Exposiciones

Martín Ramírez. Marcos de reclusión


imagen de Martín Ramírez. Marcos de reclusión
Martín Ramírez Sin título (Ciervo sentado con rostro abstracto)
ca. 1960 -1963

Fechas: 31 de marzo - 12 de julio de 2010
Lugar: Edificio Sabatini, Planta 3
Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisariado: Brooke Davis Anderson


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Con materiales y recursos muy limitados, Martín Ramírez (1895-1963) logró crear una obra sorprendente, a lo largo de un periodo de unos quince años, mientras era un interno del DeWitt State Hospital en Auburn, California. Ramírez dibujada en una sala que compartía con docenas de hombres, también confinados por sus incapacidades mentales y físicas, y quizás porque eran indigentes, pobres y desempleados. El espacio de trabajo de Ramírez estaba en un rincón del pabellón. Guardaba sus dibujos bajo el colchón, para protegerlos. Sus herramientas artísticas se apilaban en una mesita de noche. Recluido en aquel espacio compartido se embarcó en su aventura de artista autodidacta. Este acto de creación en una cultura de confinamiento le une a una extensa tradición de individuos que respondieron al mismo impulso. Crear arte en cárceles y sanatorios y desarrollar estrategias expresivas formales y técnicas específicas para sus restrictivas atmósferas se ha revelado como una reacción común entre internos y pacientes desde finales del siglo XIX en adelante. Transcendiendo la categoría de terapia artística, la obra de los más significativos –los más talentosos y/o visionarios– se ha conocido bajo distintas rúbricas: art brut, arte marginal o arte “autodidacta”.

Ramírez inventó un estilo artístico singular que, basado en estructuras lineales flexibles, componía espacios cuyas topografías complejas inscriben múltiples puntos de vista. Además, se reveló como un maestro a la hora de utilizar hábilmente el material que tuviera a mano. Recolectaba papeles de toda clase, notas de las enfermeras, papel de liar, revistas, periódicos, hojas de cuadernos, vasos de papel aplastados y sábanas de papel para camillas, los adhería con pegamento casero (que fabricaba a su vez con almidón de patata, masa de pan y su propia saliva). Su medio consistía en ceras aplastadas, lápices de colores y pintura de base acuosa que aplicaba con ayuda de un palillo a modo de punzón (en lugar de pincel). Para unificar o difuminar utilizaba un depresor lingual. También incorporaba collage y estampaciones sobre papel de China para enriquecer su línea de dibujo. A veces, exponía los rollos acabados en la puerta del porche del pabellón, colgándolos de las bisagras con este propósito.

Desde 1948 hasta su muerte, en 1963, Ramírez realizó cerca de 450 dibujos. Desde el principio de su carrera de dibujante, encontró gente que le apoyaba: durante la década de 1950, un psicólogo clínico interesado en arte, el doctor Tarmo Pasto, estudiaba sus costumbres, coleccionaba sus obras y organizó varias exposiciones, sobre todo en las universidades. El pintor de Chicago Jim Nutt descubrió la obra de Ramírez en 1968 y, junto con la galerista Phyllis Kind y la artista Gladys Nillson, pronto adquirió una parte importante de su trabajo. Desde principios de la década de 1970, la Phyllis Kind Gallery expuso y documentó los dibujos de Ramírez en una serie de exposiciones individuales. Aunque aquellas exposiciones fueron acogidas elogiosamente por la crítica de arte y muchos artistas contemporáneos expresaron su admiración, la obra de Ramírez no logró una amplia atención nacional hasta 2007, cuando Brooke Davis Anderson organizó una gran retrospectiva en el American Folk Art Museum de Nueva York. Hoy está considerado uno de los maestros autodidactas más notables del siglo XX.

La diversa imaginería de los dibujos de Ramírez une elementos inspirados en las culturas mexicana y americana, recuerdos de su niñez en una pequeña comunidad rural de la provincia mexicana de Jalisco, así como como los pases semanales de películas y las revistas que recibían regularmente, que ayudaban a romper la monotonía de su confinamiento en el DeWitt State Hospital. Entre la limitada serie de temas que de forma recurrente exploró, modificó y refinó, desarrolló una gama altamente expresiva de lenguajes y formas. Su tema favorito parece haber sido un jinete a lomos de su montura. Esa figura ecuestre se ve a menudo enmarcada en un espacio a modo de caja, que evoca un escenario, un recurso estructural que el artista utilizó no sólo para contener, sino también para revalorizar su motivo central. Jugando con el sombreado, el color, la textura y la escala, Ramírez modificaba eficazmente una versión de otra. También entre sus motivos favoritos estaba el ferrocarril, el medio de transporte que había utilizado en el éxodo de su tierra natal, buscando un empleo mejor remunerado en el extranjero. Nacido en 1895 en Los Altos de Jalisco, una zona fuertemente católica, Ramírez se casó, tuvo cuatro hijos y adquirió tierras y animales de granja antes de abandonar el lugar, en 1925, buscando un trabajo que le ayudara a pagar los préstamos de su modesto rancho. Viajó con amigos a California, donde trabajó en minas y en el ferrocarril durante unos años. Pero en 1931, en parte debido a la Gran Depresión, se quedó sin trabajo y sin techo. Detenido por la policía por su estado de confusión y su incapacidad de comunicarse, pronto fue ingresado en el Stockton State Hospital, donde le diagnosticaron una esquizofrenia catatónica incurable. En 1948 le trasladaron al DeWitt State Hospital, donde permaneció durante toda su vida.

A lo largo de las décadas de su confinamiento, Ramírez apenas habló. Nunca le entrevistaron para hablar de sus dibujos, ni tampoco dejó ningún escrito sobre ellos. Aunque sus intenciones y motivaciones nunca llegaron a entenderse plenamente, sin duda su biografía influyó en su obra en muchos sentidos, tal como han revelado recientes investigaciones. En la última década, algunos estudiosos han averiguado ciertos factores clave que impactaron en él, como la emigración, el arraigo a su tierra y la institucionalización, a fin de componer un retrato más matizado y amplio de este artista interno, sustituyendo el viejo estereotipo del autodidacta con trastorno mental que trabaja sin ser consciente de lo que hace.

A partir de la década de 1920, artistas de distintas corrientes de las vanguardias admiraron el arte de los locos, en especial Max Ernst, Paul Klee y numerosos surrealistas. Estimulados por los que consideraban formas de expresión más puras y desprovistas de prejuicios o inhibiciones, algunos de estos artistas profesionales adoptaron sus rasgos técnicos y formales como modos transgresores que les permitieran subvertir las convenciones estilísticas y formales de las que se habían imbuido durante su formación académica. Medio siglo más tarde, durante la década de 1970, y coincidiendo con el creciente reconocimiento y apoyo institucional a distintos tipos de prácticas autodidactas (el arte de los locos y los modos visionarios o espirituales), se concluyó que, lejos de encarnar una expresividad libre de ataduras, el arte de los locos testimoniaba la lucha de sus autores por dar sentido y orden a un mundo que ellos sentían profundamente fracturado y caótico. Así pues, lo que buscaban aquellos creadores eran maneras de controlar y dar significado a una matriz que sufrían como aterradoramente inestable, dislocada y tensa. Hoy se prefiere enfatizar los paralelismos y similitudes que acercan ostensiblemente la obra de los dos grupos de artistas –profesionales y marginados–, en contraste con el periodo en que se subrayaban las diferencias sustantivas entre el arte de los marginados autodidactas y el de los artistas profesionales. Sin embargo, las distinciones fundamentales que separan a los artistas formados, cuya obra circula a través de los discursos críticos predominantes, y las posibilidades y canales de los individuos social y culturalmente excluidos no puede ignorarse a la hora de abordar sus obras.

Esta retrospectiva, que presenta de forma completa los notables dibujos de Ramírez por primera vez ante un público europeo, no se ha concebido como un gesto de recuperación, es decir, no intenta resituarle dentro de la corriente predominante del mundo del arte. El logro de Ramírez es indiscutible: junto con el suizo Adolf Wölfli y el norteamericano Henry Darger, Ramírez está ampliamente reconocido como uno de los tres grandes maestros del art brut. Además, la muestra Martín Ramírez. Marcos de reclusión ofrece una ocasión de cuestionar cómo debería situarse y analizarse su obra en un nuevo contexto, un museo de arte moderno y contemporáneo (tipológicamente distinto de las instituciones en las que hasta ahora se había expuesto, sobre todo museos dedicados al arte popular o museos etnológicos que exhiben obra de distintas eras y culturas). Además, invita a reconsiderar la función desempeñada por Ramírez y artistas afines en el contexto de la cultura visual contemporánea de hoy, lejos de los límites disciplinares de las prácticas del arte moderno.


Biografía

Martín Ramírez nace en 1895 en Rincón de Velázquez, Tepatitlán, Jalisco, México. En 1925, deja a su familia y emigra a Estados Unidos en búsqueda de empleo. De 1925 a 1930 trabaja en el ferrocarril y en las minas del norte de California. En 1931 es recogido por la policía e internado en el Hospital Estatal de Stockton, San Joaquín County, CA, con un primer diagnóstico de depresión maníaca, de donde escapa varias veces para acabar de nuevo internado. En 1933 se le diagnostica demencia precoz en forma catatónica. A mediados de 1930, comienza a dibujar de forma habitual. En 1948 es trasladado al Hospital Estatal de DeWitt en Auburn, California, donde conoce a Tarmo Pasto, profesor de Psicología y Arte del Colegio Estatal de Sacramento, quien seguirá y apoyará su trabajo. En 1951, le organizan su primera exposición en la E. B. Crocker Art Gallery de Sacramento, y en 1954, la exposición individual The Art of a Schizophrene, en el Mills College, Oakland, California. En 1963, muere en el hospital de DeWitt a causa de un edema pulmonar. En 2007 se presenta su gran retrospectiva en el American Folk Art Museum de Nueva York.


Bibliografía

The Heart of Creation: The Art of Martín Ramírez, Philadelphia: Galleries at Moore, 1985. Textos de Russell Bowman, Stephen Martin y Roberta Smith, con un prólogo de Elsa Longhauser.

Martín Ramírez. Edición de Brooke Davis Anderson. Seattle: Marquand Books en asociación con American Folk Art Museum, Nueva York, 2007. Textos de Víctor M. Espinosa y Kristin Espinosa, Daniel Baumann, Victor Zamudio-Taylor. Con una introducción de Robert Storr.

Martín Ramírez. The Last Works, Petaluma (California): Pomegranate Communications, Inc., 2008. Textos de Brooke Davis Anderson, Richard Rodríguez y Wayne Thiebaud.