Sala 001.05
Saludos a los nuevos puritanos

Identificadas con el movimiento punk y pospunk y su actitud transgresora y contestataria del statu quo, desde mediados de los años 70 las nuevas generaciones toman la palabra. En paralelo a un creciente empoderamiento de las minorías sexuales, una serie de propuestas artísticas se vale del cuerpo como herramienta de acción poética y política. Estas prácticas de desobediencia expresan el descontento con las instituciones y apuestan por la subversión de la moral conservadora y heteronormativa. En algunos casos, proponen formas del deseo que trastornan la estabilidad del binomio masculino-femenino.

Imágenes de la sala

Sala 001.05
Sala 001.05

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Identificadas con el movimiento punk y pospunk y su actitud transgresora y contestataria del statu quo, desde mediados de los años 70 las nuevas generaciones toman la palabra. En paralelo a un creciente empoderamiento de las minorías sexuales, una serie de propuestas artísticas se vale del cuerpo como herramienta de acción poética y política. Estas prácticas de desobediencia expresan el descontento con las instituciones y apuestan por la subversión de la moral conservadora y heteronormativa. En algunos casos, proponen formas del deseo que trastornan la estabilidad del binomio masculino-femenino.

Hail the New Puritan (Saludos a los nuevos puritanos, 1985-1986), ficción documental de Charles Atlas que da título a esta sala, está cargada de erotismo, provocación y humor. Mientras describe un día en la vida del celebrado bailarín y coreógrafo escocés Michael Clark, Atlas conduce al espectador por la subcultura pospunk queer londinense de la década de 1980 en toda su extravagancia: del estudio de danza y los ambientes domésticos a las calles y discotecas de la ciudad.

En el contexto español de la Transición, la sala de conciertos Rock-Ola se convierte en uno de los epicentros de la efervescencia musical y comportamental de los jóvenes madrileños. Punto de encuentro para bailar las últimas novedades llegadas de Londres, allí se juntan punks, rockers, mods, artistas e intelectuales —distintas tribus registradas por la lente del fotógrafo Miguel Trillo—. El eclecticismo es la seña de un lugar en el que se forjan diversas bandas locales y por cuyo escenario pasan muchos de los grandes grupos internacionales de los ochenta.

La pintura de Patricia Gadea también nace en ese momento de euforia y experimentación de las libertades a la vez que reflexiona de modo crítico sobre la cara b del nuevo contexto español. Su estancia en Nueva York, a finales de la década de 1980, supone un punto de inflexión y una mayor politización de su lenguaje. Del otro lado del Atlántico, David Wojnarowicz es uno de los protagonistas del excitante entorno social y cultural del East Village neoyorquino. Cargado de melancolía, su trabajo da testimonio de la transformación de la ciudad, y, consecuentemente, de la disolución de la colectividad artística forjada en décadas anteriores, definida por la precariedad económica y el ánimo contestatario, colaborativo y experimental. Wojnarowicz representa también la lucha desde el arte contra la estigmatización de la comunidad homosexual y del sida, causante de su prematura muerte en 1992.

Para muchos artistas el espacio público es el lugar para manifestarse ante un sentimiento de disconformidad, no pertenencia y privación de libertad sexual. El colombiano Miguel Rojas o los integrantes del Movimento de Arte Pornô brasileño advierten de que el confinamiento de la sexualidad a lo privado esconde una manera de disciplinar el cuerpo. Rojas indica lugares de encuentro para quienes practican otras formas de sexualidad, mientras que desde Brasil se proponen modos de contrapornografía como medio de lucha política e instrumento artístico.

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