Lucio Muñoz en Silos Fecha: 17 de mayo - 6 de agosto de 2006 La exposición que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía presenta en la Abadía de Santo Domingo de Silos consta de 13 tablas de técnica mixta realizadas entre 1994 y 1996 por el artista. Las obras elegidas por el comisario, hijo del pintor, se adecuan perfectamente a ese espacio. Son trabajos realizados con madera desnuda, “equilibrados, nobles, profundos y misteriosos en donde el diálogo con la piedra y la magia del lugar será magnífico”, explica Rodrigo Muñoz. Las obras que se muestran parecen altares (mesopotámicos, cristianos u orientales) y a decir del comisario, representan lo mejor del Lucio Muñoz de los noventa, y lo más sabio de su pintura, lo más desnudo, lo más puro. Es el final de un camino de muchos años hacia esa simplicidad y esa luminosidad y desnudez. Todos las obras pertenecen a la colección familiar, en cambio –asegura el comisario- parece que fueron pintadas para ser contempladas en un entorno como es la abadía del Monasterio. “pocas exposiciones podrían haber hecho más ilusión a mi padre que esta”. A pesar de que Lucio Muñoz hizo alusión en varias ocasiones a su agnosticismo, hay en sus trabajos según Muñoz Avia, una evidente vibración espiritual y también algunos episodios en los que su obra, por unos motivos o por otros, pero sin dejar nunca de ser coherente con su trayectoria, se acerca de manera más explícita a la religión y en concreto a la iconografía del cristianismo. Los casos más significativos los constituyen el espectacular mural de 620 metros cuadrados del Santuario de la Basílica de Aranzazu en Guipúzcoa, y el del tríptico Golgota de casi cinco metros perteneciente al Museo de Bellas Artes de Bilbao, y que fue premiado en 1964 con la Medalla de Oro de la Bienal de Arte Sacro de Salzburgo. Al margen de estos importantes y singulares episodios, hay que fijarse, según el comisario de la muestra, en algo que atraviesa toda la pintura de Lucio Muñoz, quizá de manera menos evidente, pero que en última instancia la conforma desde dentro de una manera profunda. “Se trata de la presencia del misterio en su pintura, y también en cierto modo de trascendencia”. A Lucio Muñoz le preocupaban sobremanera las preguntas esenciales que todo hombre se hace y para las que no tiene respuestas. A la manera de Unamuno, Lucio Muñoz necesitaba creer, pero la razón le impedía hacerlo en los límites de una confesión cualquiera, por eso su pintura es una apuesta por la trascendencia, según Muñoz Avia. Sus obras son una especie de intermediarias con algo que no llega a ver, pero que pretende adivinar, desvelar, comprender. Pintar fue para él una manera de aproximación a la trascendencia, cuyo temblor, continúa su hijo, “creyó sentir siempre en el bosque, en el mar, en la montaña, en los animales, en la música, en el amor. El comisario de la muestra ha tratado de hacer una selección de cuadros tal y como la habría hecho el propio artista. Por eso ha elegido obras de los años 94, 95 y 96 “sabias, equilibradas, despojadas y contundentes”, que resisten con entereza y serenidad el diálogo con la piedra de Silos, con el románico del claustro, con las resonancias culturales del ciprés. Estos cuadros ”parece que fueron pintados para un entorno así”. Con motivo de la exposición se ha publicado un catálogo con un testo del comisario e hijo del artista, Rodrigo Muñoz Avia, una biografía y fotografías de todas las obras expuestas. |