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El lienzo Paysage (Paysage au coq), de Joan Miró, perteneciente a la Fondation Beyeler de Riehen/Basel (Basilea), visita el Museo Reina Sofía

Joan Miró. Paysage (Paysage au coq) [Paisaje (Paisaje con gallo)], 1927. Óleo sobre lienzo 131 x 196,5 cm Fondation Beyeler, Riehen/Basel (Basilea) Beyeler collection Photo : Robert Bayer, Basel
Joan Miró. Paysage (Paysage au coq) [Paisaje (Paisaje con gallo)], 1927. Óleo sobre lienzo 131 x 196,5 cm Fondation Beyeler, Riehen/Basel (Basilea) Beyeler collection Photo : Robert Bayer, Basel

El Museo Reina Sofía y la Fondation Beyeler de Riehen/Basel (Basilea), vienen desarrollando en los últimos años una fructífera política de colaboración que ha contribuido, entre otros logros, a la realización de importantes exposiciones temporales organizadas por ambas instituciones. En esta ocasión, el Museo Reina Sofía tiene la satisfacción de presentar la magnífica pintura de Joan Miró Paysage (Paysage au coq) (Paisaje [Paisaje con gallo],1927; óleo sobre lienzo; 131 x 196,5 cm), generosamente cedida en préstamo hasta septiembre por esta prestigiosa fundación suiza.

En 1911, cuando contaba dieciocho años, Joan Miró pasa un periodo de convalecencia en la masía que poseían sus padres en Mont-roig, una población cercana a Tarragona, a la que regresará posteriormente en numerosas ocasiones. Allí, el contacto directo con la naturaleza iba a determinar la mayor parte de sus primeras creaciones, sirviendo asimismo como punto de partida para la madurez de su estilo. El propio Miró reconocía sus fuertes vínculos con la campiña catalana y sus pobladores casi veinte años después, cuando ya instalado en la capital francesa, aseguraba en una entrevista: «Yo soy mucho más feliz con los agricultores de Mont-roig que [...] entre las duquesas en grandes palacios en París». (F. Trabal: «Una conversa amb Joan Miró». La Publicitat, 14 julio 1928). El resultado de su proximidad a la tierra y al paisaje catalanes sería la creación de un conjunto de obras, entre las que destaca La masía (1921-22, National Gallery of Art, Washington), emblemática pintura considerada la obra clave del denominado «periodo detallista» de su autor.

Durante el bienio 1924-25, la minuciosidad con que Miró parece diseccionar cada uno de los elementos del paisaje y el paisanaje, se transmuta en símbolos próximos a la abstracción, emblemas, a su vez, del nacionalismo catalán. En 1926, en una nueva vuelta de tuerca, el pintor imprime otro giro a sus representaciones inspiradas en Mont-roig, surgiendo así los denominados «paisajes animados», en los que la técnica surrealista del automatismo desempeña ya un destacado papel. En estas realizaciones, cuyo ejemplo más conocido es el popular Perro ladrando a la luna (1926, Philadelphia Museum of Art, Filadelfia), utilizando como apoyo otra técnica surrealista, la desorientación reflexiva, Miró introduce animales que hacen referencia a la vida rural catalana junto a objetos aparentemente extraños. Así, la liebre protagonista del lienzo de título homónimo (1927, Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York) aparece junto a una esfera, y el can de Perro ladrando a la luna está situado al lado de una escalera, lo que también ocurre en Paysage (Paysage au coq). Las formas, ya muy simplificadas, se recortan en estas composiciones contra extensos y jugosos campos de color, identificados con la contraposición cielo/tierra.

En Paysage (Paysage au coq) se advierten todos los constantes de este interesante grupo de pinturas conocidas como «paisajes animados», cuya realización se limita sólo a los años 1926 y 1927, lo que indudablemente incrementa su interés. Una escalera -la escala de la evasión- que, por efecto de la perspectiva, va estrechándose a medida que se eleva, parece penetrar misteriosamente en el cielo, combinando así lo terrenal y lo celestial, a la vez que actúa como potente eje de la composición. El gallo protagonista vuela o canta –o quizá ambas cosas- a la derecha del lienzo, mientras bajo su figura aparece inscrita la letra «E», en posible alusión a España, rememorada y añorada por Miró desde suelo francés. El resto de los objetos -una extraña rueda, una no menos extraña nube y algunas piedras diseminadas por la tierra rojiza- compiten entre sí para proporcionar un aire de alucinación y misterio a la escena. Tal como aseguran los responsables de la Fondation Beyeler, propietarios de esta espléndida pieza, al contemplarla […] «nos sentimos atraídos hacia las profundidades de los recuerdos de la infancia, un tema surrealista por el que Freud ya se había interesado».

A pesar de que el Museo Reina Sofía cuenta entre sus fondos con una amplia representación de pinturas de Joan Miró (cincuenta y cinco en total), la mayoría de ellas se adscriben al último periodo de su autor, siendo reducidos los ejemplos de pinturas datadas en la segunda mitad de la década de 1920, y de ellas, ninguna perteneciente al grupo de los «paisajes animados». Consecuentemente, la exhibición de la pieza generosamente cedida ahora en préstamo por la Fondation Beyeler, Paysage (Paysage au coq), se considera de un gran interés en el contexto de la Colección, tanto por tratarse de una obra clave desde el punto de vista artístico e histórico, como por venir a completar una faceta esencial en la trayectoria de Miró hasta ahora no representada en la institución.

Paloma Esteban Leal,
Conservadora Jefe del Departamento de Pintura y Dibujo 1881-1939

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