Sala 001.09
Arte apartamento

Al otro lado del telón de acero, una serie de artistas buscan alejarse del realismo socialista y repensar la política de creación de obras, su exposición y circulación más allá de las instituciones. Ante el control y la ausencia de apoyo por parte de los organismos públicos, los apartamentos, estudios, la calle y otros espacios al aire libre se convierten en escenarios para el encuentro, así como para la producción y difusión de propuestas artísticas. Algunas de estas provocadoras acciones y «antiexposiciones» tienen tintes subversivos y no tardan en entrar en conflicto con las autoridades.

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Sala 001.09

Al otro lado del telón de acero, una serie de artistas buscan alejarse del realismo socialista y repensar la política de creación de obras, su exposición y circulación más allá de las instituciones. Ante el control y la ausencia de apoyo por parte de los organismos públicos, los apartamentos, estudios, la calle y otros espacios al aire libre se convierten en escenarios para el encuentro, así como para la producción y difusión de propuestas artísticas. Algunas de estas provocadoras acciones y «antiexposiciones» tienen tintes subversivos y no tardan en entrar en conflicto con las autoridades.

En el bloque soviético, durante el turbulento verano de 1968, estudiantes e intelectuales polacos reclaman en las calles mayor libertad. Tras sofocar la revuelta, el gobierno prohíbe las reuniones de más de tres personas. En reacción, Edward Krasinski y un grupo de amigos desafían al régimen organizando Adiós a la primavera, un baile a medio camino entre la instalación, el acontecimiento y la fiesta. Destacada figura de la vanguardia de Polonia de los años sesenta y setenta, Krasinski se centra a partir de ese momento en la transformación de su entorno inmediato. Interesado en la escultura como línea, introduce la cinta adhesiva azul en su producción. Con este material sencillo, conecta distintos objetos y espacios. Uno de ellos es su estudio de Varsovia, donde vive, trabaja y acoge reuniones de artistas, escritores e intelectuales.

El taller de Geta Bratescu, una de las más importantes creadoras conceptuales en Rumanía, se convierte en un tema artístico en sí mismo. Bratescu pasa gran parte de su vida laboral bajo el régimen comunista. En Bucarest desarrolla una práctica profundamente personal, centrada en temas de identidad y género. Además de su propio cuerpo, incorpora materiales sencillos y cotidianos en su estética artesanal y manual. Su estudio es el ambiente seguro en el que crea obras de forma independiente y, a la vez, un espacio en movimiento, escenario de acciones y performances.

En la no alineada Yugoslavia, la obra de Mladen Stilinović también cuestiona las normas sociales, políticas e ideológicas, así como los cánones del arte. De 1975 a 1979 forma parte de un colectivo asentado en Zagreb que organiza acciones-exposiciones en el espacio público. Stilinović se sirve de cualquier recurso técnico o formal —collages, pinturas, fotografías, libros de artista, instalaciones, acciones, películas— para satirizar la realidad, desde el socialismo de la antigua Yugoslavia al capitalismo neoliberal, reafirmando la autonomía del artista con respecto al trabajo alienado y a la sociedad de producción.

También Sanja Iveković inicia su carrera artística en la Yugoslavia socialista de los años setenta. Trokut (Triángulo, 1949) documenta la performance realizada por la artista en el balcón de su apartamento en Zagreb, en 1979, con ocasión de la visita del presidente Tito a la ciudad. Iveković compagina la lectura de un libro con lo que parece un acto de masturbación, y es obligada por la policía a terminar su acción pasados pocos minutos. La obra confronta espacio público y privado y ejemplifica tanto el activismo político crítico al régimen como el interés de la artista por cuestiones de género.

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