con una poética de lo cotidiano. Finalmente, Castro Flórez concluye que “su obra no tiene referencias artísticas o políticas; proceden de la tensión misma de los materiales”, de los que quiere extraer respuestas emocionales.

A esa poética y reconsideración de objetos no artísticos remite la obra Gazelle (1992), compuesta por botellas de cristal dispuestas como apéndices perimetrales de una bicicleta. Castro Flórez señala que “por su visión materialista consigue poetizar la vida cotidiana”. Los objetos heterogéneos que se suman a la escultura Terris Novalis (1992) pierden su significado inicial para integrarse en el proceso escultórico, e incluso utiliza sus cualidades plásticas y cromáticas para obtener resultados pictóricos, como se aprecia en Spectrum (1979).

En sus últimos trabajos ahora reunidos se reconoce la máxima del artista según la cual “la naturaleza es fuente y origen del arte”. El mundo orgánico se muestra en sus esculturas, ideadas y pensadas como conjuntos: Mental Picture (1992), realizada en piedra, Complete Omnivore (1993), construida en hierro y yeso o Administered Landscape (1994), hecha en parafina. Estas obras se extienden, son esculturas abiertas tanto simbólica como conceptualmente, y remiten a las leyes de la naturaleza, en especial a las relativas al pliegue y origen de las formas, como en la serie Early forms (1993).

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisariado: 
Fernando Castro
Artistas

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