Exposiciones

Mascaró en Silos


imagen de Mascaró. Cultural Object nº 66
Cultural Object nº 66. 2008.
Cristal, estaño,hierro, resina y madera
1×0,50×0,50 m. colec. particular

Fecha: 27 de febrero - 4 de mayo de 2008
Lugar: Abadía del Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos)
Comisariado:Francisco Carpio


La Abadía del Monasterio de Santo Domingo de Silos acoge en sus salas, del 27 de febrero al 4 de mayo de 2008, la exposición Mascaró en Silos.

Este singular espacio, con un centenario aire benedictino impregnando cada una de sus piedras, con la música de los cantos gregorianos rebotando en los capiteles de su espléndido claustro, con la vegetal espiritualidad de su ciprés uniendo tierra y cielo, y con el olor, el color y el sabor sacralizado de un tiempo pretérito que sigue dando sentido al tiempo presente, es sin duda un lugar –especial y espacialmente- idóneo para albergar la personal, atemporal y espiritual obra de este escultor. Xavier Mascaró, nacido en París en 1965 y licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona en 1988, es poseedor de una trayectoria escultórica todavía joven en años, pèro fecunda, y cuajada de numerosas experiencias, obras y exposiciones, tanto nacionales como de ámbito internacional. La calidad, diversidad y singularidad de sus esculturas, dibujos, instalaciones y escenografías le convierten en uno de los artistas españoles más importantes de nuestro panorama artístico actual.

Aunque su carrera se inicia, a finales de los ochenta, dentro del ámbito de la pintura, muy pronto irá trasladando sus intereses plásticos al territorio volumétrico y espacial de la escultura. La vocación de “arrancar una presencia al vacío”, tal como lo expresó Giacometti, le iba a llevar finalmente, a mediados de la década de los noventa, al encuentro con el mundo de lo tridimensional.

Inicialmente, el material elegido para dar cuerpo a sus obras sería el hierro fundido, como podemos comprobar en buena parte de las piezas que componene esta muestra. Un material noble y milenario, al que ha sabido convertir en fuente de nuevas soluciones escultóricas, y que le hace inscribirse de pleno derecho en una tradición netamente española, compartiendo genealogía con otros escultores como Julio González, Oteiza, Chillida, Serrano y Chirino, o más recientemente, Cristina Iglesias, Juan Muñoz y Susana Solano, al tiempo que mantiene su lenguaje personal.

Más adelante incorporará también a sus obras, entre ellas algunas de las ahora expuestas, nuevos elementos y procedimientos, como piedra, cerámica, resinas, vidrio, bronce, textiles, yeso, estaño, fibra, e incluso vídeo, ampliando así los registros de su sintaxis escultórica.

imagen de Mascaró. Nave: Departure
Nave: Departure, 2007. Hierro y tela
2×4,20×1,20 m. Colec. particular

La obra de Xavier Mascaró es muy diversa y difícilmente clasificable. La rotundidad visual y conceptual, el frecuente trabajo en series temáticas, el uso a menudo de grandes volúmenes, la ocupación y delimitación del espacio en sus llenos y en sus vacíos, la plasmación plástica de formas y masas en continua tensión, la existencia de una fuerte carga simbólica, la gran diversidad de elementos iconográficos que pueblan sus esculturas (animales, dragones, saurios fantásticos, barcas, yelmos, armaduras, huellas de tauromaquias, cruces, manos, objetos de estirpe religiosa, corazones, cabezas, extrañas máquinas, cuerpos atrapados…), la presencia de una ausencia (la de la figura humana), que en los últimos años ha remitido, convirtiéndose en la presencia de una presencia…, la versatilidad de los materiales empleados, la reflexión entre naturaleza y cultura, e incluso un cierto hálito narrativo y argumental que acaba adquiriendo puros tintes escenográficos, son algunos de los rasgos con los que construye una obra escultórica muy personal y característica.

El tiempo –“gran escultor”, como bien supo verlo Marguerite Yourcenaur- habita y da sentido igualmente a sus esculturas. Un tiempo que ocupa un doble registro: universal y personal, pasado y futuro. En palabras de Francisco Carpio, comisario de la muestra: “hay en sus obras, en las criaturas, instrumentos y signos que las constituyen, un aroma mítico y ancestral, un sabor –ácido y lijoso, como el del hierro viejo- a vestigio histórico, a tiempo pasado: caballos (de Troya o enjaezados para justas medievales), dragones metamorfoseados en verracos, barcos semivarados, ropajes-armaduras, arquitecturas fantasmales…Y, sin embargo, pese a esas iconografías pretéritas o anacrónicas, estas obras escenifican también las plausibles huellas de futuras arqueologías postindustriales, y de la infancia . Formas, pues, ambivalentes, polos tensionados –y circulares- de un tiempo pasado y colectivo, y a la vez, futuro y personal.”

La exposición Mascaró en Silos, que ha sido concebida casi en su totalidad especialmente para esta ocasión, consta de un total de 11 esculturas de diferentes formatos y materiales, y cuatro dibujos. El catálogo contiene un texto general del comisario, Francisco Carpio, así como una conversación entre éste y Xavier Mascaró