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Benjamín Palencia y el Arte Nuevo. Obra 1919-1936

19 septiembre - 27 noviembre, 1995
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Edificio Sabatini, Planta 4

La renovación del arte español en el primer tercio del siglo XX pasa por la figura de Benjamín Palencia (Barrax, Albacete, 1894-Madrid, 1980), quien por su zigzagueante trayectoria, reflejo del espíritu de época que pretende aunar vanguardia y tradición, participa de la diversidad de escenarios, lenguajes y temas que configuran el denominado Arte Nuevo español. Éste, defendido por José Ortega y Gasset, Moreno Villa y Manuel Abril entre otros, refiere a “la vinculación del arte realizado en el interior de la geografía española con la vanguardia y el Movimiento Moderno europeos”, como señala el crítico de arte Eugenio Carmona. 

La exposición que organiza el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía presenta a la pintura de Palencia como principal argumento. A partir de más de cien obras (óleos y trabajos en papel, incluidos unos collages y fotomontajes que evidencian su proximidad conceptual al surrealismo y la huella de Miró), pretende ser una revisión estética y crítica del artista, situándole en el centro de los debates en los que se está gestando el arte moderno español en los años previos a la Guerra Civil.

El recorrido por la trayectoria de Benjamín Palencia se jalona de aquellos episodios de la crítica y del arte españoles acaecidos durante esos años. Así, esta exposición da cuenta de la inserción de Palencia en el panorama artístico e intelectual madrileño hacia 1919 de la mano de Juan Ramón Jiménez, quien propugna un retorno al orden y un nuevo clasicismo, como se aprecia en El encuadernador (1919). Además, la muestra recoge su participación en la Exposición de la Sociedad de los Artistas Ibéricos (1925), momento en el que su trabajo se atiene a una tradición figurativa depurada y de corte tardocubista que encuentra en Pablo Picasso, Juan Gris y Daniel Vázquez Díaz sus inmediatas referencias, como Bodegón cubista (1925) o Altea (1926). También, en esta exposición queda reflejada la prolongada estancia de Palencia en París (1926-1928), que conlleva una proximidad real y estilística a Picasso -formas líticas de reminiscencias prehistóricas como en Tauromaquia (1933)- y a Miró, además de la recepción de su obra -considerada ejemplo de abstracción lírica- desde la revista Cahiers d´Art. Del mismo modo, esta muestra destaca el papel de Benjamín Palencia en la fundación de la Escuela de Vallecas; su contacto con Joaquín Torres García durante la puesta en marcha de su Grupo Constructivo en Madrid (1933) y ya hacia 1934, el radical giro hacia un lenguaje figurativo sustentado en: la geometría matemática, el número y en una pulcritud realista, de lo que es ejemplo La espigadora y dos muchachos (1936).

La basculación entre lenguajes y la experiencia parisina (André Masson, Pablo Picasso) desemboca, a finales de los años veinte, en la formulación de un lenguaje original que supone la vuelta a la naturaleza, para así replantear el problema pictórico desde el principio, sin cargas teóricas. La naturaleza además de tema la asume como principio, lo que deriva en bodegones matéricos como Dibujo en la arena (1930) y en la decantación por un vocabulario abstracto y sintético de formas orgánicas y primigenias, además de pictografías como Paisaje geológico (1931). Esta sintaxis, como la paleta y las texturas, subyacen en sus paisajes castellanos que como en el caso de Tierras silúricas (Las perdices) (1931), están sustentados en el reconocimiento estético de la naturaleza agraria.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Bancaja Obra Social
Comisariado: 
Paloma Esteban
Itinerancia: 

Salas de Exposiciones Obra Social Bancaja en Valencia, Albacete, Castellón, Murcia, Valladolid, Vigo, León y Santander

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