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Picasso, Miró, Dalí y los orígenes del Arte Contemporáneo en España, 1900-1936

5 septiembre - 10 noviembre, 1991
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Schirn Kunsthalle, Fráncfort

La exposición Picasso, Miró, Dalí y los orígenes del Arte Contemporáneo en España, 1900-1936 pretende articular la producción artística española (en varios y notorios casos realizada fuera de España) a partir del concepto “Arte Nuevo”. Eugenio Carmona, comisario de esta muestra, concede un valor instrumental a este concepto y lo explica como un principio que subyace en gran parte del arte que se realiza durante las primeras décadas del siglo XX. En este tipo de arte se evidencia un deseo de renovación de los lenguajes plásticos y cuyo paradigma es encontrado por los artistas nacionales en las corrientes europeas coetáneas. Desde este planteamiento, la exposición propone un discurso para el arte español en sintonía con los nombres y los presupuestos estéticos y teóricos vanguardistas reunidos bajo el paraguas de Movimiento Moderno, al tiempo que imbricado en ellos. Así, los artistas españoles, que toman como referente los distintos “ismos” (Cubismo, Futurismo, Ultraísmo, Surrealismo y Realismo) participan en la dimensión internacional del arte de vanguardia. Aun así, como señala el comisario, el “Arte Nuevo” no fue la única posibilidad que tuvo el arte español en el período comprendido entre 1900 y 1936.

La organización de la muestra pone de relieve el protagonismo indiscutible de tres figuras: Pablo Picasso (Málaga, 1881-Mougins, Francia, 1973), Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma de Mallorca, 1983) y Salvador Dalí (Figueres, 1904-Púbol, 1989), los cuales no sólo recalan y participan en los distintos movimientos de vanguardia (en el Surrealismo fundamentalmente), sino que incluso dan origen a ellos (Picasso y el Cubismo). Por otro lado, se evidencia cómo la obra de estos tres artistas se convierte en modelo decisivo para el trabajo de sus contemporáneos españoles, los cuales ofrecen unas propuestas plásticas significativas y valiosas.

Esta lectura de la vanguardia española se despliega cronológicamente, poniendo de relieve las propias trayectorias de los artistas como partícipes en distintas manifestaciones vanguardistas (Benjamín Palencia, Francisco Bores, María Blanchard, Dalí y Miró). Los nombres y las nomenclaturas se suceden y en ellos se sintetizan modernidad y tradición, a la vez que se asiste al auge de los regionalismos como categoría estética (catalán, vasco). No se olvida que la producción plástica española corre paralela a una abundante creación literaria y que ambas comparten el horizonte de la renovación de los lenguajes (Ramón Gómez de la Serna). También evidencia que los transvases culturales con la vanguardia europea puede llevarse a cabo gracias a la existencia de ámbitos como la Galería Dalmau en Barcelona o la Residencia de Estudiantes en Madrid, así como la organización de los artistas en asociaciones y para la puesta en marcha de exposiciones, como Artistas Ibéricos (1925) o Exposición Logicofobista (1936). Conforme avanza el siglo la presencia de artistas en los centros de actividad artística europea es mayor (se constituye la denominada Escuela de París), lo que significa un mayor acceso a las fuentes primeras: manifiestos, revistas modernas de arte (Cahiers d´Art) y literatura artística y científica; lo cual incide de manera decisiva en la configuración de los lenguajes nuevos (nueva objetividad, realismo de herencia regionalista, surrealismo, viraje hacia principios primitivistas y antiartísticos o realismo como vocabulario para un arte político comprometido)

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