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Mujer y política

EL CAMINO HACIA LA PLENA CIUDADANÍA

El terreno labrado por pioneras defensoras del feminismo como Teresa Claramunt, Carmen de Burgos o Emilia Pardo Bazán dio frutos durante los años de la II República. Los sucesivos gobiernos que ostentaron el poder desde 1931 y hasta el final de la Guerra Civil tomaron medidas reformistas que se materializaron en leyes que intentaron avanzar hacia la igualdad de las mujeres y el reconocimiento de sus derechos en los órdenes político, civil y social. Dichas leyes contrastaban con la realidad de una sociedad todavía poco preparada para estos avances, si bien las circunstancias de la Guerra Civil motivaron la movilización de muchas mujeres y su incorporación a actividades antes vetadas para ellas.

Voto femenino

Símbolo del feminismo desde las acciones reivindicativas de las primeras sufragistas, el voto femenino ha sido de los derechos políticos más debatidos. En las elecciones generales del 28 de junio de 1931, las mujeres todavía no podían votar, pero sí ser elegidas como diputadas, por el Decreto del 8 de mayo que ratificaba el sufragio pasivo. La aprobación del voto femenino se consiguió en el Congreso en la sesión parlamentaria del día 1 de octubre de 1931, gracias a las intervenciones de Clara Campoamor, enfrentada incluso a su propio partido. Aunque una amplia mayoría de parlamentarios reconocían el derecho de todas las mujeres a votar en las elecciones, muchos opinaban que aún no era el momento de concederlo, pues temían que los partidos de izquierdas salieran perjudicados —tal fue la postura defendida por Victoria Kent o por Margarita Nelken, las otras dos diputadas de la legislatura—. Las Cortes Constituyentes terminaron aprobando el sufragio universal, que fue recogido en el artículo 36 de la Constitución de 1931. Las mujeres españolas pudieron votar por primera vez en las elecciones legislativas del 19 de noviembre de 1933, en las que obtuvo mayoría la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA); y por segunda vez el 16 de febrero de 1936, con la victoria del Frente Popular, la coalición de partidos de izquierda.

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Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes, Legislatura de 1931-1933, n.º 48, 1 de octubre de 1931. Cortesía del Congreso de los Diputados. Departamento de Archivo

Josefina Carabias, "¡Mujeres, a votar!", Estampa: revista gráfica y literaria de la actualidad española y mundial, n.º 276, 22 abril, 1933 (Portada y reportaje). Madrid: Suc. de Rivadeneyra, 1928-[1938?], (Fotografías de Saus y Amado y Cacho). Fondos del Centro de Documentación del MNCARS

Acceso a la política

Desde la aprobación del sufragio pasivo, nueve fueron las diputadas elegidas a lo largo de las tres legislaturas de la II República. Entre ellas, puede destacarse a Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken, Matilde de la Torre, María Lejárraga y Dolores Ibárruri. Durante los años de la Guerra Civil, algunas políticas alcanzaron mayor fama y notoriedad, como por ejemplo Federica Montseny, quien estuvo al frente del Ministerio de Sanidad en el Gobierno presidido por Largo Caballero, o Dolores Ibárruri, Pasionaria, cuya figura experimentó una suerte de mitificación como mater dolorosa laica, en sintonía con sus discursos y escritos, en los que eran recurrentes las referencias a las madres como heroínas sufrientes. Tanto Ibárruri como Montseny focalizaron sus esfuerzos en la lucha general antifascista, sin incidir de manera significativa en las cuestiones específicas de las mujeres. Por su parte, Margarita Nelken fue elegida diputada en las tres legislaturas y publicó sus análisis de la realidad política y social, con especial atención a la situación femenina en títulos como La condición social de la mujer en España (1919) o La mujer ante las Cortes Constituyentes (1931).

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Milicianas

Durante los primeros meses de la Guerra Civil tiene lugar una importante movilización de mujeres que quisieron participar en los combates armados en defensa de la República, muchas de ellas comprometidas y afiliadas a partidos políticos y organizaciones obreras. En un primer momento, la figura de la miliciana se convirtió en un símbolo de valor y heroicidad que ilustró numerosos carteles y portadas de revistas republicanas, mientras que desde el bando sublevado se publicaban caricaturas, parodias y se alimentaba una campaña de desprestigio. Más grave y contradictoria fue la desconfianza hacia las milicianas en el seno del bando republicano, donde se dio pábulo al infundado temor por la propagación de enfermedades venéreas entre los soldados. En el otoño de 1936 el Gobierno republicano decretó los requisitos para constituir el Ejército Popular y se prohibió la presencia de mujeres en las milicias. A partir de entonces el nuevo lema “Los hombres al frente, la mujeres a la retaguardia” terminó siendo asumido por todas las organizaciones femeninas.

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Acceso al trabajo

En el camino hacia la emancipación femenina hubo unanimidad en la fundamental importancia de invertir en una educación igualitaria y en la capacitación de las mujeres para el acceso al trabajo. Pilar Grangel fue una pedagoga que insistía en la necesidad de reformar la educación de las mujeres, sin distinción de clases ni profesiones, para que pudieran cumplir con su deber de trabajar. Un ejemplo de iniciativa puesta en práctica fue la del Casal de la Dona Treballadora, donde se impartían clases gratuitas de alfabetización, capacitación profesional y formación social.

Durante los años de la Guerra Civil se multiplicaron las posibilidades de acceso de las mujeres a puestos de trabajo en fábricas y talleres. Desde las asociaciones de mujeres, como la de Mujeres Libres, se reivindicaba el trabajo como derecho, rechazando que se limitara a una situación temporal provocada por el conflicto bélico y la consiguiente necesidad de sustituir en sus puestos a los trabajadores movilizados.

La Constitución de 1931 reconocía los derechos laborales sin distinción de sexo, “salvo las incompatibilidades que las leyes señalen”, pero no se logró una igualdad completa. Como ejemplo, si ya en 1919 Margarita Nelken denunciaba la desigualdad salarial que sufrían las trabajadoras, en 1937 las principales asociaciones de mujeres seguían señalando la misma discriminación.

A.M. Sol (Mauricio A. Sollín), La mujer y la guerra, 1937. Film Popular. Archivo Histórico del PCE

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Prostitución

El debate de la abolición de la prostitución ya se había planteado en las sesiones de las Cortes Constituyentes de 1931, pero finalmente no se recogió en la Constitución porque se prefirió optar por la adopción de medidas graduales. En los años de la Guerra Civil se produjo un cambio en la orientación del problema: tras años de estigmatización y persecución de las prostitutas, debido a un planteamiento hecho desde el higienismo y la preocupación por las enfermedades venéreas, las organizaciones de mujeres pusieron el foco en la protección de las mujeres obligadas a ejercer como trabajadoras sexuales. Desde este nuevo enfoque se implementó la iniciativa de los liberatorios de prostitución, centros que ofrecían la oportunidad de acoger y capacitar a las mujeres que quisieran pasar a ejercer otras profesiones. La impulsora de dicha iniciativa fue Amparo Poch y Gascón, médica y prolífica activista, que fue nombrada consejera de Asistencia Social por Federica Montseny. En 1937 Montseny explicaba su postura respecto a la prostitución en su conferencia “Mi experiencia en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social”. Siguiendo la línea manifestada en diversas publicaciones anarquistas como La Revista Blanca o Estudios, Montseny consideraba que debían producirse profundos cambios en la sociedad, tanto a nivel moral como económico y social, para poder resolver la cuestión de forma definitiva. Es interesante constatar cómo el debate en torno a la prostitución se retomó en la segunda ola del feminismo y continúa vigente en la actualidad.

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Sexualidad, familia

Debido al peso de la tradición religiosa en España, los temas relacionados con la sexualidad continuaron siendo tabú, pero existieron iniciativas como las Primeras Jornadas Eugénicas Españolas (1933) o las publicaciones de las editoriales Orto y Estudios que sí dieron espacio al debate de ideas sobre la libertad sexual o las cuestiones reproductivas, con la llamada maternidad consciente. Fue célebre la figura de la joven Hildegart (seudónimo de Carmen Rodríguez Carballeira), quien tuvo un activo papel en la divulgación de argumentos reformadores sobre educación sexual y control de la natalidad. Hildegart publicó numerosos artículos y monografías, como los libros Educación sexual (1931) y Paternidad voluntaria: profilaxis anticoncepcional (1931).

Algunas de las leyes republicanas que impulsaron avances en el ámbito de los derechos civiles y sociales fueron la Ley de Divorcio de 2 de marzo de 1932, la Ley de Matrimonio Civil de 28 de junio de 1932, o el Decreto de Interrupción Artificial del Embarazo de 25 de diciembre de 1936, de la Generalitat de Catalunya, tema en el que fue clave la figura del doctor Félix Martí Ibáñez. Pese a que la legislación sobre el aborto pretendía regular una práctica ya existente, su puesta en marcha no contó con un terreno suficientemente preparado. Este desfase entre las iniciativas legales y la realidad social se pudo observar en muchos ámbitos que afectaban a la consecución de la plena igualdad femenina.

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