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Lucio Muñoz

14 septiembre - 5 diciembre, 1988
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Edificio Sabatini,

Lucio Muñoz (Madrid, 1929-1998) pertenece a la generación de artistas españoles de los años cincuenta y es considerado uno de los pioneros de la abstracción en el país.

El artista trabaja en sus comienzos el paisaje, género muy practicado en dicha época en España, especialmente entre los que se consideran discípulos de Benjamín Palencia. En 1955 se exponen los primeros cuadros de Muñoz cercanos a la abstracción, influenciados por Paul Klee, Rufino Tamayo, Ben Nicholson y Joaquín Torres García, entre otros.

En París declara su claro compromiso con el Expresionismo Abstracto. Al volver a España, dos exposiciones, una en la Galería Fernando Fe en 1957 y otra en El Ateneo al año siguiente, marcan el asentamiento de su estilo y bastan para consolidarse entre la vanguardia española, al ser incluido en jóvenes colecciones como las de Fernando Zóbel y Juan Huarte.

La estética informalista se afianza en la obra de Lucio Muñoz a través de la fusión de materiales tradicionales con otros no habituales como tierras, papel o cartón. Los años decisivos son 1958 y 1959, cuando el artista descubre las posibilidades expresivas de la madera, material considerado tradicionalmente como no pictórico. En este momento, comienza a trabajar con contrachapado, que labra, araña, quema y astilla de manera azarosa. Entre sus variadas influencias de esta etapa se encuentran las pinturas negras de Francisco de Goya, Diego de Velázquez, el canto gregoriano, Castilla, el flamenco o los grabados de Alberto Durero.

Desde finales de los años sesenta entra paulatinamente en su periodo más fantástico y nocturno. Esta tendencia dura una década, hasta que en 1981, su exposición en la galería Juana Mordó muestra un cambio hacia una estética más plana y ligera. Lucio Muñoz realiza entre los años 1983 y 1984 una serie de grabados en color y gran formato, que le sirven para obtener conocimientos que aplica a su pintura posteriormente. En 1983 obtiene el Premio Nacional de Artes Plásticas, momento en el que surge una obra mucho más paisajística, naturalista, romántica y efusiva, donde la madera se integra de manera espontánea como un elemento más.

Esta exposición en el Centro de Arte Reina Sofía constituye la primera antológica dedicada al artista. En ella se exhibe una selecta muestra de su última producción no vista antes, que permite apreciar su continua evolución.

Los cuadros presentes abarcan el periodo de 1952 a 1988 y se articulan en torno a dos núcleos principales de obras: las correspondientes a la etapa de 1955-1965, cuando define y consolida su estilo y las correspondientes a los cuatro últimos años, momento de renovación. El resto de la producción del pintor, del 1966 al 1985, está representada a través de algunos ejemplos, aunque no se muestran ninguno de sus grabados. En total se exponen alrededor de noventa y cinco pinturas procedentes también de países como Austria, Noruega, Holanda, Argentina y Suiza.

En el caso de Lucio Muñoz, a diferencia de Rufino Tamayo -cuya exposición en el Centro de Arte Reina Sofía coincide en el tiempo con esta muestra-, los murales no son transportables. Por ello, se incluye un apéndice fotográfico realizado por Javier Campano, para poder mostrar el retablo realizado por Lucio Muñoz para la basílica de Aránzazu, la mayor aportación del artista al arte mural.

Datos de la exposición

Organización: 
Centro Nacional de Exposiciones
Comisariado: 
Juan Manuel Bonet y María Luisa Martín de Argila
Itinerancia: 

Fundaçao Calouste Gulbenkian, Lisboa (19 enero - 19 febrero,1989)

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