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Tàpies

7 marzo - 5 mayo, 2000
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Edificio Sabatini, Planta 1

Cuando en 1990, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía organizó la gran exposición Antoni Tàpies. Extensiones de la realidad, la obra de Antoni Tàpies (Barcelona 1923-2012) se presentó enfatizando el trabajo tridimensional del artista, a partir de una selección de objetos, esculturas, obras en papel y cartón. La exposición de ahora es, por tanto, la segunda gran exposición dedicada a Tàpies en el Museo Reina Sofía, que se completa con la selección de dieciséis obras del artista, expuestas de modo paralelo en la Abadía de Santo Domingo de Silos en la muestra titulada Tàpies en Silos.

A diferencia de la exposición de 1990, en esta ocasión se pretende mostrar fundamentalmente la obra de Tàpies como pintor desde 1943. Esta retrospectiva se compone por noventa obras entre las que se encuentran algunas de las más emblemáticas de la producción del artista como Barniz con formas negras (1959), Forma de crucificado (1959), Materia (1962), Pisadas sobre cama marrón (1966) o Puerta metálica con violín (1965). Esta última, junto a Mesa de despacho con paja (1970), son las únicas composiciones de objetos exentos de la exposición. El resto aparecen incorporados en los propios lienzos.

La muestra comienza con una serie de autorretratos hechos a pluma o con lápiz sobre papel y lienzos de la década de los años cuarenta. Las obras anteriores a 1953 se caracterizan por la presencia constante del rostro, con superficies irregulares y menos significativas que las desarrolladas a partir de 1954. Desde entonces, la textura es la protagonista y el lienzo comienza a mostrar marcas e intervenciones. Aparecen los signos gráficos que enfatizan la cualidad de muros, ya sea en sentido literal, nominal o metafórico.

Pablo Picasso y Georges Braque, ya experimentan a principios de la década de 1910 con los materiales en la pintura, al añadir serrín y arenisca a sus obras cubistas. Los artistas André Masson, Joan Miró, Jean Dubuffet y Jean Fautrier usan métodos similares pero, a diferencia de ellos, Tàpies no concibe su modo de trabajar como un experimento circunstancial, sino como un lenguaje, cuya intención última es la comprensión estructural de la propia materia.

En la obra del pintor catalán existe una preocupación por trascender la pintura, una intencionalidad metafísica y un deseo de descubrir la naturaleza de los materiales, transformar las sustancias y dar sentido a la vida. Su técnica aditiva y la obsesiva repetición de un número reducido de objetos y motivos, como sillas, puertas, ventanas, zapatillas, pies, etc. se unen a las caligrafías y signos, especialmente a las cruces o las iniciales “A” y “T”.

En Autorretrato (1947) se descubre a un Tàpies místico, rodeado de signos zodiacales y con las manos sobre el pecho frente a un altar. Esta vertiente alusiva a los poderes curativos del arte es una de las facetas que desarrolla su obra a lo largo del tiempo. Las fases de su pintura en los sesenta años de producción han sido convenientemente reflejadas por Manuel Borja-Villel, director del Museo de la Fundación Antoni Tàpies de Barcelona entre 1990 y 1998, comisario de la muestra y gran conocedor de la obra del artista.

Tapiès recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1990. Además, durante décadas es un teórico y divulgador de sus postulados artísticos a través de su producción ensayística. Sin duda, se trata de uno de los artistas españoles con más reconocimiento internacional y una de las piezas claves en la Historia del Arte Español.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisariado: 
Manuel Borja-Villel
Itinerancia: 

Haus der Kunst, Múnich (24 mayo - 27 agosto, 2000)

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