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Carmen Calvo

24 octubre, 2002 - 14 enero, 2003 /
Palacio de Velázquez, Parque del Retiro, Madrid

Carmen Calvo (Valencia, 1950) comienza a destacar en el panorama artístico español durante la década de los setenta. Las influencias del Pop Art, recibidas en gran medida a través de su versión valenciana encarnada en Rafael Solbes y Manolo Valdés, integrantes del Equipo Crónica, forman parte de sus comienzos.

No obstante, su confluencia con el Pop Art no llegaba a un acuerdo en los fundamentos relativos a la reproductibilidad del objeto en serie. Para la artista valenciana existe un carácter de unicidad en su concepción del objeto, con connotaciones incluso nostálgicas, que le aparta de los planteamientos del movimiento, iniciando una personal trayectoria más pareja a los trabajos del también valenciano Miquel Navarro, con los que la obra de Calvo comparte un cierto aire de familia en su gusto por la distribución de pequeños elementos en el espacio, sea a través del lienzo o de la instalación.

Calvo es uno de los referentes en la conceptualización contemporánea del fragmento. Interesada por la arqueología, su obra tiene una esencia de hallazgo y de reminiscencia. Esta exposición en el Palacio de Velázquez acerca al visitante a un centenar de obras de la artista que abarcan de 1976 a 2002, centrándose especialmente en la década de los noventa. La diversidad de materiales empleados en la construcción de sus obras es uno de los rasgos más personales de su obra. Elementos encontrados o, también, adquiridos en el Rastro madrileño junto a materiales como el cemento, el mármol, el cristal, el barro, el yeso y un largo etcétera forman parte de sus composiciones que se han renovado con el paso de las décadas en una evolución que le llevó a representar a España en el Pabellón de la Bienal de Venecia de 1997 junto al barcelonés Joan Brossa.

Las resonancias, reconocidas por la artista como influencias directas, de Kurt Schwitters o Joseph Cornell se aprecian en el recurso a lo objetual, la tendencia a la acumulación y la repetición rítmica presente en sus obras a las que incorpora, en muchas ocasiones, claves humorísticas. Confluencias del objeto surreal, la descontextualización Dadá y la sobriedad del Arte Povera se dan cita en sus creaciones.

La exposición reúne algunas de las obras más emblemáticas de la trayectoria de la artista comenzando por los cuadros que llevan el ensamblaje a su vertiente más taxonómica, la recopilación de naturalezas, las lápidas, los diferentes grupos escultóricos dispuestos sobre pequeñas peanas, el mural Paletas de 1990, la instalación Silencio (1995), la obra L’évanouissement (1996), la serie de lienzos con cristales o aquellos otros lienzos de fondo negro como El porqué de la obesidad de los fantasmas (1997), He aquí como ocurrió (1997), Le mal (1998), Mes petites amoureuses (1998) o Matthiew (1999).

El dorado aparece en otra serie representada por obras como: La suerte no es ciega; Lectura dudosa; Marcha fúnebre de 1998; junto a collages fotográficos realizados en el 2000 entre los que se encuentran: Cuento me muero si siento por todo, Comme lui je me consume, Sé que he despertado y que todavía duermo o El deseo.

Destaca en la muestra la instalación Una jaula para vivir (2001) o la obra Friso Cómicos (2002) de tres metros de largo. A este conjunto se suman setenta dibujos realizados en técnica mixta donde los muñecos rotos conviven con bebés.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisariado: 
Fernando Huici
Itinerancia: 

Lisboa

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