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  • Fecha: 
    1948
  • Técnica: 
    Tinta y acuarela sobre papel
  • Dimensiones: 
    Soporte: 46 x 30 cm
  • Categoría: 
    Obra sobre papel, Dibujo
  • Año de ingreso: 
    2009
  • Nº de registro: 
    AD05267
  • Expuesto en:
La radicalidad de la obra del belga Henri Michaux nació en un contexto marcado por las corrientes de pensamiento existencialista y fenomenológico que se desarrollaron en el París de posguerra. Poeta y pintor, entre sus referentes figuran el primer surrealismo, inspirado en el texto «Les champs magnétiques» de Philippe Soupault y André Breton, y la pintura de Joan Miró. Investigador de las culturas no occidentales, del arte primitivo y del efecto de las sustancias alucinógenas, Michaux elabora una reflexión sobre la conciencia de la existencia y el flujo del tiempo. Así, alejándose del significado de las palabras, dejando fluir libremente los gestos de la mano al modo del automatismo surrealista, sus obras presentan trazos que el artista considera bien ritmos, signos o ideogramas o, como en esta obra, composiciones-manchas que parecen transparentar visiones de la realidad, figuras humanas o rostros. Michaux hace uso de la acuarela en pos de una ejecución rápida, concentrada e intensa, que evoluciona en los años sesenta hacia la abstracción, reiterando la expresión de estados mentales que analiza y describe en sus ensayos. Responde al intento de la pintura de dar respuestas al callejón sin salida del momento histórico desde nuevas herramientas como la invención de nuevas caligrafías, la indagación en lo informe o la redefinición de la representación del cuerpo humano. La obra de Michaux, como artista independiente, no vinculado a movimiento o grupo alguno, ayuda a redefinir el paradigma de la abstracción europea de la inmediata posguerra.

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