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Robert Therrien

27 noviembre, 1991 - 24 febrero, 1992 /
Edificio Sabatini, Planta 4
Vista de sala de la exposición. Robert Therrien, 1991
Vista de sala de la exposición. Robert Therrien, 1991

Los más de sesenta trabajos de Robert Therrien (Chicago, EE.UU., 1947) reunidos para esta exposición nos ofrecen la oportunidad de aproximarnos al discurso artístico de este joven artista norteamericano, cuya trayectoria comenzó a finales de los años sesenta y su obra empieza a cobrar reconocimiento internacional en nuestros días. El trabajo de Therrien se sitúa voluntariamente a medio camino entre la pintura y la escultura, diluyendo las fronteras de las prácticas artísticas. En él, se reconoce la sencillez en el proceso, en los referentes formales y en la obra resultante; aun así, el propio artista elude cualquier clasificación o adscripción a corriente artística contemporánea, como pudiera ser el Postminimal.

La experimentación con las posibilidades del color y de los materiales empleados (lienzo, bronce, madera, óleo, esmalte) es el modo por el cual logra superficies de colores texturados y formas subjetivas. Therrien afirma que “el color, la textura y las pinceladas remiten el objeto al mundo real y también multiplican las asociaciones”. Al actuar de este modo desencadena el principio de la interacción con el espacio, lo que incide en la percepción de la obra. Dado su gran interés por crear una dinámica relación entre figura y fondo, Therrien muestra una considerable preocupación por la ambigüedad espacial (no-dimensionalidad, recreación del aspecto tridimensional de un objeto), lo cual afecta al reconocimiento visual del grosor, la profundidad o la solidez de las obras. Por otro lado, acentúa el carácter ambiguo de sus trabajos al rechazar titularlos, pues considera que un título restringe y determina la obra.

Al contemplar esta selección de piezas realizadas a lo largo de los veinte años de trayectoria del artista, se advierte el empleo recurrente de formas visualmente sencillas y simbólicamente familiares (muñecos de nieve, ataúdes, ojos de cerradura, cajas de zapatos, astas de bandera) y que en muchos casos remiten a sus propios recuerdos y experiencia. Esto ocurre, por ejemplo, en su alusión a las puertas holandesas de la casa de su abuelo y en Óvalo azul (1983), cuya forma geométrica identifica con lo femenino y la vincula con la figura de su madre. De manera similar, el ataúd le parece una imagen masculina y, probablemente, una referencia a su padre. Sin embargo, estas formas se revelan finalmente como formas inventadas de objetos ideales o desplazados a las que Therrien confiere otra función y significado.

Las pinturas, dibujos y esculturas de este artista americano resultan de un proceso por el cual la experiencia subjetiva ha sido traducida, a escala humana, a una forma genérica técnica e intelectualmente controlada. En palabras de la comisaria de la muestra, Margit Rowell, “el de Robert Therrien no es un arte nostálgico que exprese un deseo por regresar a un tiempo o un lugar ya pasados. Es un arte de ilusión que corrige la realidad en la que se inspira”.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisariado: 
Margit Rowell
Artistas:
Robert Therrien

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