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Retrato de Gala con turbante

  • Fecha: 
    1939
  • Técnica: 
    Óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 
    56 x 50 cm
  • Categoría: 
    Pintura
  • Año de ingreso: 
    1990
  • Nº de registro: 
    AS11145
  • Legado Salvador Dalí, 1990

Enigmática, elegante, culta y libre de mente y de actitud, Elena Ivanovna Diakonovan -verdadero nombre de la rusa Gala Dalí- fue sobre todo compañera inseparable y musa del pintor. Encarnación del concepto de mujer surrealista, fue tachada de manipuladora por algunos de los biógrafos de Salvador Dalí, mientras que otros estudios posteriores han visto en ella la «primera heroína posmoderna», defensora silenciosa, con su vida y con sus hechos, de la igualdad para el sexo femenino. Salvador Dalí evocaba el momento de su encuentro con Gala en su obra autobiográfica Confesiones inconfesables (Bruguera, 1975): «Acababa de encontrar mi alma gemela. […] Gala me oyó. Me adoptó. Fui su recién nacido, su niño, su hijo, su amante -el hombre a amar-, me abrió el cielo y los dos nos sentamos en las nubes, lejos del mundo». Y aún más: «Quiero a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, que a Picasso e incluso más que al dinero». Dalí demostró esa devoción por Gala pintándola una y otra vez, y no sólo eso, sino que además firmó sus obras añadiendo el nombre de la amada al suyo propio. La esposa adopta sobre el lienzo los diferentes roles que desempeña asimismo en la relación con su esposo en obras como L'Angélus de Gala (El Ángelus de Gala, 1935, Museum of Modern Art, Nueva York) One Second Before the Awakening from a Dream Provoked by the Flight of a Bee Around a Pomegranate (Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar, 1944, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid). En este retrato del Museo Reina Sofía, Gala se erige en protagonista absoluta de la obra, recortándose su rostro contra un fondo negro, totalmente neutro, carente de cualquier motivo que pudiera distraer al espectador de la contemplación de la verdadera heroína de la escena. En esta ocasión, sus ojos vigilantes parecen dispuestos a detectar cualquier posible peligro que amenazara a Dalí.

Paloma Esteban Leal

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