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Francisco Durrio y Julio González: Orfebrería en el cambio de siglo (Colecciones del MNCARS)

14 enero - 30 marzo, 1997
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Edificio Sabatini, Planta 2

Tanto Francisco Durrio (Valladolid, 1868 - París, 1940) como Julio González (Barcelona, 1876 - París, 1942) viven la experiencia parisina de las primeras décadas del siglo y comparten la afición por la orfebrería, que practican al margen de su obra plástica. Los dos artistas emprenden una investigación formal, que a menudo se califica de secundaria respecto a sus aportaciones pero que, posee importancia porque contribuye a desvelar los intereses iconográficos de ambos, así como sus afinidades electivas.

Durrio practica la orfebrería desde una vocación escultórica. Su trabajo se inscribe en la estela del orfebre francés René Lalique, que reafirma la categoría del joyero como creador, más que como artesano ensamblador de materiales nobles. Durrio se forma en el París de los años noventa del siglo XIX, y asimila la temática mitológica inspirada en la naturaleza, predominante en la época. El artista añade un cierto interés por el Impresionismo y el orientalismo que plasma en sus producciones de accesorios ornamentales femeninos.

Amigo cercano de Pablo Picasso y Paul Gauguin, comparte con ellos experiencias con la cerámica. Este aprendizaje se une al procurado por su amigo y maestro Alphonse Mucha. De hecho, Gauguin, Mucha y Durrio se instalan en el mismo estudio en París en 1893 tras la vuelta del primero de Tahití. El estilo de Durrio en la orfebrería influye en gran medida en artistas como Manolo Hugué. Al tiempo, su temática melancólica, en la que los personajes se recogen sobre sí mismos, alude a la búsqueda de un mundo interior.

En esta exposición se muestran quince piezas de Durrio producidas entre 1895 y 1896. Todas se realizan en plata: broches, hebillas, colgantes, sortijas, un alfiler y una argolla para pañuelos. Destaca en el conjunto un colgante de inspiración Art Nouveau realizado en plata cincelada, con incrustaciones de ópalo y nefrita que representa a dos aves entrelazadas.

Por su parte, González aprende el oficio en el taller familiar, especializado en trabajos decorativos con hierro forjado. A su llegada a París se sumerge en la tradición simbolista como reivindicación del ornamento. El artista catalán practica la orfebrería asiduamente entre 1908 y 1918 motivado por sus colaboraciones con Durrio, el abastecimiento a una tienda que su familia abre en París y la participación en los Salones de Otoño y el Salón de los Independientes. No obstante, la investigación plástica, que le lleva a ser un renovador de la escultura moderna junto a Picasso o Brancusi, le mantiene apartado de la orfebrería hasta comienzos de la década de los treinta.

El conjunto de obras de González que se pueden ver en esta muestra lo forman dieciocho piezas, entre ellas algunas que ya estaban presentes en la exposición Julio González. Las colecciones del IVAM que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedica en 1986.

Entre sus trabajos se exponen un candelabro con forma de quimera, una copa de follaje, dos bandejas, un portacigarrillos, tres flores, un joyero, dos hebillas, un espejo de mano, un brazalete, una cruz de plata y dos de hierro. Más pictóricos son los dos esmaltes sobre cobre Mujer en el espejo (1936) y Rostro (1933-1940) que completan la exposición.

Estas obras de orfebrería -datadas aproximadamente en torno a 1929 y 1923-, establecen una dinámica de líneas y aristas en el espacio propia de la escultura de González.

Durrio y González forman parte de una lista de nombres que, como Max Ernst, Salvador Dalí, Georges Braque y Pablo Picasso entre otros, acuden a la orfebrería como forma de expresión y cuestionan con ello los límites entre las denominadas artes “mayores” y “menores”, entre el Arte, la artesanía y las artes decorativas.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

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