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Le bock (La jarra)

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  • Diego Rivera Guanajuato, México, 1886 - Ciudad de México, México, 1957
  • Fecha: 
    1917
  • Técnica: 
    Óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 
    27 x 22 cm
  • Categoría: 
    Pintura
  • Año de ingreso: 
    1999
  • Nº de registro: 
    AD01132
  • Expuesto en:
Gracias a la concesión de una bolsa de estudios, Diego Rivera viaja a Europa en 1907. Tras una estancia inicial en Madrid, se instala en París, donde contacta con los principales representantes de la vanguardia plástica. Pocos años más tarde, debido al ambiente prebélico, Rivera se traslada a España, al igual que, por idénticos motivos, lo harían otros artistas entonces residentes en la capital francesa. El período de su trayectoria centrado en la praxis cubista se desarrolla en buena parte durante su estancia en territorio español, aunque las premisas y la ideología pictórica de este tipo de obras se habían gestado previamente, ante la contemplación y el análisis de las creaciones de los más importantes artífices del cubismo: Picasso, Braque y Juan Gris. Rivera pasa casi de puntillas por la fase analítica del movimiento cubista, adhiriéndose más bien a los supuestos del cubismo sintético, en el que se introduce una selección iconográfica de las representaciones anteriores con el fin de hacer más legible el motivo. En este contexto, resulta destacable su preferencia por las tonalidades vivas, en detrimento de los típicos colores «apagados» propuestos por Picasso y Braque. De hecho las coloraciones encendidas estuvieron ya presentes en algunas de las más conseguidas composiciones cubistas de Juan Gris, en concreto las realizadas en el año 1915 -presididas por la brillante Nature morte et paysage, Place Ravignan (Naturaleza muerta y paisaje, Place Ravignan), perteneciente al Philadelphia Museum of Art-, pero esas vibrantes composiciones han pasado casi inadvertidas prácticamente hasta nuestros días, ocupando un segundo plano tras las más sombrías naturalezas muertas de su autor. La pintura de Rivera Le bock (La jarra, 1917) constituye, por el contrario, un estallido de color, con sus intensas tonalidades azules y anaranjadas, que encuentran el contrapunto en las pequeñas zonas resueltas en clave puntillista, asimismo homenaje del artista mexicano a la personal factura cubista de Juan Gris.

Paloma Esteban Leal

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