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Niños y plantas

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  • Ángeles Santos Portbou, Gerona (Girona), España, 1911 - Madrid, España, 2013
  • Fecha: 
    1930
  • Técnica: 
    Óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 
    141 x 126 cm
  • Categoría: 
    Pintura
  • Año de ingreso: 
    2013
  • Nº de registro: 
    DO01928
  • Depósito temporal Colección Ángeles Santos Torroella y Julián Grau Santos, 2013
  • Expuesto en:
Juan Ramón Jiménez, uno de los intelectuales a quien impresionó profundamente Un mundo (1929), de Ángeles Santos, describió como sigue sus impresiones sobre la pintora en su volumen Españoles de tres mundos. Viejo mundo, nuevo mundo, otro mundo. Caricatura lírica (1914-1940): «Alguno se acerca curioso a un lienzo y mira por un ojo y ve a Ángeles Santos corriendo gris y descalza orilla del río. Se pone hojas verdes en los ojos, le tira agua al sol, carbón a la luna. Huye, viene, va. De pronto, sus ojos se ponen en los ojos de las máscaras pegados a los nuestros. Y mira, la miramos. Mira sin saber a quién. La miramos. Mira». El poeta capta magistralmente en este fragmento la esencia de las composiciones de la artista: el misterio y la magia que se desprende de la mayoría de las escenas que Santos realiza desde finales de la década de los veinte a los primeros años treinta del pasado siglo. En Niños y plantas (1930) son dos los personajes con los que se enfrenta el espectador, un muchacho totalmente desnudo y una joven que, por el contrario, se muestra cubierta. En las manos de ambos, una rama y una flor parecen surgir como prolongación de las propias extremidades, cuyo tamaño ha sido deliberadamente exagerado por la pintora, ya que, según sus propias declaraciones, los pintó «con las manos y pies enormes pues quería que fuesen como árboles y plantas». En esta inquietante composición, cuya modelo femenina es una mendiga a la que Santos retrató también en otros de sus cuadros, resulta evidente la simbología sexual, lo que propició un sonoro escándalo en Valladolid al ser descubiertos los dos jóvenes mientras posaban. Una vez más, como en otras ocasiones relacionadas con sus creaciones de esta época, la pintora se ve aquí envuelta en las constantes contradicciones generadas por su afán de modernidad frente al ambiente provinciano en el que tiene lugar su día a día. Todo ello iba a desembocar en el conocido episodio de su internamiento en un sanatorio, a instancias de su familia, y a causa de lo que sus biógrafos han denominado «crisis de carácter».

Paloma Esteban Leal

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