Sala 002.01
Globalidad y alteridad

Desde finales de los años ochenta, artistas e intelectuales de distintas latitudes denunciaron cómo ciertas promesas de emancipación ocultaban renovadas dinámicas de control político y económico por parte de los países del norte geopolítico. Se desvelaba así de qué manera el colonialismo tradicional se había transformado en expansión de los mercados en un mundo marcado por un creciente liberalismo económico.

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Sala 002.01

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Desde finales de los años ochenta, artistas e intelectuales de distintas latitudes denunciaron cómo ciertas promesas de emancipación ocultaban renovadas dinámicas de control político y económico por parte de los países del norte geopolítico. Se desvelaba así de qué manera el colonialismo tradicional se había transformado en expansión de los mercados en un mundo marcado por un creciente liberalismo económico.

En ese contexto resultaban urgentes los debates acerca de las identidades culturales y de las realidades de las periferias en sustitución del idealismo de los procesos de independencia y de los relatos de la nación poscolonial como totalidad inclusiva de todas las vidas, cuerpos y subjetividades habitantes dentro de sus fronteras. Esos otros, fuera del eje euroestadounidense, comenzaron a buscar espacios propios de representación y emergencia en un nuevo orden mundial que les era hostil. En paralelo, las teorías poscoloniales y de la alteridad penetraban tímidamente en la academia.

Esta trama intelectual y política tuvo su reflejo, en 1989, en iniciativas como la Tercera Bienal de La Habana, muestra de una imagen global del arte ─especialmente de los entonces llamados países del Tercer Mundo o en vías de desarrollo─ desde un país fuera del norte geopolítico que sufría las consecuencias de la caída del bloque socialista en Europa del Este. Resulta esclarecedor el contraste entre esta y otra exposición de ese mismo año: Magiciens de la terre que, organizada por el Centre Pompidou de París, combinaba a artistas «occidentalizados» con «no occidentalizados» pero sin conseguir trascender una imagen exotizante de los territorios descolonizados.

El discurso poscolonial enunciado desde la antigua metrópoli mantuvo un imaginario que evocaba las pasadas dinámicas de dominio sobre otros territorios. Al tiempo que, por su parte, artistas activos en geografías antes ajenas al sistema internacional del arte (Asia-Pacífico, África o América Latina) planteaban nuevas formas de resistencia cultural y mostraban el desencanto por frustrados procesos de democratización.

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