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José Guerrero

28 febrero - 9 mayo, 1994
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Edificio Sabatini, Planta 1
José Guerrero. Composición, 1956. Pintura. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid
José Guerrero. Composición, 1956. Pintura. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

Con José Guerrero (Granada, 1914 - Barcelona, 1991) el arte español establece una de sus más estrechas conexiones con el panorama artístico internacional, en particular con el Expresionismo Abstracto norteamericano. Su marcha a Nueva York en 1950, tras haber pasado por Roma y París (1948-1949) responde a la búsqueda del escenario donde el arte moderno tiene lugar. 

Esta exposición, que arranca con las primeras obras neoyorquinas de Guerrero y se extiende hasta sus últimas pinturas, compuesta por sesenta y cinco lienzos y una treintena de obras sobre papel, muestra la inserción del artista y la de su trabajo en el medio artístico norteamericano, así como el afianzamiento de su técnica antes y después de su vuelta a España (1965). En los años setenta Guerrero se erige en referencia para una nueva generación de pintores españoles defensores de la recuperación del gusto por la pintura, por su concepción y práctica de la pintura, sustentada en la experimentación con los campos de color y abstracta pero no vacía de contenido. En Nueva York, el progresivo abandono de su bagaje pictórico (resabios figurativos) coincide con la disputa teórico-estética sobre el Expresionismo Abstracto, animada con los fuegos cruzados del texto de los críticos de arte estadounidenses, Harold Rosenberg: Action Painting (1952) y el artículo de Clement Greenberg: «American Type Painting» (1955); donde advierte el inicio de una segunda etapa en la pintura de vanguardia americana cuyos representantes ponen el acento en el color como tendencia. Guerrero, con la amistad y la referencia estilística de Mark Rothko, Franz Klein y Robert Motherwell, y vinculado comercialmente con la galería de Betty Parsons, irrumpe a partir de 1954 con una pintura sometida a un paulatino proceso de abstracción y simplificación de formas, visible por ejemplo en Presencia del negro con ocre y azul (1957). Esas obras anuncian su viraje hacia la primacía de las masas cromáticas extendidas en la superficie, las cuales revelan una voluntad de aproximación a la pintura gestual y su vocación por una pintura mural, como en Green variation (1962), Brecha negra (1963) o Sacromonte (1963-1964).

Sin ser propiamente un artista exiliado del franquismo y realizando una pintura sin conexiones temáticas ni pretensiones dramáticas, España y Granada aparecen como asunto en su trabajo en los años previos a su regreso, como ejemplifica Andalucía aparición (1964). Las referencias formales a paisajes granadinos y el incremento de la tensión de la pincelada marcan su obra hasta 1970, patente en Brecha de Víznar (1966), Tanto monta, monta tanto, (1966c) o Levante (1969). Ese año inicia una nueva etapa cuyo punto de inflexión es la serie Fosforescencias, a la que le sigue un conjunto de obras con el tema (y el motivo) del arco. Posteriormente el orden compositivo, el domino de la mancha de color y su idea del cuadro como arquitectura mural se convierten en el fundamento de su trabajo, tal como muestra Canciones de color (1990)

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisariado: 
Marta González Orbegozo. Comisariado adjunto, Belén Diaz de Rábago
Itinerario: 

Hospital Real y Centro Cultural de la Caja de Ahorros de Granada (20 mayo - 20 julio, 1994); Sala La Granja, Santa Cruz de Tenerife (21 octubre - 19 noviembre, 1994); Centro de Arte La Regenta, Las Palmas de Gran Canaria (25 noviembre - 8 enero, 1994-95)

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