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Untitled (Subway Passengers, New York) (Sin título [Pasajeros del suburbano, Nueva York])

  • Walker Evans Saint Louis, Misuri, EE.UU., 1903 - New Haven, Connecticut, EE.UU., 1975
  • Fecha: 
    1938-1941
  • Técnica: 
    Gelatinobromuro de plata sobre papel
  • Dimensiones: 
    10,7 x 15,3 cm
  • Categoría: 
    Fotografía
  • Año de ingreso: 
    2014
  • Nº de registro: 
    DO02044
  • Depósito Colección Sandra Álvarez de Toledo, París, 2014

En 1938 Walker Evans presentó en el MoMA una exposición de un centenar de fotografías acompañada de la publicación del libro American Photographs, lo que le valió la consolidación tanto de su estilo como de su prestigio. A partir de la crítica que recibió en esta exposición, Evans comenzó a cuestionarse el éxito y reconocimiento, ya que el fotógrafo veía con recelo la acogida de instituciones oficiales como la Farm Security Administration o el MoMA. Pionero de un sencillo estilo documental, Evans se lanzó, a partir de 1938, a un proyecto que había contemplado años antes: el de la serie de retratos de pasajeros del suburbano de Nueva York, que realizó hasta 1941. El logro principal de esta serie radica en la metodología y en el marco conceptual que lo define. Con una cámara de 35mm -que llevaba oculta debajo de su abrigo, con la lente asomando entre los botones- crea unas composiciones que solo dependen del azar y la intuición y en las que renuncia al encuadre e iluminación y al uso del flash, que podría alertar a los retratados. Lo único que controla es el momento en que dispara. Este método, que llevó a cabo en compañía de su amiga Helen Levitt, le supuso un desafío técnico y le obligaba a volverse invisible para que sus modelos no se sintieran cohibidos con la presencia del fotógrafo. El papel de la casualidad y del azar en la práctica fotográfica fue tema de discusión desde la invención de las cámaras portátiles al comienzo del siglo XX. Con la proliferación de la fotografía espontánea en los años treinta y la evolución de las cámaras de pequeño formato, Evans experimentó, con esta serie, el potencial y eficacia de la intuición en la fotografía, que no sería reconocida hasta los años cincuenta. Eligió como escenario el metro, uno de los símbolos de los años treinta, que no solo nivelaba la sociedad, sino que también neutralizaba al individuo. Perdidos en sus pensamientos, los pasajeros del metropolitano se mostraban tal y como eran, sin la máscara ni la artificialidad inherente en otros tipos de retratos, lo que satisfizo su intento de crear un registro objetivo y espontáneo de personas anónimas -y sus emociones-, en su rutina cotidiana.

Salvador Nadales

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