Rita Marcotulli Fecha:29 de abril de 2010 Después de completar estudios en el Conservatorio de Santa Cecilia en Roma y dejar atrás el capricho de dedicarse a la interpretación de música popular brasileña, se apoyó, en primer lugar, en el aprendizaje realizado junto a maestros del jazz foráneo. Rita Marcotulli se halla, en efecto, en posiciones de cabeza entre los músicos que, durante los 80, más a menudo fueron reclamados para actuar junto a Joe Henderson, Chet Baker, Steve Grossman, Joe Lovano, Kenny Wheeler o Charlie Mariano. Aprendidas las claves de la veteranía, se embarcó en un viaje a Suecia, país donde permaneció por espacio de seis años en una experiencia que marcaría decididamente su evolución musical como pianista y como compositora. Su inquietud saltaba así fronteras, valiéndole la alta consideración del baterista Billy Cobham que, en 1988, cubrió con ella la vacante del pianista en sus grupos. Paralelamente, Rita trabajó también con Nils Petter Molvaer, Anders Jormin y Palle Danielsson, todos músicos bien conocidos —y reconocidos— de la escena escandinava. Sus inquietudes no se detuvieron ahí, no obstante: mediados los años 90 regresó a Italia donde empezó a desarrollar sus propios proyectos, colaboró con Pat Metheny y formó parte de un programa presentado en el Teatro Olímpico de Vicenza, que anunciaba un concierto para tres pianos: el suyo y los más experimentados de Paul Bley y John Taylor. Aún hay, sin embargo, algo más sorprendente que convierte a Rita Marcotulli en una intérprete a seguir, haga lo que haga. Además de su propia discografía —bastante regular en diversas firmas; la francesa Label Blue una de las más habituales—, ha desarrollado trabajos altamente interesantes en dúo con Andy Sheppard, el guitarrista de origen vietnamita Nguyên Lê y con el mencionado Anders Jormin. Tantas singularidades en confluencia no podían sino producir una singularidad mayor que ahora, en estas notas urgentes, desemboca en el recuerdo de algunos álbumes esenciales en su itinerario. |
Tingvall Trio Fecha: 25 de abril de 2010 Lejos de acomodarse, sin embargo, y sacar réditos a un presente esplendoroso, esta gente no baja el pistón y continúa proyectando y presentando sorpresas. Como el mismo Martin Tingvall concluye: “Intento hacer todo lo que puedo para viajar cada día a lo inesperado, y para que el viaje sea una auténtica aventura”. Este pianista sueco, que gusta de estar en compañía de quienes como él desafían lo imposible, se presenta ahora en Madrid al frente de su trío, una formación que creció en las escenas de St. Pauli, en Suecia, para, muy pronto, en 2006, recibir toda clase de parabienes críticos con motivo de su presentación en el Festival de Jazz de Hamburgo. Las sencillas formulaciones melódicas de los inicios habían dado paso a complejas y atractivas elaboraciones; las rigideces interpretativas de antaño eran ahora una fabulosa máquina de crear música con mayúsculas. Y así fue reconocido a través de las ventas de sus primeros trabajos discográficos y de las giras mundiales desatadas tras estas ediciones. El perfil de los fans del Tingvall Trio procede, esencialmente, de tres sectores. De un lado, jóvenes aficionados que se interesan por el jazz. Por otro, veteranos conocedores del estilo que reconocen a este grupo como un renovador de ley. Finalmente, amantes de músicas populares como el rock interesados en las originales opciones instrumentales ejercitadas por cualquiera de estos tres músicos. A propósito de ellos, bueno es saber que el Tingvall cumple con todos los requisitos para ser calificado como una banda multicultural: el contrabajista Omar Rodríguez Calvo es cubano, y el baterista Jürgen Spiegel es alemán. El trabajo en equipo del Tingvall es extraordinario, repleto de complicidades. Mucho se ha comparado a esta formación con el Esbjörn Svensson Trio, aunque lo cierto es que estos últimos abundaban en múltiples aventuras eléctricas, a diferencia del Tingvall, estrictamente acústico. El resultado está documentado en cada uno de sus discos, con especial atención al último, Vattensaga, grabado en Italia bajo la supervisión de Stefano Amerio, famoso por sus cristalinas producciones para la exquisita fonográfica ECM. Parte de los beneficios de Vattensaga se destinan, además, a una buena causa: suministrar fondos a la ONG de Hamburgo Viva con Agua, empeñada en evitar la contaminación del líquido elemento en el mundo. |
Terje Rypdal Fecha: 10 de abril de 2010 Asomada desde tres puntos cardinales al Skagerrak y a los océanos Ártico y Atlántico, Noruega encuentra a través del este un hueco en la sección atlántica de la península escandinava. El paisaje montañoso, elevado y abrupto de la franja sudoccidental es reemplazado hacia la sudoriental por formas más suaves, con altiplanos intercalados por glaciares, de tanto en tanto interrumpidos por valles estrechos y encajados, cuyas secciones inferiores, bañadas por el mar, forman los célebres fiordos. De un lugar así, inevitablemente, tenía que salir una música diferente, condicionada por el clima relativamente benigno del país y por una idiosincrasia en parte deudora de las gestas llevadas a cabo por los normandos doce siglos atrás Emocionalmente estrecha, su vinculación con la obra de su progenitor, Takob J. Rypdal, no oculta, sin embargo, que su antecedente musical más intenso, tal vez, haya que buscarlo —como el de muchos de sus compatriotas por otra parte— en la obra de Edward Grieg, a quien muchos tienen por el más preciado valor que la memoria musical noruega atesora. Rypdal, no obstante —innecesario es decirlo— aprovecha esa fascinación por la música nacionalista para renovarla con su guitarra Stratocaster, aportándole sugerencias melódicas foráneas (Penderecki, Coltrane, George Russell, Hendrix, Mahler…) incentivadas en todo momento por una creatividad merecedora de innúmeros elogios y atenciones. Definitivamente respaldado por una técnica interpretativa cuyos recursos expresivos —pese a extender tentáculos a Jimi Hendrix y a Hank Marvin, de The Shadows— no se parecen en nada a los de nadie, desde sus comienzos profesionales en The Vanguards y, más tarde, en los grupos de Jan Garbarek y George Russell, Terje Rypdal ha frecuentado la música fundamentalmente a través de tres frentes muy distintos entre sí: jazz, rock y música sinfónica. A propósito de este detalle, el músico declara: “En lo que concierne a la tonalidad y la forma, existen conexiones muy claras entre las concepciones del jazz y la música sinfónica”. Y, para validarlo, una extensa discografía le respalda. Whenever I seem to be far away (1974), Odyssey (1975), Waves (1978), Descendre (1980), Blue (1987), If mountains could sing (1994) o Lux Aeterna (2000) son solo algunos títulos; hay más. Y es oportuno añadir los trabajos grabados en colaboración con David Darling (Eos, de 1984), Barre Phillips (Three day moon, de 1978), Miroslav Vitous y Jack DeJohnette (Rypdal / Vitous / DeJohnette, de 1979) y, aún, con el pianista Ketil Bjonrstad (Water stories, de 1993, y las dos entregas de The sea, de 1995 y 1998, respectivamente).
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Posé-Salvador-Roper Trio Fecha: 8 de abril de 2010 Al margen de su actividad en este género, Iñaki Salvador (San Sebastián, 1962), que también tiene su corazón repartido con la docencia, ha realizado composiciones y arreglos para espectáculos de teatro y danza en compañías como Tanttaka, Trapu Zaharra y Ur Teatro, entre otras. Su currículo incluye, igualmente, composiciones para el cine, la radio y la televisión. Y dispone de una discografía que, sólo como invitado, arroja un saldo de más de sesenta títulos, gracias a colaboraciones como las desarrolladas para artistas como Luis Eduardo Aute, Mikel Laboa, Oskorri, Imanol, Golden Apple Quartet, Txomin Artola y Mikel Markez, entre otros. Como titular, su discografía no es menos sugerente. Ofrece directos como su primer álbum, Oraín, grabado junto a Jorge Pardo en el Club Altxerri de San Sebastián; música teatral como la que sirvió de soporte para los montajes de Novecento, El pianista del Océano y Te doy una canción; grabaciones de estudio a piano solo (Piano solo), en orden de noneto (Faro), y otras que, como las que realizó para el espectáculo de danza Zilbor Hestea, recreaban estándares de la música popular vasca. Todo hace pensar —y así es realmente— que estamos ante un jazzista de fina ley y un músico panorámico sin demasiados referentes. En la actualidad, Iñaki Salvador amplía méritos al frente de un trío de altos vuelos. Se trata del que le sitúa al lado de Francis Posé en el contrabajo, y Pepe Vázquez “Roper” a la batería. Este trío, que comparte gusto por la fusión flamenca y el folclore vasco, tiene una firme voluntad: conciliar la sonoridad de sus propias piezas con los reconocibles jirones líricos del compositor Jesús Guridi. Jazz hecho en casa, del que ebulle cuando se muestra con rítmica endiablada y activa la memoria evocando el vasto catálogo de melodías locales.
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Louis Sclavis Quintet Fecha: 6 de abril de 2010 Tras su paso por el Workshop de Lyon, Le Marvelous Band y La Marmite Infernale, dio sus primeros pasos profesionales mostrando inusual inteligencia en la labor de selección de sus compañeros de aventura. Sus encuentros, finalizando los años 70, con Didier Levallet, Bernard Lubat o Michel Portal coinciden con sus trabajos como outsider para formaciones como la de los Brotherhood of Breath, de Chris MacGregor, o el cuarteto de Henri Texier. Fruto de este esfuerzo son sus colaboraciones junto a torres de alta tensión de la música improvisada como Peter Brötzman, Tony Oxley o Evan Parker, y, antes, en 1982, la creación de su primer grupo, Le Tour de France, que le puso al frente de otros seis músicos originarios de diferentes lugares de Francia. Sclavis, sin embargo, estaba llamado a participar en empresas de mayor rango. Y, mientras le llegaba ese momento, decidió grabar en solitario un disco titulado Clarinettes, antecedente de un dilatado serial de grabaciones y proyectos que, en el transcurso de todos estos años, han encontrado en el formato instrumental más inusual uno de sus mayores valores. Dobles tríos, dúos, septetos y quintetos de clarinetes, se entrecruzan con la producción de una exquisita creación camerística, cuyo epicentro sonoro de cuerda y viento ha recibido todos los elogios y galardones imaginables; entre los últimos, el Django Reinhardt, en 1988, al mejor músico del jazz francés; el British Jazz Award 1990-91 al mejor artista extranjero, el de la Bienal de Barcelona y el Django d’Or, en 1993, al mejor disco francés de jazz. A propósito de sus grabaciones, bueno es saber que la carrera discográfica de Louis Sclavis es más que estable. No transcurre un año sin que registre —a su nombre o al de otros— al menos un disco, y en todos ellos el artista sabe destapar un talento que siempre aporta sustanciosas novedades sobre lo ya grabado, y sugiere curiosidad por lo que sobrevendrá en adelante. Música de acordes duros, dentados e impares, ahora al servicio de un quinteto con el que Sclavis viene a demostrarnos que, con él, es posible tener diferentes estilos en uno solo. Las publicaciones especializadas le sitúan en un listado en el que se encuentran los cinco jazzistas más influyentes de Europa. No exageran. Prueben a escucharle en las piezas —casi todas de su autoría— del disco Lost on the way, que ahora viene a presentar, y sabrán lo que es obtener el extraño consenso laudatorio al que todos aspiramos. |
Eurojazz 2010
Tipo de actividad: Conciertos de jazz El jazz ha fortalecido su identidad en convivencia con las nuevas formas de vida social desarrolladas en Occidente. Es un estilo con visado de viaje permanente, permiso de residencia y, por lo tanto, con muchas cunas. Y también destinos. Este detalle da la impresión de que pasase inadvertido para algunos jazzistas europeos, que interpretan con gramática de método estadounidense. Por fortuna, siempre hay artistas que se afanan por ocultarse del contagio foráneo y rebuscan en el territorio de la diferencia, que es el mismo en el que coinciden los grandes creadores de cualquier tiempo y lugar. Desde su primera convocatoria, Eurojazz orienta su filosofía programadora hacia los músicos del ámbito continental europeo. No es asunto baladí, para un festival de estas características, un cartel artístico que busque acordar el lenguaje del jazz con la identidad cultural europea. Y menos aún si los resultados demuestran que hay algo más que un boceto liviano debajo de la idea, que no se trata sólo de poner en marcha un festival de ocasión, sino de un proyecto real, sentido y respaldado por algunos de los músicos más valiosos del grueso catálogo de jazzistas europeos. Por el itinerario diferente que recorren éstos, por su edad en ocasiones, y por la escasez de medios para divulgar sus trayectorias, sería complicado que supiésemos de la trayectoria de estos artistas sin espacios como Eurojazz. Conoceríamos, tal vez, el resultado si llegara el reconocimiento, pero jamás tendríamos conciencia del camino atravesado sin encuentros como éste. Ésa sobre todo, y también la atractiva sinergia de intenciones cifrada en la composición de sus dos principales avalistas, son realmente las claves de este festival. Programa completo Eurojazz 2010 |