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Marina Núñez. La locura

17 septiembre - 20 octubre, 1997
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Edificio Sabatini, Espacio Uno

A lo largo de la historia del arte, creación y locura aparecen como constantes entrelazadas. Ya Platón habla de dos tipos de locura: la clínica y la creativa, asociando esta última a los profetas y a los poetas. Desde entonces la creación tiende a entenderse como fruto de un estado psíquico distinto o especial que genera monstruos (arte). Si apartarse de lo ya dado, de lo configurado por los esquemas rígidos y racionales de nuestra sociedad es locura, el artista se instala cómodamente en este especial estado de diferencia.

El trabajo de Marina Núñez (Palencia, 1966) para esta exposición supone el final de su particular aproximación al mundo de la representación femenina de la locura, tarea que viene desarrollando desde hace algunos años. La artista no equipara este estado anómalo con morbosidad ni pretende retratarlo desde la escabrosidad. Así pues, la locura está tratada con un sentido metafórico; supone un espejo desvirtuado del estado de la mujer en un mundo que en parte le es ajeno. Se trata de una locura entendida como alternativa, como estado de entendimiento de las cosas, pero al mismo tiempo como lugar contrapuesto a la cordura imperante de un mundo injusto y contradictorio.

La exposición se compone de cinco series sobre el tema de la locura. La primera serie presenta telas recortadas con las figuras de mujeres a tamaño natural, que visten hábito blanco y presentan la carne de un color rojo rabioso; así, sus cuerpos son soporte del dolor de su diferencia expresado a través de gestos extraños. En la segunda de las series se compone de fotografías de mujeres aprisionadas en castros prerromanos; aparecen apartadas del resto de las construcciones que definen una habitabilidad común. En la tercera de las series aparecen rostros de mujeres con objetos de tortura apoyados sobre sus bocas, símbolo de la castración de la voluntad de libre expresión. Por otra parte, la cuarta serie representa a una mujer afligida, con mirada vacía y manos agarrotadas. La quinta y última de las series presenta a tres mujeres aparecen recortadas sobre un espacio negro bajo un foco de luz; tres mujeres que ante su propio reflejo muestran tres reacciones diferentes: reconocimiento, fascinación por la proximidad de la muerte y estado de éxtasis.

El instinto dramático de estas obras está presente en esos personajes que con vocación universal no hablan de un aspecto concreto, sino de un lugar común de la acción y del sentimiento humano. La pintura aparece exenta de rigidez, sin poseer más soporte que la propia tela, o se inserta en la imagen fotográfica conjugando una doble o triple lectura. De este modo, por una parte se acentúa el sentido táctil de lo pintado, por otra se intenta una aproximación directa hacia lo presentado.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Artistas
Marina Núñez

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