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Javier Pérez. Hábitos

18 mayo - 15 junio, 1998
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Edificio Sabatini, Espacio Uno

El trabajo de Javier Pérez (Bilbao, 1969) es esencialmente escultórico y se define por el establecimiento de pautas no usuales en el tratamiento de la materia y el espacio. Para sus obras elabora unos artefactos que están llamados a representar el papel de segunda piel que, a modo de máscaras, desencadenan y propician experiencias por lo general traumáticas: tensión, inestabilidad por el cambio continuo, extrema desprotección, imposibilidad y deseo, o repulsión y dependencia, donde la materia de que se compone esa nueva piel juega un papel fundamental.

Las tres propuestas que componen esta exposición: Diálogo (1993), Hábito (1996) y Látigo (1998); se fundamentan en los conceptos de metamorfosis y mutación en tanto que agentes temporales. Además, por el empleo de materiales degradables, como la crisálida o el pelo de caballo, convierte el trabajo escultórico en un proceso temporal. En este sentido, y referido a la pieza Hábito, Pérez confiere al gusano de seda el carácter de elemento preformativo. Así, la descomunal casaca que representa la obra -compuesta por cientos de capullos de gusanos de seda- está sometida a una transformación continua, dada la naturaleza orgánica de esta inusual materia textil. La obra se completa -en tanto ciclo natural- con la proyección de un vídeo que muestra el proceso íntegro de metamorfosis de la crisálida a través del plano ampliado de un detalle del vestido. Al acudir al vídeo, o a la performance, la fotografía y el dibujo en otros casos; el artista expande las posibilidades discursivas y visuales de la escultura, lo cual le permite alcanzar un desarrollo total de la idea generada. A esto se añade una asunción del silencio como factor plástico. Apelando a la sinestesia -el artista reclama un silencio visual- el espectador alcanza el estado óptimo que es la contemplación solemne de sus obras.

En las obras reunidas en esta exposición se materializan, además, los conceptos de hibridación y transformación. Así, en Látigo, el artista cubre su rostro con una máscara-peluca, con la que de esta manera anula los sentidos faciales y desencadena una violencia salvaje. El resultado es una imagen propia de una cola de caballo agitada por los movimientos convulsos de la cabeza del propio artista.

Por otro lado, lo humano (concepción espiritual y sensorial) se contrapone al cuerpo en cuanto carnalidad, procurando en sus obras la conciliación de opuestos. Así, el cuerpo, en su acepción física, aparece como barrera que imposibilita la relación interpersonal en la obra Diálogo. Compuesta por una estructura ortopédica, este corsé se prolonga en unos brazos excesivamente largos y evidencia la imposibilidad de necesidad de relación y contacto con el otro, así como de la construcción del “yo”.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Artistas
Javier Pérez

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