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Versolaris

  • Fecha: 
    1913
  • Técnica: 
    Óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 
    165 x 237 cm
  • Categoría: 
    Pintura
  • Año de ingreso: 
    1988
  • Observaciones: 
    Año de ingreso: 1988 (procedente de la ordenación de fondos del Museo Español de Arte Contemporáneo, MEAC)
  • Nº de registro: 
    AS00203
No existen hasta el momento muchos estudios en profundidad sobre la obra de Valentín Zubiaurre. Kosme de Barañano, sin embargo, acierta en la descripción estilística de las creaciones del pintor vasco cuando asegura que «En su pintura Valentín Zubiaurre seduce por la estabilidad de su composición, por esa monotonía bizantina que se enfrenta a la vita­lidad de la pintura moderna (la de las vanguardias de principios de siglo). […] no se lanza a la ruptura de los fauves ni del cubismo sino que compone iconos de la aldea perdida (vasca o segoviana) como cuadros de devoción del pueblo llano elevado a estampa noble. Zubiaurre crea un naturalismo de lo que se pierde en el siglo XX, un viaje a oriente en el interior de la aldea vasca o caste­llana. Multiplica indefinidamente estos iconos de un tiempo que se pierde en el auge de la modernidad». En Versolaris (1913) -o Bertsolaris, según la grafía autóctona- se dan esas premisas estilísticas y conceptuales apuntadas por Barañano, relatándose, a manera de friso, una típica escena rural de Euskal Herria, en la que los personajes aparecen recortados sobre un peculiar paisaje, a medias simbolista y a medias reflejo fiel de la realidad. Tradicionalmente, improvisando sus creaciones aunque respetando también una serie de reglas métricas, los bertsolaris vascos han venido desgranando sus versos con agudeza e ingenio. En el siglo XIX el bertsolarismo alcanza un especial auge, y aunque sus principales integrantes se adscriben al género masculino, las mujeres participaron asimismo desde siempre en estas diversiones populares. Según parece, la participación femenina se remontaba ya al siglo XV, y debió ser tan significativa que el Fuero de Vizcaya, en 1452, llegó a prohibir «los cantos y coplas públicas de las mujeres». A pesar de ello, la intervención de estas debió seguir siendo bastante destacada, tal como evidencia la pintura objeto de este comentario.

Paloma Esteban Leal

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