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Álvaro Machimbarrena. El salto

20 diciembre, 1999 - 23 enero, 2000 /
Edificio Sabatini, Espacio Uno
Vista de sala de la exposición. Álvaro Machimbarrena. El salto, 1999
Vista de sala de la exposición. Álvaro Machimbarrena. El salto, 1999

Álvaro Machimbarrena (San Sebastián, 1958) lleva a cabo en El salto una completa transformación del espacio expositivo. El artista convierte Espacio 1 en escultura transitable, fundamentada en volúmenes rotundos, líneas nítidas y el blanco como único color.

El resultado es un proyecto en el que convergen arquitectura y escultura, para generar un lugar que, a partir de una lectura simbólica del blanco como signo de pureza, puede entenderse como sagrado.

La instalación consta de dos partes: una primera sala atravesada por un trampolín -firme línea horizontal blanca-, que se eleva por encima de la mirada del público y en paralelo al techo.

La segunda sala se conecta por una estrecha apertura de la pared, y da paso a un ámbito compuesto por una cama con dos almohadones, cuyas dimensiones sobrepasan la escala humana. La existencia de unas gradas laterales -ocultas a su vez por un muro- posibilita una vista aérea.

El salto significa el desarrollo de un espacio en el interior de su espacio seminal. En palabras del crítico y gestor Juan Pablo Huercanos, se trata de “un territorio modelado para la reflexión y el silencio”. De esta manera, el público al transitar no encuentra ningún objeto o señal que no pertenezca al espacio blanco, definido mediante la geometría y su proyección volumétrica.

Al enumerar los materiales con los que se realiza la instalación, Machimbarrena señala que emplea madera, pintura y nada. Esa nada sintetiza la voluntad de ensalzar el principio de lo invisible, como agente que da valor al escenario configurado.

Este lugar o monumento dedicado a lo desconocido -sea el destino del salto o el tránsito hacia el sueño o la muerte-, recurre a la memoria y al juego de dimensiones para activar las emociones invisibles.

Las líneas puras, la geometría de las formas y el blanco favorecen la dilatación de la visión y la percepción de un espacio ambiguo de límites incomprensibles. En este sentido, cabe entender el gesto de saltar como el deseo de conquista de un nuevo medio, de un estado de vida perfecto y dominado por el blanco, que continúa la senda que traza el artista Kasimir Malevich.

Datos de la exposición

Organización: 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Artistas:
Álvaro Machimbarrena

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