Alberto García-Alix. De donde no se vuelveTexto del vídeo De donde no se vuelveCamino cegado contra un sol poniente. Sobre mi cabeza, una tupida red Una trepidación en el alma. En esta luz que me deslumbra Otros tiempos se abisman entre las líneas que mutilan el cilo… Los excesos del pasado… Vapores de opio donde el tiempo es sombra. Morfina… El fracaso narcotizado no duele, tampoco el miedo… Bailar con dragones de color dorado. Noche y día, alimentamos un demonio por nuestras venas. La heroína funde tiempo y espacio. Destruye toda ambición de ser… La heroína tiene un precio. Me río yo de las penas. Las narcoticé todas. Qué apretado rencor es el del tiempo… Bajo esta luz que arrastra mi mirada a las sombras, mi memoria gira La fotografía encadena mi memoria. No sólo la constriñe a lo visto. Camino sin saber dónde voy. Me pregunto si he pasado la vida huyendo o buscando un imposible. Sobre sombras rotas, libro un ajuste de cuentas… El amor y el dolor ante mí se besan con su mismo triste sonido. El primero en morir fue mi hermano Willy y la primera en nacer Teresa estaba convencida de que éramos jóvenes con alma de héroe Mi única disciplina era la misma que hoy: hacer fotos. Los amigos de aquellos días y nuestra común odisea, congelados. Éramos jóvenes. Ingenuos. Irreverentes. Inquietos. Agitadores… Creativos… Pero, para muchos de nosotros, nuestro error fue que nuestra mística En esta luz que anestesia el remordimiento, renace el deseo... Dragones de color dorado… Sombras rotas. Letras chinas. Farolillos rojos… Me muevo hacia delante para atrapar mi propio tiempo Ayer tuve un sueño… Caminaba por un pasillo. Abrí una puerta. Era un hombre de bronce. Levantaba su brazo. Me llamaba… Dijo: Por fin llegas, te estaba esperando… No supe qué contestar y, por responder algo, dije que era un turista. Un turista… ¿De qué? ¿De la vida?–dijo excitado. Cohibido, asentí con la cabeza.
Estúpido. La vida es lo que vas a perder. La revolución… el amor, exigen tu sacrificio.
Te enterrarán bajo la gran muralla. ¿Condenado a qué? ¿Por quién? No he hecho nada… ¿No has hecho nada...? Su risa flotó en aquel espacio.
No me puedes engañar. Conozco mejor que tú tus delitos.
Por eso, por profanar el amor, te he condenado. Quise defenderme. Negar… No he hecho nada… ¡Nada! Me sentí culpable y sin escapatoria. ¡Qué pasa! ¿No tienes agallas para enfrentarte a la muerte? Cada vez más excitado, repitió una y otra vez: ¡Ven! El pelotón está esperando. La luz de un foco me buscaba. Él se movía histéricamente. Reía. Mi pavor creció a límites de pánico y entonces desperté. Han pasado muchas cosas en treinta años. Parece que fue ayer cuando fotografiaba bajo la luz de las tapias. Bajo la luz de las tapias, todo lo bueno y lo malo. Bajo la luz de las tapias, el abismo de mis emociones. Pasármelo bien era todo lo que pedía a la vida. Mi juicio lo regía una moral capaz de sostener mis errores y mis virtudes… Mis ambiciones las colmaba mi moto. ¡Vivir rodando! Apurábamos lo eterno de la vida. Jacinto se burlaba de la ley. Fernando ya estaba enfermo y amaba a Sonia, la Todos a la deriva… La vida por bandera. Sostenidos por nuestra vitalidad, derrochábamos… ¡Un día más! Fernando, la noche que murió, mirándome fijamente, dijo: Un día más, un sol poniente nace muerto en luz lechosa. Hoy, como ayer, caos… Ansiedad y dudas… ¿Qué me mueve a luchar constantemente conmigo mismo? Aquí, lo que me rodea me envuelve, como si fuera un espejo. Enfrentado a mis demonios busco ganarme a mí mismo. Masas grises se levantan en el horizonte. Parecen cajas de zapatos de pie en el espacio. Fernando decía que lo que aprendió en sus últimos diez años de vida cabía ¿Qué cabrá en estas…? A mayor gloria… Masas oscuras, jugando entre ellas sobre el espacio. De este a oeste… Y de norte a sur… Un inmenso cementerio que también persigo con mis ojos. Lo que ante mí desfila es el epitafio de un tiempo futuro. Bajo esta luz lechosa, presente y pasado copulan. Borrón y cuenta nueva. Borrón y cuenta nueva… Este viaje sin vuelta comenzó en París. Creía poder escapar… Pero si ya era débil, mi debilidad se quebró en mil pedazos… Rue de la Chapelle, escondido tras la ventana, Por las noches, sudaba la fiebre y el rencor a partes iguales. Confusión y desaliento. Si cerraba los ojos, era peor. No me reconocía… Comencé a vigilarme. A espiarme. Encerrado en mí mismo miraba obsesivamente el cielo. Le pedía y no podía dármelo. No tenía escapatoria. Me asomé al abismo de mi miedo. El Ángel decía que al despertarse sentía pánico… Desde París mi pánico es permanente. No, bajo este cielo que me fuerza a un monólogo infinito. No, bajo este cielo que exige un acto de contrición y de fe en lo que veo. He visto a Santos, obligado a perdonar para poder perdonarse. He visto la oscuridad del amor y la fuerza del deseo transitar por estas calles. He visto lo insondable del corazón absorto en la soledad de mis delirios. Mordí el corazón de un pájaro… Pero mi alma mira. Mira hacia delante. Hoy con Laoda y mañana en otros ojos. La magia de la vida es el encuentro. El encuentro nos mueve. Nos posiciona… Nos acerca. Quisiera hablar con este hombre. Su sonrisa invita. El alma de la fotografía es el encuentro. El retrato es un enfrentamiento. Modelo y fotógrafo sostienen siempre un singular pulso donde el modelo Un enfrentamiento que vivo con una mirada frontal. Una mirada de púgil. Un desafío: la presión de lo indecible que quiere ser dicho. No puedo tener una mirada inocente. Mi intención nunca es honesta. Poseer presencias me excita. Me alimenta. En esos momentos ni yo me conozco. Un juego masoquista, atrapar mi suspiro en la foto. Jugar con el exceso de ver y de verme… Delimito el espacio. Mirar por la cámara protegiéndome y encerrándome por fin en mí mismo. Tras la cámara me convierto en un cíclope. La toma fotográfica me lleva al trance… ¡Ah! ¡Cazar el momento! Sí, poseer con malicia. Intencionadamente. Me muevo en la noche intentando iluminar mi sombra. Si ayer fotografiaba silencios, hoy fotografío mi propia voz. Este viaje tejido sobre una memoria de luces, destellos, ilusiones ópticas, Una vez más una convulsión me agita… La tensión de un anhelo eternamente insatisfecho conduce mis ojos. Los detiene… Sombras rotas… Letras chinas… Fundido en ellas redimo los reproches del destino… Un ajuste de cuentas: 214 x 1 = 317. Camino bajo farolillos rojos... Nietzsche dijo que no hay mundo sin espejo. La escenografía visible de un sentimiento al compás de mis emociones. Hoy tengo la conciencia de que una forma de ver es una forma de ser. Soy fotógrafo. La fotografía es el espacio donde imaginarme. En la fotografía, destino y presente sueñan en el latir de un fragmento de tiempo, Un permanente pasado… No hay retorno posible. Con las fotografías un mar de recuerdos se despierta. Fotos y más fotos que dejan tras de sí un eco. El eco de mis pasos. La fotografía es un certificado de presencia... De ausencia. La fotografía es iconografía de muerte. Está en su naturaleza. Ciertamente en la fotografía hay un elemento fatalista. En cien años todos calvos. Quiero decir que una colección de retratados La fotografía es un poderoso médium. Nos lleva al otro lado de la vida. Al otro lado de la vida... De donde no se vuelve.
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