Miralda. De gustibus non disputandum Fechas: 24 de junio - 17 de octubre de 2010 Todos los días de 11:00 - 21:00 h Martes cerrado Fechas: 4, 6 y 7 de octubre Lugar: Edificio Sabatini, Planta 1, Auditorio Acceso: Entrada provisional por la calle Santa Isabel Actividades relacionadas: Proyección de vídeos de Miralda
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Este proverbio latino, escogido por Miralda (Tarrasa, 1942) como título de la presente exposición retrospectiva, desencadena la reflexión sobre la riqueza de una obra tan única como pionera, que nos transporta, con un humor a veces cáustico, del objeto a las grandes fiestas ceremoniales, del espacio privado al público, de lo íntimo a lo monumental y de lo local a lo universal. Su obra, anclada en un contexto social y político, a modo de trabajo de observación «sobre el terreno» que roza la etnología, es testimonio y herramienta a un tiempo de la deconstrucción de prejuicios y esquemas formales preexistentes. Las actividades de Miralda —uno de los primeros artistas en huir del espacio opresivo del estudio y del museo— se desarrollan en la calle y en espacios ajenos al «circuito del arte». Las obras aquí expuestas deben leerse como puntos de referencia que jalonan un recorrido que explora los temas más complejos y vitales de nuestra sociedad para codificarlos en una iconografía singular, a veces a escala colosal, al encuentro de un lenguaje vibrante y participativo, basado en la celebración de los sentidos, del color,de la vida y de lo imaginario. París, 1967-75: Ética/estética Miralda se instala en Nueva York en 1972. En 1973, concibe allí el Patriotic Banquet (Banquete patriótico), su menú de banderas comestibles destinadas a la putrefacción tras unos días de exposición. La obra, indigesta llamada al orden en una época en la que la guerra de Vietnam se ha convertido en plato del día trivializado por la televisión, permanecerá en estado de proyecto. Realizada en la presente exposición por primera vez, su actualidad resulta hoy aún más desconcertante. El multiculturalismo estadounidense es toda una invitación al descubrimiento, y la obra de Miralda dialoga con esa fusión de culturas y con sus manifestaciones populares, entre las que se cuentan las tradiciones culinarias. En Houston, su instalación Texas TV Dinner (Cena televisiva de Texas), de 1977, pone en escena las cocinas de los restaurantes locales; en Kansas City, centro agrícola del país, invita a toda la ciudad a unirse a las celebraciones de la cosecha y de la feria de ganado con Wheat & Steak (Trigo y bistec), de 1981. Por las calles desfilan, entre otros, el Tri-Uni-Corn y una corona gigantesca formada por varias toneladas de grasa; por su parte, la gran Bolsa de Cereales celebra un banquete con panes de colores y láminas de oro. Profundamente ligados a las afinidades y costumbres de toda comunidad, los alimentos son portadores de múltiples connotaciones y simbolismos. Comer no es un mero acto de satisfacción física, pues brinda también la ocasión de dar, de compartir, de comunicar o de celebrar. En él, cada uno encuentra la memoria viva de su colectividad: hasta los propios Orishas del panteón africano, que son, según la tradición, aquello que comen. Santa Comida, realizada en el neoyorquino Museo del Barrio en 1984, se integra de manera espontánea en la comunidad latinoamericana del Spanish Harlem. Los siete altares que evocan a la vez a los antepasados africanos y a sus «máscaras» cristianas —los santos y las vírgenes de la santería afrocubana y el candomblé brasileño— están provistos de sus alimentos favoritos, y no hay día en que no se les añadan otras ofrendas anónimas, en obsequio a la tradición. Concebido esta vez a escala mundial, el objetivo del FoodCulturaMuseum estriba en crear una infraestructura de formato abierto, una especie de síntesis de museo/archivo/ centro de investigación que, más allá de sus actividades multidisciplinarias, pueda convertirse en memoria viva de lo gastrocultural y en centro de documentación en el que poder reagrupar los miles de documentos que guardan sus archivos y catalogar una colección de objetos, invitando a la realización de «cocinas » satélites —así las bautiza Miralda— en las que lo creativo y lo culinario sean explorados o reinventados en tierra firme. Una de estas cocinas, el TransEAT, abre sus puertas en Miami (2003), seguida por otra en Barcelona (2007), que se convierte en la sede de la Fundación Food- Cultura, de sus archivos y de sus colecciones, meticulosamente apiladas en centenares de cajas translúcidas como las que instala en nuestra exposición en forma de archivo/puerta hacia otra realidad, acaso la de la revalidación a través del «Modern Art-Culture System», visualizado por James Clifford en su diagrama de lo por él definido como «máquina de hacer autenticidad». Mientras tanto, algunas piezas se van exponiendo en unas neveras que se convierten en la metáfora perfecta del museo en espera. Con la presente exposición se inaugura el Stomak Digital, un proyecto abrigado durante largo tiempo por el FoodCulturaMuseum. Concebido como punto de confluencia de archivos, actividades, exposiciones y vídeos de Miralda, propone una lectura transversal de los mismos según los temas o materias de estudio. En un futuro próximo, también será accesible a través de Internet. Aunque resulte inclasificable para algunos, en realidad, la obra de Miralda está históricamente insertada en su tiempo y guarda paralelismos con el espíritu rebelde de los dadaístas de principios del siglo XX, espíritu que va tomando diferentes formas en las siguientes décadas y que impregna la obra de muchos artistas contemporáneos. Nadie lo definió mejor que Pierre Restany, crítico de arte y amigo: «Con su implacable dulzura, Miralda seguirá demostrando que el juego es la esencia del mundo y que la fiesta es la guerrilla permanente de la libertad». Con la colaboración de:
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