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Colección Amigos del Centro de Arte Reina Sofía

15 noviembre - 30 diciembre, 1989
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Edificio Sabatini, Planta 1

La Asociación de Amigos del Reina Sofía nace en 1987 como resultado de la unión de un grupo de empresarios para crear una colección. Las adquisiciones de las obras se realizan por iniciativa privada, pero la voluntad de la colección es pública, al cooperar con las instituciones y ponerla al alcance del mayor número posible de ciudadanos.

Este modelo, inspirado en las iniciativas de mecenazgo estadounidense, toma forma con la constitución de un Comité de Asesores -compuesto por los especialistas Antonio Bonet, Julián Gállego y Simón Marchán Fiz- y la realización de la primera adquisición: cinco óleos del pintor Juan Manuel Díaz-Caneja. La línea conductora de la colección es la recuperación de todos los artistas que aporten algo significativo a la evolución de las artes plásticas españolas. Con estas premisas se comienzan las adquisiciones y se incorporan a la colección en poco más de año y medio un total de ciento treinta obras entre pinturas y esculturas.

Esta exposición es la primera presentación pública de la Colección Amigos del Centro Reina Sofía. En ella se exhibe una selección, de modo que figure al menos una obra de cada artista. La muestra se estructura en tres secciones: “Generación de las vanguardias”, “Generación de la ruptura” y “Nuevas generaciones”.

El inicio es la generación que corresponde por edad a la época de las Vanguardias Históricas. Julio González, Joaquín Torres-García, Oscar Domínguez, Wifredo Lam o Alberto Sánchez se acompañan de artistas no tan conocidos, pero artífices de la vanguardia desde variados ángulos, como Alfonso de Olivares, Eugenio Granell, Hernando Viñes y Juan Manuel Díaz-Caneja. Destacan obras como Caballito Japonés (1952) de Eugenio Granell; Composición (1927) de Alfonso de Olivares y Monumento a la paz (1961) de Alberto Sánchez. Sin título (1923) de Hernando Viñes y Popa negra (1924) de Joaquín Torres-García son las obras más antiguas de la Colección y de este apartado, que llega hasta 1986 con La copa en el espejo y Victoria de Los Ángeles, ambas obras de Ramón Gaya.

Después de la Guerra Civil se recoge a aquellos artistas que sintetizan y desarrollan la tradición de lo nuevo. La Generación de la ruptura asume obras de los que comienzan entonces su producción más significativa, aunque en muchos casos continúan hasta los años ochenta. De este modo, se ahonda en reflexiones particulares y se plasma un panorama con tendencias diversas: Informalismo, Constructivismo y figuración cercana al Pop Art.

De la escultura Busto de hombre (1948) de Eduardo Chillida se llega hasta Torso (1988) de Andreu Alfaro. Destacan Altos cipreses (1960) de Fermín Aguayo; El accidente (1963) de Rafael Canogar; dos lienzos de Equipo 57; Primer asalto, (1977) de Alfonso Fraile; El Alcalde (1973) y El fumador (1975-1976), de Julio López; tres tablas de Lucio Muñoz de los años sesenta; Sylvarum/Varia I (1986) de Pablo Palazuelo o Sagrario (1960) de Antonio Saura, entre otras.

Los dos capítulos anteriores son el preámbulo de las "Nuevas generaciones" con las que concluye la exposición. Todas las obras de esta sección pertenecen a la década de los ochenta a excepción de Escalera perro (1973) de Robert Llimós y un lienzo de 1977 de Guillermo Pérez Villalta. Un grupo de esculturas de Sergi Aguilar, Txomin Badiola, Pello Irazu y Francisco Leiro se exponen junto a la selección de pinturas entre las que se encuentran El mirador (1980) de José Manuel Broto; Nautilus (1987) de Miguel Ángel Campano; Salta-Ojos (Conejitos) (1980) de Luis Gordillo y Flor roja (1987) de José María Sicilia.

La producción adquiere forma en los años ochenta y se proyecta hacia el futuro. La contemplación de estas obras transmite el carácter abierto e inconcluso de un apartado que, por tratarse del presente de la creación artística, se encuentra en construcción.

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