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Canogar: cincuenta años de pintura

21 marzo - 24 mayo, 2001
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Edificio Sabatini, Planta 3

Rafael Canogar (Toledo, 1935) es uno de los principales representantes de la Abstracción española de la segunda mitad del siglo XX. En sus comienzos tiene a Daniel Vázquez Díaz como maestro. Posteriormente, participa en la fundación del grupo El Paso junto a Manolo Millares, Antonio Saura, Manuel Rivera, Martín Chirino y Luis Feito. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía dedica retrospectivas a todos ellos entre los años noventa y el 2002, como merecido reconocimiento a la importancia que sus trayectorias artísticas tienen para la historia del arte contemporáneo español.

Esta exposición repasa cincuenta años de pintura, con especial atención a la etapa informalista de Canogar ya que, debido a la dispersión de las obras, lo más significativo no se llega a exponer en España hasta esta muestra. Dos óleos de la época de formación con Vázquez Díaz, Paisaje y Paisaje de Toledo, (ambos de 1951), dan la bienvenida a la exposición. Tras ellos, se adentra directamente en 1956, donde comienza la incursión en el Informalismo, época de creación de algunas de sus obras más reconocidas. De este momento es Toledo (1960), uno de los principales cuadros del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, que representa la ciudad natal del artista de una manera muy distinta a los primeros cuadros figurativos. Canogar realiza una interpretación del paisaje en blancos y negros, y realza la peculiar fisonomía de Toledo en clave abstracta, volcado de lleno en la pintura gestual.

A mitad de los años sesenta Canogar trabaja el figurativismo. Tras Los Novios (1967) o La mujer con sombrero (Después de Rubens) de 1966, el artista oscurece su paleta y la carga de denuncia y compromiso, al reflejar sus preocupaciones sobre la España de la dictadura. En La Familia (1968) hace surgir del negro las siluetas de los integrantes del grupo, colocados a modo de retrato, de cara al espectador. El volumen que insinúa en sus composiciones anteriores, se hace ahora explícito. Los cuerpos comienzan a salir de los bastidores como en La policía en acción (1969) o La Marcha (1969). Su dominio de la tridimensional alcanza puntos álgidos en obras como Escena Urbana (1970) donde los rostros desaparecen en la multitud, que ocupa cinco metros de largo. El malestar de Canogar queda patente en la fragmentación de la figura humana, que representa en aglomeraciones y seccionada, con cabezas que desaparecen o con los ojos o la boca tapados.

A partir de 1975, la exposición muestra un Canogar que recupera la bidimensionalidad y la abstracción. La trascendencia sociopolítica encuentra recursos formales menos evidentes, pero igualmente personales. Este periodo se prolonga hasta principios de los noventa, momento en el que el artista se centra en el trabajo con texturas y relieves, aunque los negros y rojos, tan habituales de su práctica pictórica, siguen muy patentes.

La capacidad de Canogar de acometer cambios en su trabajo y conservar al tiempo los elementos paradigmáticos de su pintura, convierten su obra en un episodio principal de las artes plásticas de nuestro país.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Comisariado: 
Víctor Nieto Alcaide

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