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Alberto Greco encarna la precipitación del arte en la vida en la década de los sesenta. Llega a España tras unos inicios informalistas en su Argentina natal y un recorrido por Europa. Su cuestionamiento de los límites entre arte y vida y la reivindicación de la mera actitud vital del artista en la significación de la obra de arte supone una alternativa radical a los discursos que en ese momento dominan el panorama artístico de nuestro país. |
Información de sala |
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| Antonio Saura. Bailaora, 1954 | Alberto Greco. Cuando calienta el sol..., 1963 | Alberto Greco. Vivo-Dito, Madrid, 1963 |