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Jaume Plensa. Chaos-Saliva

3 febrero - 26 abril, 2000
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Palacio de Velázquez, Parque del Retiro, Madrid

Desde sus comienzos como escultor, Jaume Plensa (Barcelona, 1955) no cesa en su investigación sobre las cualidades físicas de los materiales y la búsqueda del espacio como energía. Esta investigación provoca una evolución desde la escultura más objetual, hasta aquella concebida como arquitectura e instalación, que proporciona una vivencia al espectador.

Esta exposición, la primera retrospectiva del artista en Madrid, se concibe como un montaje específico para el Palacio de Velázquez. La muestra está compuesta por veintinueve obras de gran formato, que abarcan cronológicamente diez años de trabajo del artista catalán. Durante este periodo, Plensa evoluciona de modo radical desde la obra en hierro Prière (1989), hasta las piezas creadas en parafina, alabastro, nylon o vidrio.

Los contrastes son una parte esencial de la exposición: lo amplio y lo angosto, el movimiento frente a la permanencia, la oscuridad y claridad, la materialidad contra la inmaterialidad y el sonido frente al silencio. Todos ellos son conceptos que forman parte del trabajo escultórico de Plensa, a los que suma el lenguaje como un elemento más. Las palabras, textos y versos que aparecen en sus obras proporcionan a los materiales propiedades específicas e influyen directamente en sus cualidades sonoras, como en las obras Full Contact (1999) o Love Sounds (1998), que se compone por cinco cabinas en las que se pueden escuchar los sonidos interiores de diferentes partes del cuerpo del artista.

El título de esta exposición viene dado por la obra Chaos-Saliva de 1999, compuesta por gongs puestos a disposición del público, que puede hacerlos sonar. Plensa se vincula con los surrealistas por la búsqueda en el lenguaje plástico de la contaminación con otras disciplinas como la poesía o la música. Esta preocupación en abrir la escultura y la pintura al lenguaje, al sonido y al espacio, se observa también en la obra de Antoni Tàpies -expuesta de manera simultánea a esta exposición en las salas del edificio Sabatini- y en la de Eduardo Chillida y, a la inversa, se advierte en el mundo poético de Joan Brossa. Con los dos primeros Plensa comparte su desconfianza en la concepción puramente formal del arte y la búsqueda de un sentido oculto tras la forma hermética. El budismo zen y la tradición mística española también inspiran al artista catalán, como se evidencia en la instalación Wispern (1998), en la que se puede oír el sonido de las gotas al caer en los platillos dispuestos sobre cazuelas de cobre. También se advierte el influjo en obras anteriores, como Mémoires jumelles (1992), donde expone diferentes objetos colocados al extremo de tensores.

Sus piezas, en delicado equilibrio entre la rigidez formal y la narración poética, reivindican la belleza y articulan espacios experimentales, que se ofrecen al espectador a modo de íntimo diálogo. Su escultura cuenta con la literatura y, más en concreto, la poesía como un elemento esencial de su trabajo, en el que reflexiona acerca de las experiencias fundamentales de la existencia humana.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisariado: 
Carsten Ahrens
Artistas

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