Sala 002.04
8 ºC menos. Arquitectura y clima en la Expo 92

Esta sala reflexiona sobre cómo la Expo 92 aportó un contexto para la consolidación de la llamada arquitectura bioclimática, que replica procesos meteorológicos naturales en busca de condiciones de confort. Además, se indica cómo las edificaciones de aquel evento, muchas de ellas efímeras, anticiparon teorías actuales sobre la relación entre el desarrollo de la crisis climática y la extracción masiva de recursos en América, un proceso que la Expo indirectamente ensalzaba y que hoy se considera crucial para comprender el cambio climático. 

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Esta sala reflexiona sobre cómo la Expo 92 aportó un contexto para la consolidación de la llamada arquitectura bioclimática, que replica procesos meteorológicos naturales en busca de condiciones de confort. Además, se indica cómo las edificaciones de aquel evento, muchas de ellas efímeras, anticiparon teorías actuales sobre la relación entre el desarrollo de la crisis climática y la extracción masiva de recursos en América, un proceso que la Expo indirectamente ensalzaba y que hoy se considera crucial para comprender el cambio climático. Así lo subrayaba ya en 1992 la plataforma Desenmascaremos el 92, mientras que otros colectivos dentro del activismo ecologista denunciaban los efectos devastadores a nivel local de proyectos como la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Para el discurso oficial la prioridad fue sin embargo la mitigación de los efectos de la canícula sevillana sobre los futuros visitantes de la Expo. 

Todas estas tensiones se visibilizan en las propuestas urbanísticas y de acondicionamiento climático presentadas para la reordenación de la isla de la Cartuja, muchas de las cuales recurren al imaginario colonial: arquitecturas de inspiración precolombina conviven con grandes masas de agua que remiten al océano Atlántico. A los sistemas de refrigeración de los espacios abiertos, tales como pérgolas, micronizadores de agua o torres de refrigeración, se une el ajardinamiento del recinto, para el cual se recurre a plantas procedentes de diversos países americanos; una operación que evoca la extracción colonial de recursos. También la relación entre calor y subdesarrollo quedaba subrayada por propuestas como la del pabellón de Chile, que buscó desvincularse de esa pertenencia al sur geopolítico mediante la exposición de un iceberg trasladado a Sevilla con la intención de significarse como «un país frío y eficaz».

Con todo ello, la arquitectura en torno a la Expo 92 hacía bandera de una conciencia climática al tiempo que alimentaba ideológicamente una crisis ecológica y desvelaba las históricas tensiones Norte-Sur.

Esta sala reflexiona sobre cómo la Expo 92 aportó un contexto para la consolidación de la llamada arquitectura bioclimática, que replica procesos meteorológicos naturales en busca de condiciones de confort. Además, se indica cómo las edificaciones de aquel evento, muchas de ellas efímeras, anticiparon teorías actuales sobre la relación entre el desarrollo de la crisis climática y la extracción masiva de recursos en América, un proceso que la Expo indirectamente ensalzaba y que hoy se considera crucial para comprender el cambio climático. Así lo subrayaba ya en 1992 la plataforma Desenmascaremos el 92, mientras que otros colectivos dentro del activismo ecologista denunciaban los efectos devastadores a nivel local de proyectos como la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Para el discurso oficial la prioridad fue sin embargo la mitigación de los efectos de la canícula sevillana sobre los futuros visitantes de la Expo. 

Todas estas tensiones se visibilizan en las propuestas urbanísticas y de acondicionamiento climático presentadas para la reordenación de la isla de la Cartuja, muchas de las cuales recurren al imaginario colonial: arquitecturas de inspiración precolombina conviven con grandes masas de agua que remiten al océano Atlántico. A los sistemas de refrigeración de los espacios abiertos, tales como pérgolas, micronizadores de agua o torres de refrigeración, se une el ajardinamiento del recinto, para el cual se recurre a plantas procedentes de diversos países americanos; una operación que evoca la extracción colonial de recursos. También la relación entre calor y subdesarrollo quedaba subrayada por propuestas como la del pabellón de Chile, que buscó desvincularse de esa pertenencia al sur geopolítico mediante la exposición de un iceberg trasladado a Sevilla con la intención de significarse como «un país frío y eficaz».

Con todo ello, la arquitectura en torno a la Expo 92 hacía bandera de una conciencia climática al tiempo que alimentaba ideológicamente una crisis ecológica y desvelaba las históricas tensiones Norte-Sur.

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